No se necesita un hincha, se necesita un técnico
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Por más que sintamos amor por un color, una camiseta, un equipo o una afición, no es justo que eso nos obstruya la labor que debemos hacer, y eso es lo que en estos momentos le pasa a Lunari.

Muchos recuerdan a ese mono quien con solo 10 goles en 36 partidos se ganó el corazón de una hinchada que hizo lo posible para que este argentino se quedara una temporada más pero era tal la crisis que no fue posible.

19 años después, esta misma persona, en la piel de entrenador de Millonarios, está entre la espada y la pared debido a los terribles resultados en sus seis meses en el banquillo azul.

Desde el 13 de septiembre de 2014 hasta el pasado sábado 7 de marzo de 2015 han sido seis victorias (todas contra Patriotas dos veces, Alianza, Fortaleza, Cortuluá, Cúcuta y Fortaleza), nueve derrotas y tres empates, con 26 goles a favor y 30 anotaciones en contra.

De esas nueve caídas, cinco fueron por goleadas que no son solo escandalosas sino humillantes ya que fueron contra los equipos tradicionales como Santa Fe, Medellín y Cali (dos veces), y además contra el siguiente rival, Águilas Doradas, quien también hizo su festín al aplastarlos por 4-2 en Pereira.

Acá he hecho de hacer un recuento de los problemas que ha tenido el mono para conformar un equipo sólido y estable que sea capaz de mantener un nivel de juego claro y preciso.

Nómina pésima y corta futbolísticamente

La defensa sigue con los problemas del año pasado al no marcar y tampoco cumplir con la tarea básica de la posición. Las laterales son inexistentes cuando se les necesita en la zona posterior y los centrales son vencidos fácilmente. Los refuerzos que se supone eran los llamados a corregir todo esto solo quedaron en palabras vacías que, al igual que su juego, se los llevó el viento.

En la zona de contención sigue faltando ese volante de marca neto que sea capaz de pararse en la raya y cortar cada balón que se le aparezca. Vargas y Silva son buenos pero no para lo que se espera de ellos, tanto así que su nivel no es el esperado (Se te extraña, Yhonny).

Fernando Uribe se volvió un goleador con este club, pero si su compañero es alguien que solo funciona las primeras jornadas del campeonato es muy complicado encontrar la segunda llave de gol, y ni qué decir de la contratación argentina que cada vez que ingresa pierde las oportunidades que quiera y de quien solo esperó que sea como Cosme en 2012 (ocho desperdicios para anotar una por partido).

Si eso fue la titular, la suplente es peor. Solo imagínese caer contra el peor equipo de la segunda división del fútbol colombiano. Con eso le digo todo.

Pecar por tener mano suave

Los argentinos se caracterizan por ser personas de carácter y que a cada momento piden dar mucho más de lo que se espera (Gustavo Costas es el ejemplo más claro de eso), pero curiosamente con este personaje no ocurre eso.

Por más que se coloque en la raya lateral los brazos cruzados y dando una que otra indicación, que nunca son acertadas, se ve una persona sin capacidad de ponerle ánimos o como decimos vulgarmente; 'ponerle huevos'. Le recomendaría a Lunari cambiar las gafas que usa para ver los partidos desde el banco de suplentes por unas de mayor aumento para observar con más detalle los errores de su equipo.

Aun no quiero creer que sus dirigidos estén planeando ‘hacerle la cama’ aunque con una nómina tan cara y con mayor nivel que otras es impensado lo que está pasando.

Poca experiencia, muchos problemas

Cuando Diego Simeone llegó al Atlético de Madrid para sacarlo de la crisis en la que estaba fue señalado como un técnico primerizo pero con experiencia necesario para pasar ese filtro que necesitaba el cuadro español, y el resultado ya lo conocemos el mundo entero.

Al irse Juan Manuel Lillo por la puerta de atrás, la hinchada pidió alguien con corazón por la institución, un foráneo que sintiera la misma pasión por ellos y que entendiera lo que significa esta institución.

La dirigencia tuvo una de sus ‘brillantes ideas’ y llamó, entre una lista que contaba con Reinaldo Rueda, Leonel Álvarez, Ángel Cappa y demás, a Ricardo Lunari, el ídolo del ’96 que mantenía el amor por la afición pese a los años y su paso fugaz pero quien su carrera como entrenador no tuvo nada relevante desde 2008 en los clubes por los que pasó.

Su recibimiento no pudo ser otro que ser goleado por Santa Fe por 4-1, luego las derrotas contra Águilas por 4-2, DIM por 1-4 y Cali por 4-3, y la última contra el mismo cuadro azucarero por 5-1 hace más de una semana.

Estos errores se debe a no saber plantear un partido, no corregir cuanto todo va mal, no tener variantes en el banquillo y seleccionarlas mal, nada que ver con sus 'conocimientos' de la escuela de Marcelo Bielsa y Gerardo Martino. 

El semestre pasado no armó la nómina, pero en este año fue Lunari quien dijo que no tenía excusa de nada al preparar y organizar su equipo. La poca experiencia y mano de entrenador le estan cobrando caro y ahora está por fuera de los ocho mejores con solo 10 puntos de 18 jugados, último lugar en la Copa Águila y su puesto en riesgo si hace otro ridículo con el equipo pereirano.

El proceso ‘improvisado’ se está acabando

Las últimas derrotas en la liga y copa sumado con el empate ante Equidad en El Campín ya hacen ver que es cuestión de días para que la historia del ‘entrenador Lunari’ llegue a su triste final.

Los directivos, encabezados por Enrique Camacho, le han mostrado su apoyo en lo que necesite, o eso hacen ver a los medios de comunicación, pero también saben que otra derrota humillante es para tomar una decisión que corte de raíz el problema.

Eso significa destituir a Lunari y volver a buscar un nuevo entrenador que sea capaz de tomar esta ‘papa caliente’ faltando varios partidos clave como los clásicos contra Santa Fe, Nacional, DIM, Huila, Junior, Once Caldas y Envigado.

Leonel Álvarez ya lo hizo con el Deportivo Cali y lo llevó a una final, pero eso no significa que sea él quien tenga que aparecer para apagar el incendio, al contrario, hay que tener mucho cuidado con quien sea la persona indicada para mejorar una nómina costosa, satisfacer una hinchada exigente y mantener el ritmo en las complicadas jornadas que se vienen buscando no solo los play-off sino pelear por el título.

A Lunari, quien debe ser una excelente persona, buen padre y gran amigo, solo le puedo decir una cosa para su futuro como técnico de fútbol: quítese de una vez por todas la camiseta de aficionado y póngase el traje de entrenador si espera triunfar en este trabajo tan difícil y cruel con quienes lo realizan.

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