Héroes y villanos
Batalla venía cumpliendo, pero el gol de Tevez en el 2-2 fue todo suyo. Mina, también responsable (Foto: River Plate Oficial).

Un Superclásico vibrante. Emocionante. Cambiante. Un espectáculo que estuvo a la altura de las circunstancias, pero para verlo de forma imparcial. Porque para River, perder con cuatro goles de Boca en pleno Monumental y desnundando todas sus miserias futbolísticas en este partido, fue un mazazo. Se viene la final de la Copa Argentina, a 90 minutos de otro título y obtener un pasaje a la Copa Libertadores (cosa que el Xeneize ya no podrá). Sin embargo, una caída así no puede pasar por alto.

La defensa de River padeció horrores. Arturo Mina jugó su peor partido desde que está en La Banda, se notó que Jonatan Maidana estuvo más de un mes sin jugar y el juvenil Luis Olivera alternó buenas y malas, pero lo dejaron expuesto. Jorge Moreira dio una asistencia, pero en la marca estuvo flojísimo. Pero vamos a hacer un párrafo aparte para destacar la tarea del arquero, de Augusto Batalla.

En su primer Superclásico y aún con la mochila de reemplazar a a Marcelo Barovero, el 1 tuvo temple y personalidad. A los pocos minutos, le tapó un mano a mano a Cristian Pavón. Poco para hacer en el tanto de Walter Bou. En el segundo tiempo, con River ganando 2-1, volvió a ahogarle un grito de gol a Pavón, bien ubicado. No obstante, cuando D´Alessandro ya no estaba en cancha, llegó la jugada fatídica,  en la cual salió del área le erró en el cálculo y Carlos Tevez, con el arco en su merdec, puso el 2-2 parcial. Ahí fue el momento en el cuál el Millo se desesperó y terminó perdiendo. En el otro gol de Tevez (al ángulo) y en el de Centurión (River regalado atrás), sólo pudo observar. El yerro opacó lo que hubiera sido un gran debut.

Una cadena de errores: no liquidarlo (moneda frecuente en el torneo), no aguantarlo y no disponer de recambio que solucionen problemas.

También Lucas Alario tiene lugar en este artículo. El Flaco, que tenía una malaria ante Boca, pudo romper su sequía superclásica tras aprovechar ese gran centro del paraguayo Moreira y poner de cabeza el 2-1 parcial, en un grito de desahogo. Con este tanto, llegó a los 27 tantos en River, siendo el máximo artillero del ciclo Gallardo, junto a Rodrigo Mora. No obstante, el ex Colón tuvo una chance clarísima, debajo del arco, cuando nacía el ST, que inexlplicablemente malogró.Lo que hubiera significado no liquidar, pero sí manejar el partido con otro ritmo. Tuvo otra ocasión, de cabeza, desviada también. Poco se le puede reprochar al delantero que, en este semestre, lleva 10 tantos, y 19 en lo que va de 2016. Aunque no es un detalle menor que, en cuanto a nivel de juego, su rendimiento no es el mismo que el de la temporada pasada. Los goles perdidos explicaron luego la derrota.

Por último, Marcelo Gallardo. El Muñeco, el que le devolvió el prestigio internacional a River, el que logró eliminar dos veces en seis meses a Boca y quien fuera ovacionado por la gente antes del encuentro, pecó una vez más. Hizo bien en poner a su principal artillería, por lo que representa un Superclásico y para no perder tanto terreno en el campeonato. Su equipo tuvo un acto de rebeldía tras el gol tempranero de Bou y lo dio vuelta. Y en el segundo tiempo, salió con la misma intensidad, pero cometió un error fatal: sacar de la cancha al mejor jugador, el que maejaba los hilos del equipo, el conductor (¿pensando en Central apresuradamente?). No se notaba que el Cabezón acusara molestias físicas, y River estaba en plan de ataque para convertir el tercer gol. Entró Iván Rossi, que no solucionó el tema de la contención en el mediocampo. Si bien el 22 no está para 90 minutos en alto nivel, su salida significó que el local perdiera su brújula y su referencia para jugar. Y Boca lo aprovechó al máximo.

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