Entrevista. José Luis Violeta: "He llegado a donde he llegado gracias a la afición"
Montaje de la foto: Daniel Salvador.

El mítico José Luis Violeta recibió el sábado pasado un homenaje en forma de saque de honor en La Romareda antes del partido del Tenerife. No fue un homenaje cualquiera, sino uno muy especial: el cumplimiento del 50 aniversario de su debut como zaragocista. No lo tuvo nada fácil. Vino al mundo en los años de la posguerra y en un barrio obrero como lo es Torrero. 

Allí pasaba todas las tardes con sus amigos jugando en las calles de tierra con pelotas de trapo. Entre los 14 y 17 años se aficionó al ciclismo, pero una infausta bronconeumonía le apartó de la bici para siempre. A partir de entonces, se apuntó a un club de fútbol juvenil del Zaragoza (el River) y enseguida llamó la atención de los cazatalentos del Zaragoza. Desde su debut en el River en la Copa Federación a ser el aragonés que más veces ha vestido la camiseta zaragocista y la de la Roja. Con él, rememoramos su impresionante carrera futbolística plagada de éxitos. 

Pregunta. Antes de comenzar a hablar de su carrera futbolística, hemos de reparar en una cosa. Usted siempre ha jugado a fútbol, pero a los 14 años comenzó a trabajar en una tienda de bicicletas, lo que le despertó la pasión por el ciclismo, deporte al que se dedicó hasta los 17 años….

Respuesta. Sí. En el barrio de Torrero (barrio obrero), la mayoría de los chavales ya sabíamos que nuestros padres no iban a poder pagarnos unos estudios universitarios. Entonces a los 14 años ya nos poníamos a trabajar. Por eso entré a un taller de bicicletas (Ciclos García, situado en la Calle Don Jaime) y me aficioné al Tour de Francia y al ciclismo. Estuve hasta los 17 años sin tocar un balón de fútbol.

P. Sin embargo, una bronconeumonía hizo que volviera a retomar el fútbol. ¡Bendita bronconeumonía para los zaragocistas entonces!

R. Pillé una bronconeumonía y dejé la bici. No me dieron ni antibióticos ni nada, y estuve con unas pastillas. Casi dos meses sin poder hacer casi nada. Eso hizo que apartara la bicicleta del todo y parece que fue una señal de que había nacido para ser futbolista. Como mis amigos jugaban en equipos de barrio, fui a jugar al River, cuya la sede se encontraba en la Calle Lagasca, llegó Cubero (el encargado del Zaragoza de buscar futuros talentos en las categorías inferiores aragonesas) a verme un partido y me hizo ficha con el Zaragoza Juvenil. Después estuve en el Juventud en Tercera (segundo equipo del Zaragoza en esos años) y ahí empezó mi carrera futbolística. No volví a coger la bicicleta porque me daba miedo y todo tras la bronconeumonía que tuve que pasar.

P. 50 años nada más y nada menos que su debut. No es muy recomendable acordarse del glorioso pasado en las circunstancias actuales que estamos actualmente pero, ¿qué gran época y cuántas tardes iban a disfrutar los zaragocistas verdad?

R.Y tanto, la gente se lo pasaba fenomenal con el juego que desplegábamos. Y lo más importante, disfrutábamos nosotros sobre el terreno de juego mientras hacíamos disfrutar a nuestra magnífica afición.

P. Antes de detenernos en su debut, usted estuvo cedido en el Calvo Sotelo de Puertollano, en Tercera División. ¿Qué le aportó dicha estancia antes de recalar en el Zaragoza?

R. Al terminar mi temporada con el Juventud en Tercera División, el entrenador del Zaragoza entonces, César (que conformó la mítica delantera del Barcelona de las Cinco Copas junto a Basora, Kubala, Moreno y Manchón), me dijo que me iba a poner a jugar. Sin embargo, no fue así cuando llegó el momento de la verdad. Personalmente, no me gustó que me cedieran, porque iba a seguir jugando en Tercera y encima fuera, en Puertollano, y sin entrenar con mis ídolos como Lapetra, Villa, Marcelino, etc.. Pero ahí conseguí mi primer trofeo, fui elegido por los socios del Calvo Sotelo como mejor jugador de la temporada. Volví de la cesión y el nuevo entrenador del Zaragoza, Ramallets, fue el primer técnico que me dio la oportunidad de jugar en el equipo de mi ciudad.  

P. 15 de septiembre de 1963, debuta con el Real Zaragoza en el Estadio de Pasarón, en Pontevedra. ¿Qué sintió al vestirse con la zamarra blanquilla por primera vez en partido oficial? ¿Lo recuerda como si fuera ayer?

R. Es una cosa increíble. Han pasado 50 años y aún lo sigue siendo y sigo sintiendo lo mismo que entonces. Jugar al lado de Carlos Lapetra, de Juan Manuel Villa, de Santos, de Canario, de Marcelino y tener un equipo tan equilibrado como lo teníamos, tan completísimo, fue increíble. En el fútbol actual, no se puede hacer un equipo como el nuestro, no hay continuidad. Ahora sí que veo mejor que cada trabajador elija la mejora de sueldo que quiera, pero creo que todo lo que rodea a los futbolistas está hundiendo al fútbol.

P. Además, llegó al mejor Zaragoza, quizá de la historia y puede que en la mejor temporada (1963/1964), en la que se consiguió la Copa de Ferias, la Copa del Generalísimo y un cuarto puesto en Liga…

R. Sí, fue una etapa histórica pero no solo ha sido esa temporada, fue en general una etapa de seis o siete temporadas históricas, de las cuales ese equipo es el referente del Zaragoza, porque antes no ha existido uno mejor.

P. Para todos los jóvenes que no hemos tenido la oportunidad ni el placer de verle sobre un terreno de juego, ¿cómo era José Luis Violeta, qué cualidades y habilidades tenía en el césped?

R.Yo he sido un hombre ganador y luchador. La verdad es que me gusta más que me definan que definirme a mí mismo. Pero me considero bastante completo. Era un centrocampista que defendía y atacaba. Una de mis características era la anticipación. Por ejemplo, cuando Canario centraba los saques de esquina con su exquisita técnica, yo aprovechaba el férreo marcaje que le hacía la defensa rival a Marcelino para adelantarme a todos y marcar. Además, estar al lado de Lapetra, Marcelino y demás jugadores de esa categoría, influye mucho. Sin embargo, tienes que tener esa capacidad de saber estar ahí y hacerlo bien, porque no todos llegan y muchos se quedan en el camino. Hay que comprender el juego que hay que desarrollar con estos compañeros tan magníficos (nunca mejor dicho) como los que tenía.

"Yo era un ganador nato en el terreno de juego"P. Su posición natural era la del centro del campo, aunque en algunas ocasiones lo utilizaron como lateral.

R.Sí. Toda mi vida he jugado en el centro del campo. Pero como era muy completo, he jugado hasta de lateral izquierdo en la Selección Española. Es más, me acuerdo que marqué a George Best jugando en esa posición en un partido en Valencia contra Irlanda, que ganamos 3-0 por cierto. También he jugado de líbero y todo.

P. En la actualidad, ¿qué jugador por sus características sería similar a usted?

R. Todos tenemos una personalidad en el terreno de juego, la verdad es que no sé definir. Cada uno es como es y ya está, no me gustan las comparaciones. Los exjugadores nunca las hemos hecho. Cada uno ha tenido su cabeza y punto.

P. Ha habido varias épocas gloriosas en el Zaragoza, como la de Los Zaraguayos, que usted vivió también y de la que luego hablaremos. Pero, ¿no cree que Los Magníficos son imprescindibles en la historia del club? Fueron los que le dieron ese estilo futbolístico ofensivo, alegre y vistoso, que ha definido al Zaragoza a lo largo de su historia.

R. Por Dios, efectivamente. Los Magníficos han sido la referencia hoy en día de qué es el Zaragoza, porque antes al Zaragoza no lo conocía casi nadie. Ese equipo, sin lugar a dudas, hizo historia. Y bueno, hay que contar que anteriormente había mayor equilibrio en la Liga. No como ahora, que hay tres Ligas. Un equipo se forma conjuntándolo y con continuidad, que es lo que hoy en día le falta al Zaragoza y a tantos equipos. Y eso también afecta a la hora de que la afición tenga un referente. Ahora sí, sigue habiendo equipos de fútbol, pero apenas se juega en equipo por la poca continuidad de los jugadores. En la pretemporada es imposible que se forme definitivamente un equipo competitivo.

P. Aparte del juego, también hay que nombrar que la alta exigencia de las gradas fue fundamental. Eleuterio Santos ponía el ejemplo de que en un partido en La Romareda ante el Valladolid, en el cual ibais ganando 5-0 al descanso. Os relajasteis en demasía en la segunda parte y el público os abucheó (el resultado final fue de 6-2). ¿Ayudaron Los Magníficos a que esa exigencia permaneciera durante muchos años en La Romareda?

R. Efectivamente. Los zaragocistas no estaban acostumbrados a ver ese espectáculo. Estaban acostumbrados a tener un equipo más que normalito, a veces en Segunda, y tenían que estar siempre con ellos, animándoles sin parar. Pero llegaron Los Magníficos, empezamos a ganar cosas y a hacer un buen juego, es normal la exigencia que se creó. Y la afición no quería que se bajara el nivel y era muy exigente.

P. La figura y el baluarte del equipo, además por ser aragonés, era sin lugar a dudas Carlos Lapetra. Debía ser un zurdo exquisito, fino y elegante. ¿Cómo lo definiría usted?

R.Sí. Para mí era un maestro, fue mi tutor. Me dijo: “Si me haces caso a mí y sigues mis pasos José Luis, llegarás a la Selección”. A nivel mundial, era de lo mejor que parió madre. Tenía una imaginación, una creatividad y un sentido impresionante. No regateaba mucho porque no tenía mucha velocidad y antes de que le llegara el balón, ya sabía lo que iba a hacer con él y era capaz, a la par, de despistar al contrario. Eso no se lo he visto a hacer tan bien a ningún jugador del mundo. Tenía una gran capacidad mental. Además de ser el mejor futbolista aragonés que ha existido nunca, era una bellísima persona.

P. De los tres títulos, ¿cuál saboreó y disfrutó más?

R.Todos por igual. Más que los títulos, es que Los Magníficos dejaron huella y la referencia que implantaron. Gracias a esa referencia, el estilo de juego ha permanecido en muchas otras grandes etapas del Zaragoza.

P. Aparte de jugar cuatro finales de Copa consecutivas, las dos ganadas fueron ante rivales de gran fuste, como el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao.

R. Sí, por ejemplo, la Copa que ganamos ante el Athletic de Bilbao, surgió el cántico de “Iríbar, Iríbar, Iríbar es cojonudo, como Iríbar no hay ninguno”. En dicho partido se inventó esa canción legendaria. Si no llega a ser por él les metemos ocho a los bilbaínos.  

"Lapetra fue mi tutor, mi maestro cuando comencé" P. ¿Y qué me puede contar de esa gran victoria en semifinales en Copa de Ferias ante el Leeds, donde fueron ovacionados por los ingleses? Debió de ser grandioso el fútbol que desplegaron.

R.Fue un partidazo. Era el partido de desempate de la semifinal de esa Copa de Ferias y tocaba jugar allá en Inglaterra. A los veinte minutos ya íbamos ganando 0-3. Aunque hay que admitir que se han exagerado un poco las cosas. Sí que nos aplaudieron, pero los ingleses aplaudían mucho a los suyos, por eso me gusta mucho esa afición. Por ejemplo, también me gusta que nadie consienta que un jugador se tire al suelo, finja y haga teatro.

P. En la temporada 64/65 apunto estuvisteis de llegar a la final de la Recopa, siendo semifinalistas y eliminados por el futuro campeón, el West Ham United.

R. Así es. A los ingleses fue imposible vencerles. En la ida nos ganaron por la mínima, 2-1 y en la vuelta empatamos 1-1. Les encerramos atrás, los tuvimos acorralados durante todo el partido, pero no hubo manera, de ninguna forma logramos superarles. La pelotita no quiso entrar y cuando no quiere, pues no hay nada que hacer.

P. Poco a poco fue llegando el fin de Los Magníficos. Enfrentamiento de varios jugadores con el técnico Ferdinand Daucik, la infausta eliminación de la Recopa ante el Celtic por el injusto sistema de la moneda, Lapetra se retira por problemas físicos, Yarza abandona igualmente el fútbol, Reija, Santos… Todo acaba con un descenso en la temporada 1970/1971. ¿Cómo vive uno semejante bajada de nivel y de aspiraciones?

R.Pues figúrate. Cuando se van jugadores de semejante categoría dejan un hueco muy tremendo y difícil de rellenar. Ahora por ejemplo en el Barcelona, a ver qué pasa cuando se vayan Iniesta, Xavi, Messi, etc.

P. ¿Qué cree que le faltó a ese gran equipo para encontrar una mayor regularidad y haber ganado una Liga, por ejemplo?

R.Era muy difícil porque la plantilla era corta. No teníamos mucho banquillo ni sustitutos como los titulares que teníamos. Por ejemplo, si a nosotros se nos lesionaba Marcelino, no teníamos a otro igual que nos metiera tantos goles. Las Ligas las ganan las plantillas en general, no solo los once que juegan siempre. Nosotros éramos de distancias cortas, un equipo mucho más copero. Y se demostró.

"Sobre el terreno de juego disfrutábamos mucho y hacíamos disfrutar a los zaragocistas" P. Sus buenas actuaciones con la zamarra del león rampante, provocaron su convocatoria (14 veces en total) con la Selección Absoluta. Incluso disfrutó del Mundial de Inglaterra en 1966. ¿Qué tal la experiencia?

R. Bien, estábamos concentrados en Santiago de Compostela cinco zaragocistas: Villa, Lapetra, Marcelino, Reija y yo. Pero vinieron de Italia tres jugadores muy míticos y mucho más mediáticos, como Luis Suárez, Peiró y Del Sol, y quizá por el nombre jugaron antes que nosotros. Esa andadura fue muy mal para los zaragocistas, porque habíamos demostrado que merecíamos jugar nosotros de titulares y no lo hicimos todos, se optó por los jugadores con más nombre.

P. Cuando se descendió en la temporada 1970/1971, a usted le quiso fichar el Madrid pero no quiso marcharse del equipo de sus amores….

R. Sí. Descendimos, Usón dimitió y entró Zalba de presidente. En el primer entrenamiento de la pretemporada, Zalba me llamó y me comentó que el Madrid hizo una oferta para ficharme. Además había estado con mis compañeros de Selección Pirri, Amancio, Groso y querían que fuera a jugar. Como fui partícipe del descenso, le dije que me necesitaban para regresar a Primera y que me quedaba. Así fue y no se habló más.

P. Aunque se ascendió a las primeras de cambio, se pasó mal en Segunda. Sobre todo en el campo del Villarreal, donde usted  se llevó un paraguazo y una pedrada como recuerdo del público castellonense….

R. Sí, la grada estaba muy cerca del terreno de juego y al tanto que fui a sacar de banda me dieron un par de paraguazos en la cabeza. Y al acabar el partido, me lanzaron una piedra bien gorda que caí al suelo y todo. La verdad es que después me escribieron los aficionados del Villarreal pidiendo disculpas y que entienda que no todos eran así. Yo lo comprendí y les contesté dándoles las gracias y que no se preocuparan, que en todos los campos de fútbol hay un energúmeno, desgraciadamente.

P. Y enseguida, otra gran etapa para el zaragocismo: Los Zaraguayos. ¡Es usted un afortunado por haber jugado en esas dos épocas!

R.  Efectivamente. Teníamos un gran Secretario como Avelino Chaves que fichaba excepcionalmente. Cubero también hacía lo suyo captando futuros talentos. Esa gente que está en la oscuridad hace un gran trabajo y son muy importantes. Y Los Zaraguayos fueron una verdadera delicia.

P. Había enormes jugadores como G. Castany, Soto, Ocampos, el gran Lobo Diarte, etc. Aunque quizá el más talentoso de esa quinta fue Nino Arrúa….

R.Arrúa era muy bueno y un ganador nato. Se denotaba ese ímpetu por ganar siempre. Era muy valiente, tanto jugando en casa como fuera, porque no era lo mismo entonces jugar como visitante. Arrúa ha sido un ejemplo en todos los terrenos. Se complementaba a la perfección con el Lobo Diarte. Cuando estaba el uno pero no el otro, se notaba demasiado.

P. El cénit de los Zaraguayos fue aquel 6-1 al Real Madrid y la consecución del segundo puesto en la temporada 1974/1975. ¡Menuda temporada!

R.Sí, fue buena temporada. Pero respecto a ese resultado no le doy yo mucha importancia porque vinieron ya siendo campeones de Liga y estaban muy relajados. Le doy más mérito al partido contra el Madrid en La Romareda del año pasado, que ganamos 2-1, porque ellos se estaban jugando ganar el campeonato liguero. Había mucha más competitividad en ese encuentro.

P. Aunque les faltó la guinda de un título. En la temporada 1975/1976 se consiguió el subcampeonato de Copa perdiendo por la mínima ante el Atlético de Madrid. ¿De verdad fue tan perjudicial y nefasto el arbitraje del valenciano Segrelles para los intereses blanquillos?

R. Efectivamente, nos faltó un título. Respecto al arbitraje, bueno, siempre a los equipos grandes se les ha mirado diferente.

P. Y de nuevo, desgraciadamente, se repite la historia. El ocaso de Los Zaraguayos llega produciéndose un descenso a Segunda (1976/1977), donde destacó la lucha de egos entre Jordao y Arrúa. ¿Qué sucedió en el equipo para dar con sus huesos en el infierno?

R.Dicen que hay jugadores imprescindibles. Para mí no los hay, pero sí que hay jugadores que según qué puestos, su falta hacen un daño terrible. En este caso nos pasó con el Lobo Diarte, porque era el que metía goles, el que las enchufaba. Y respecto a las malas relaciones entre Arrúa y Jordao, se hizo más ruido que otra cosa. En el terreno de juego, íbamos todos a una como en Fuenteovejuna. Lo que pasa es que fuera Jordao era mucho más arisco y no tenía mucha amistad con nosotros, solo con Planelles. El nivel afectivo no era el mismo que, el de Arrúa.

P. Y usted abandona definitivamente el fútbol. ¿Cómo vivió su último partido tras 14 temporadas en el club de su vida?

R.Sentí que me llegó la hora pero bueno, la verdad es que estaba muy mentalizado desde que inicié mi carrera futbolística, porque ya sabía que una trayectoria deportiva suele ser muy corta. Entré en el Zaragoza de la misma forma que salí: sin hacer ruido y sin molestar a nadie.

P. No me queda otra por preguntarle sobre la situación actual del Real Zaragoza. ¿Cómo cree que se ha llegado a esto? ¿Se lo merece el Zaragoza y el zaragocismo? ¿Saldrá de semejante atolladero a todos los niveles, tarde o temprano?

R. Yo creo que mucho tiene que ver, más de lo que creemos, lo que rodea al fútbol en la actualidad. Para los equipos como el Zaragoza, no hay ahora jugadores como Arrúa, Diarte y demás. Y creo que esto le pasaría ahora a cualquier directivo. Hay muy poco equilibrio en el mundo.

P. ¿Por qué siempre ha sido difícil que los chicos de la casa triunfen en el Zaragoza?

R .Porque al ser de aquí, hay más confianza y se espera y se le exige más que al de fuera. Es que los aragoneses nos entregamos mucho con los de fuera, pero con nosotros mismo no somos iguales.

P. El 21 de mayo de 1978, tuvo lugar el partido de su homenaje, al que asistieron 35.000 espectadores, llenando toda La Romareda. ¿Es consciente del gran cariño que le tienen los zaragocistas?

R. Tengo que decir que la idea de este homenaje fue de los socios, no del club. Y desde dentro del Zaragoza me apoyó mucho Julián Díaz. Pero fue gracias a los socios. Y yo fui el que le pagó todos los servicios al Athletic de Bilbao con el dinero que saqué de dicho partido de homenaje. Eso sí, Sisqués (presidente entonces) me dio todos los medios para que organizara el evento. Y sí, la verdad es que soy muy consciente del cariño que me tiene la gente. Y tengo que decir que gracias a los aficionados soy lo que soy y llegué a donde llegué.

P. Es lo que tiene ser el aragonés que en más ocasiones ha vestido la zamarra del león y de estar 14 temporadas consecutivas en el club de sus amores. Ahora no queda casi ningún futbolista de esa raza.

R .Bueno, en Liga como jugador que más veces ha vestido la camiseta me ha batido Aguado. Se siente aragonés, pero ojalá hubiera sido Belsué, Cani si se hubiera quedado…. Y antes los contratos eran muy leoninos y existía el 10% del derecho de retención en los clubes. Y si los dos presidentes de dos entidades no se ponían de acuerdo entre ellos, el jugador ya se podía ir despidiendo de ser traspasado. Ahora es todo bien diferente y existen más necesidades económicas en los equipos medianos y pequeños.

P. ¿Le gusta su apodo, el León de Torrero? Sin lugar a dudas le define a la perfección.

R.  Sí, me gusta bastante, es muy original. Me lo empezaron a llamar así en el mismo Torrero.

P. Para acabar, me gustaría que me dijera cuál es el mejor entrenador que ha tenido, el mejor jugador con el que ha compartido vestuario y el mejor presidente del club.

R. Bueno como presidentes me han gustado todos, porque los que más sufren son los presidentes y es la primera cabeza visible del club. Como entrenador, Ramallets fue el que me dio la oportunidad y por ello le tengo mucho cariño y le estaré eternamente agradecido, aunque hay que reconocer que era algo distante con los jugadores. Otro al que le tengo especial cariño es a Iriondo. Ahora que me preguntas eso, que conste que los protagonistas y los importantes de verdad son los jugadores. Son los futbolistas los que hacen buenos al entrenador, directivos y presidente. Y el mejor jugador con el que he compartido vestuario, sin lugar a dudas, Carlos Lapetra. Además de ser un gran jugador, como te he dicho antes, era una bellísima persona, mejor incluso que futbolista. 

 

Foto 2: Andrea Royo López/ VAVEL

Reportaje especial José Luis Violeta: El León de Torrero

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