Las razones de la debacle en el DIM
Foto: EFE

Estudiar la historia del Deportivo Independiente Medellín es descubrir que el hielo quema y que el fuego enfría. La del equipo del pueblo es una historia inverosímil de idas y vueltas, de un romance tóxico con la victoria y de un eterno convivir con la derrota libertina.

Lejos quedan los primeros años y ese amateurismo que dieron vida al DIM grande, nacido para ser inmenso; ni la 'Danza del Sol' o 'El Dorado' en todo su esplendor pudieron torcer la historia del Medellín en el profesionalismo, tras un comienzo con ídolos y títulos importantes se pasó a la desaparición al amanecer de los 70; de unos hinchas eclécticos que trajeron de nuevo la ficha del Oro Negro a Medellín a esa sequía donde no se logró explicar como nóminas de gran nivel no podían lograr ese campeonato del que siempre se bajaba el Rojo en las últimas fechas, ni hablar de esos últimos cinco minutos en 1993.

El poderoso de la montaña es tan exóticamente peculiar que pasó de otra casi desaparición en 1997 y en el 2000 a forjar un equipo respetado que conquistó Colombia luego de 45 años, que fue tercero de América en el 2003 y le ganó la final de 2004 al rival de patio. Ese es el DIM, capaz de quedar campeón en 2009 y dos años después estar cerca del descenso, salvarse en 2013 y salir segundo en 2014 y 2015 para alzar la ansiada sexta estrella en 2016.

Si bien el marco es complejo de entender, hay mucho de lógico en medio de la ilógica historia y actual realidad convulsa del Decano: Durante años el DIM ha pasado de dueño en dueño "como pandequeso maluco" en poco tiempo, al no ser de grandes empresas o de su propia hinchada como los grandes clubes del mundo, el rojo ha sido expuesto siempre a la idea y el dinero de una sola persona, que en un mercado como el del fútbol suelen ser cortos para un equipo cuya hinchada desde siempre merece alegrías sostenibles en el tiempo.

La persona que llegó comenzando el 2014 fue Raúl Giraldo, ¡Bendito proyecto! Invirtió su capital en su equipo amado, trajo grandes jugadores como Marrugo y otros de renombre como Vladimir Marín y Anthony Silva que vinieron tras la gran gestión de Eduardo Silva Meluk (que en mi concepto, debería ser erigido como presidente honorífico junto a don Javier Velásquez). Si bien luego Germán Cano hacía su primera salida del club, se reemplazaba con el segundo goleador del torneo, uno que aunque no creamos hizo medio centenar de goles en el DIM: Juan Fernando Caicedo, que además era acompañado de Hernán Hechalar, su mejor socio en el Huila y Juan David Pérez, una exquisita promesa del Boyacá Chicó; sumándose al regreso triunfal del máximo ídolo del Medellín David González, sin dudas se podían llamar refuerzos.

En el 2015 el DIM no logró títulos pero cabalgó muy bien el torneo, incluso, el proyecto y las inversiones continuaron, ni hablar de la llegada de Daniel Torres, ídolo de Santa Fe acompañado de un viejo conocido como Luis Carlos Arias, sin contar a promesas como Fabio Burbano del Envigado, sin duda las contrataciones del año. A ellos finalizando el 2015 se sumaba el regreso de la leyenda Mauricio Molina, un prometedor Johan Arango y un Leonardo Castro que se peleaban los grandes equipos del rentado nacional, el DIM era el rey del mercado y sí, salió campeón.

Sin embargo nadie contaba que ese DIM, que en su momento hasta se dio el lujo de traer de Europa al mismísimo Juan Fernando Quintero, estaba en una 'vacaloca' de negocios desmedidos, Johan Arango rescindió contrato por indisciplina, Arias fue costoso porque sus últimos años de nivel fueron pocos, Hechalar fue diluyéndose, Pérez no dio la talla, Burbano tampoco cumplió, en fin, se compró caro y se vendió barato, o en su defecto, se prestó o se finalizaron contratos de jugadores que le costaron bastante al DIM y venían como figuras. ¿Culpables?, nunca los jugadores, los prestados volvían y a su regreso hacían salir a otro técnico, siempre chupándose el dinero del DIM.

En este panorama se abrieron las puertas a malos consejeros del señor Raúl Giraldo, señores que metieron sus apoderados en el DIM por millonadas, malos negocios como las llegada de Toloza a cambio de Piedrahita (hoy multicampeón con Junior) la no compra de Quintero, pese a que si se invirtió en nefastos jugadores Nazarit, Carlos Ibarguen, Jhonatan Lopera o Elacio Córdoba, que nunca rindieron y de entrada no eran del agrado de la hinchada.

A la par de los malos negocios, se comenzaron a mostrar supuestos grandes procesos en las fuerzas básicas, que siempre fueron un fuerte en el Medellín; esta vez figuraban Yairo Moreno, de buen bagaje en Envigado y Equidad y un Eduard Atuesta que siempre mostraba destellos cuando jugaba. Pues bien, sin permitir dejarnos todo su talento, estos dos jugadores se fueron del rojo por poca cantidad de dinero y después de ser suplentes de muchos de los jugadores que venían de afuera y tenían bajo rendimiento, ¿Coincidencia? ¡No! Hay que poner los jugadores de este empresario o aquel a ver si por fin funcionaban, a ver si los vendemos y los canteranos no jugaban mucho.

Llegaron ventas dolorosas, Mosquera Guardia, Marrugo y el mismo Yairo, vendidos y prestados por cantidades irrisorias, y los números siempre bajando con pocas ganancias y lo peor, el número de abonados siempre en descenso, debido a los pésimos reemplazantes que llegaban. En el DIM se vieron ilógicas como el nombramiento y destitución al otro día de Fabio Martínez, o el hecho de no comprar a Cano para revenderlo más costoso cuando lo quería todo el mundo.

Tras ires y venires en ese caos de mentiras y refuerzos reencauchados nos dicen en el presente 2020 que el proyecto del DIM se basa en los juveniles; y si, a Envigado le sale muy bien pues sus canteranos se mantienen en el tiempo, pues claro, hace más de 20 años tienen un proceso serio de cantera. A Tolima le sale excelente pues tiene excelentes scoutings que desde lo recóndito sacan figuras de nuestro balompié y de sobremesa su máximo accionista no las presta y mucho menos las vende por dos pesos.

En el DIM desde hace cinco años viene siendo dar oportunidades a jugadores sin nivel como Monges -que ni hablar sabe-, vender o prestar a la máxima figura del equipo en la primera oferta. El proceso más serio de cantera se ha basado de perder sin disfrutar a Atuesta, Yairo Moreno o Alfredo Morelos; en prestar y volver a traer a Arboleda del sedentarismo, ceder y repatriar a Ever Valencia que es figura en todos los equipos hasta que vuelve al DIM, mismo caso de jugadores como Mauricio Cortés. Los directivos han ponderado la repatriación de Diego Herazo tras ser goleador con Valledupar en el Torneo de Ascenso, pero que nunca ha tenido ningún tipo de mérito para mantenerse en el primer equipo, para un sub 20 está bien, pero a sus 24 años debería al menos haberse consolidado en el equipo titular.

Jugadores como Gerson Valencia, hicieron dos gambetas y no volvieron a aparecer nunca más; Jaime Giraldo en su primer partido pintó muy bien y solo volvió a jugar un año después, fuera de su posición exiliado a esa banda izquierda que lo hace ver más novato aún. Brayan Castrillón, gran primer semestre con los titulares, al siguiente se obnubiló con la número 7 y no jugó más, Juan Manuel Cuesta y Edwin Mosquera, un par de buenas actuaciones y nada más, sin contar al 'Mambo' Díaz y Juan Carlos Díaz, jugadores que pintan bien pero que son completamente inconsistentes.

La historia del DIM nos muestra esas montañas rusas en las que tras un campeonato siempre viene la debacle, en este 2020, sin contar con la pandemia, la debacle sigue siendo la misma, malos negocios, perder la chance de contratar a jugadores de la calidad de Deinner Quiñónes para traer a Bayron Garcés, prestar a Ricaurte a la MLS sin que haya un reemplaante claro y tras perder la chance de repatriar a Marrugo o traer a Jown Cardona bajo sueldo de juvenil.

La Historia de idas y vueltas que tiene el DIM, nos muestra que no es la primera vez. En 2010 como en este 2020 nos pintaron el futuro en el lienzo de una cantera que nunca se consolidó y que cuando se se consolidó algún juvenil se vendió sin disfrutar, proyectos que no se sostienen en el tiempo porque no se aguantan cuando aparece uel signo pesos, por pocos ceros que tenga a la derecha.

Hoy son 'niños', los expuestos que aún no están listos para la presión del profesionalismo y mucho menos para las convulsas aguas en las que los sumergen los malos consejeros que tiene el señor Raúl Giraldo y sus entrenadores arrodillados que le defienden ese proceso de cantera que hoy nos muestra no estar lista, pese a ganar de buena manera los campeonatos juveniles.

Cuando se habla de un proyecto cantera uno debería ver a Juan Manuel Cuesta y Edwin Mosquera mostrando la proyección del bagaje en su fútbol, liderando a los otros jóvenes que están promoviendo, pero lo que se ve es inmadurez a la hora de llegar siempre con falta avasallando al rival, inmadurez de una cantera que desde 2016 no consolida ni equipo ni individualidades en el fútbol profesional; una cantera con buena formación pero madurada biche, párvulos que quieren disfrazarnos de profesionales a los que les será imposible ganar dos ligas y una copa internacional en el 2023 como menciona el utópico proyecto deportivo de escuela, del que se dice fue copiado y pegado por el señor 'Cunda' Valencia, cuyo apodo es heredado por sangre y no por talento, y Felipe Trujillo, cuyos máximos logros dentro del fútbol han sido acompañar al Monumental de Núñez a su amado Atlético Nacional y hacerse con un buen cargo en su rival histórico, los próximos tiempos dirán si para desangrarlo como por ahora muestra su gestión.

Las debacles históricas del DIM se traducen en la falta de ambición y en la falta de un emporio económico que no minimice las decisiones de un club tan grande en un señor tan mal acompañado. En el pasado fueron billate y el 'Diablo' Castillo, sin ir muy lejos Jorge Osorio Ciro pintó pajaritos en el aire con una cantera de la cual solo vio rentabilidad él, ahora es un Raúl Giraldo cansado y mal asesorado, pobre no en dinero sino en ambiciones. Las razones de las debacles poderosas tienen fundamentos en entrenadores arrodillados sin herramientas para trabajar, en procesos carentes de bases sólidas y en proyectos deportivos que lejos de ser creados por personas del fútbol bajo estándares de fútbol, son creados como proyectos de universidad, con objetivos supuestamente tangibles en un mundo de intangibles como es el fútbol donde se gestiona el talento y no unas tablas de excel.

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