"Kun" Agüero, dueño del clásico
Aguero celebra de cara a la hinchada de Independiente, abrazado por César "Picante" Pereyra.

"Kun" Agüero, dueño del clásico

Un 25 de febrero pero de 2006, Racing e Independiente protagonizaban un clásico del que se esperaba poco: ambos llegaban con muchos problemas. Dos golazos de un joven de 17 años sentenciaron la tarde.

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Alan Alberdi

Fernando Quiróz renunció a la conducción técnica de Racing, y de inmediato Fernando Marín le ofreció el puesto a Diego Pablo Simeone. Por aquel entonces, se trataba del jugador con más presencias en la Selección Argentina, quien había llegado a Avellaneda para vestir los colores que amaba. Si bien era jugador, siempre tuvo alma de entrenador: hizo gala de su pasión, liderazgo, compromiso y sacrificio. Por eso no dudó en aceptar. La única condición era que le den tres semanas para poder despedirse como jugador en el clásico ante Independiente. Debía debutar en su nueva función ante Olimpo de Bahía Blanca, pero la situación no dio para más -cuatro derrotas y un empate- y "El Cholo" debió apurar los planes para decir adiós a una carrera y comenzar otra. El clásico era su primer partido como DT.

En la otra vereda, Julio Falcioni llegaba con algunas críticas tras dos derrotas consecutivas. Independiente había salido 4° en el torneo anterior, pero el estilo conservador generaba dudas en el hincha. Así las cosas, del clásico se esperaba poco. El empate le venía bien a los dos para calmar las aguas.

Racing salió a la cancha con Gustavo Campaguolo en el arco; línea de cuatro con Menghi-Cabral-Úbeda-Schaffer; Mirosevic, De la Fuente, "Chirola" Romero y Fileppi en la mitad de la cancha. El chileno Villanueva y Pablo González en la dupla ofensiva.

Independiente, con un claro 4-4-2: Ustari; Lorgio Álvarez, Marcelo Méndez, Fernando Cáceres y Eduardo Domínguez; Machín, Herrón, Biglia y Bujan; Aguero y Bustos Montoya.

El partido era aburrido, pasaba poco. Pero en el segundo tiempo, Aguero, con apenas 17 años, demostraría porque al final de ese mismo torneo sería vendido en cifras millonarias al Atlético Madrid, club del cual Simeone era y es una leyenda. Primero, un zurdazo de afuera del área, y apenas unos minutos más tarde, gambetas y frenos ante la marca de Campagnuolo y los defensores. En un abrir y cerrar de ojos, Agüero puso a Independiente con dos goles de ventaja. Sólo en su habilidad podía explicarse aquel resultado.

El partido debió detenerse por incidentes en la platea de Racing. Los hinchas apuntaban a Fernando Marín como el gran responsable de la crisis que vivía el club. En un duelo de equipos con poco nombre, Simeone iniciaba su gran carrera con derrota en un clásico. Y Aguero, el gran protagonista, se ganó los elogios de todo el mundo. Apenas unos meses antes, en un 4-0 jugado en la Doble Visera, había marcado un golazo para el recuerdo tras arrancar desde mitad de cancha. Ahora lo confirmaba: era el dueño de Avellaneda, y estaba a otro nivel.

 

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