30 años de "La Quinta del Buitre"
Foto . Blog fernandoleanizblogspot.com

La historia que os voy a contar comenzó en 1983, en aquel mes en el que las hojas caídas bañan de cartas melancólicas las aceras y el sol lucha por entregarnos un leve beso rojo desde un cielo colmado de nubes color ceniza, un mes en el que las primeras lluvias lloran al verano y que aquel año nos regaló fútbol. Era noviembre y todo comenzó cuando el prestigioso periodista Julio César Iglesias publicó un artículo en las páginas de deportes de “El País” titulado “Amancio y la quinta del Buitre”. Aunque esta emergente generación de futbolistas era ya conocida por los seguidores habituales del Madrid y su cantera, el citado artículo puso a toda la España futbolística sobre su pista, además de bautizar al icono de todos ellos.

Cuenta la historia que el juglar es un ser múltiple: es un músico, un poeta, un actor, un saltimbanqui; una especie de intendente de placeres que vive en las cortes de reyes y príncipes; y aunque Julio César no viviera como tal, sí que ejerció, puesto que fue el encargado de documentar aquella gloriosa época de la historia madridista. Y es que el bueno de Julio César le colocó el apodo de “El Buitre” a un jugador que paradójicamente fue el que menos brilló (o tardó más en destacar) en aquel excepcional Castilla. Pero es que ese futbolista era el único que tenía trazos de genio y el que impresionó al periodista. Con ello Don Julio quiso hacer un juego de palabras aludiendo a la “Quinta” como hornada de futbolistas y a su vez a esa centelleante “quinta marcha” que aquel jugador menudo, de pelo rubio, imprimía en fracciones de segundo tras una parada en seco. Un futbolista que además de eso demostró muchas cosas más, un jugador capaz de hacer (como dijo Cruyff) en una moneda lo que otros no pueden a lo largo y ancho del terreno de juego. Ese futbolista era Emilio Butragueño, un genial delantero que le dio nombre a una magnifica generación de futbolistas de la cantera blanca que marcaron época pero que sobre todo trajeron una bocanada de aire fresco al fútbol español. Con ellos llegó una nueva concepción del fútbol, el talento por el talento ante la heroica, también muy válida, pero quizás vertiginosa. Fue como si algo volará, como una sensación traslúcida, un cambio de piel, a transparente o una mente abierta. No sé, algo parecido a la poesía.

Pero para llegar a la gestación de esta añorada historia debemos remontarnos treinta años atrás: Corría el año 1983 y en el Castilla habían deslumbrado cinco futbolistas: Míchel, un extremo o centrocampista diestro con alma de conductor del juego, un excelente disparo y un toque con su pierna derecha realmente extraordinario; Butragueño, un genial delantero tímido fuera de la cancha pero único en sus acciones; Martín Vázquez, un exquisito centrocampista zurdo dotado de un excelente disparo y toque (tanto con el interior como con el exterior) con su pierna zurda; Manolo Sanchís, un defensa libre o central con alma de goleador, dotado de una gran elegancia con el balón en los pies, mucha llegada y solvencia defensiva; Miguel Pardeza, un delantero ratonero o mediapunta que combinaba potencia, habilidad y picardía. Un jugador de gran talento, que de hecho fue de los primeros en destacar y curiosamente el único que tuvo que cambiar de aires para encontrar su sitio. Y es que se topó con la competencia de un súper delantero como Hugo y con una leyenda como Emilio, como muy bien dijo el onubense al consumarse su pase al Zaragoza: “No puedo luchar contra un mito”.

Castilla 83/84

En cualquier caso y retomando la historia de estos jóvenes y talentosos jugadores hay que recordar a aquel excepcional Castilla de comienzos de los ochenta. Concretamente en el año 82, cuando aquellos ‘niños’ del Castilla que jugaban tan bien o mejor que los mayores comenzaron a atraer gente a sus partidos. Tanto que el club decidió trasladar sus partidos al Bernabéu, y llegaron a congregar hasta 65.000 personas en el Bernabéu, un hito histórico para un filial. Fue un sensacional equipo que dirigido por Amancio hizo historia al ganar el Campeonato de Segunda división 1983-84 (primer y único filial que lo ha conseguido), con un once tipo formado por: Juanito, Ochotorena, Francis, Pérez Durán, Martín González y Míchel; Butragueño, Martín Vázquez, Sanchís, De las Heras y Pardeza.

Su imparable progresión en categorías inferiores del Madrid hizo que solo fuera cuestión de tiempo que cada uno de ellos fuera debutando con éxito en el primer equipo. El relevo generacional estaba preparado y la afición esperaba ansiosa que se produjera, algo en lo que otro genio tuvo la sutileza y la firmeza única que solo se podía esperar de un personaje como él. El mítico Alfredo Di Stéfano, se encargó de incorporar gradualmente al primer equipo.

Un 4 de diciembre de 1983 Don Alfredo hizo debutar a dos de ellos, Martín Vázquez y Sanchís, en un partido de Liga ante el Murcia en el que Sanchís marcó el tanto de la victoria.

El debut de Butragueño en Cádiz

Poco después Don Alfredo suma otra pieza más a un rompecabezas que acabó conformando un equipo legendario. Un 5 de febrero de 1984, y en el estadio gaditano del Ramón de Carranza, Butragueño debutaba en la Primera División española. Fue en un partido en el que en la primera mitad el Cádiz había superado al Madrid con goles de Benito y de Salva Mejías (Mejías II). Pero en la segunda parte Di Stéfano tiró de aquel chaval que venía de ser máximo goleador de Segunda. Don Alfredo en el entretiempo le dijo con su habitual tono de voz a aquel chaval que esperaba ansioso el día de su debut: “Nené calentá”.

El “Buitre” tuvo el debut soñado y gracias en buena parte a su talento el Madrid le dio la vuelta al partido venciendo 2-3. Emilio hizo dos goles, el primero en el minuto 60, el empate a dos lo firmó Gallego con un testarazo y el 2-3 definitivo lo hizo Butragueño en el 89.

Tanto Di Stéfano como Amancio (este último especialmente porque los conocía bien) sabían que tenían ante sí a un futbolista especial, figura icónica de una generación de canteranos con condiciones sobradas para marcar una época con la camiseta del Madrid. Butragueño siguió progresando y aportó su emergente talento en la remontada histórica del 12 de diciembre de 1984. Tras haber perdido el partido de ida por tres a cero contra el Anderlecht en octavos de la UEFA, marcó tres goles y contribuyó de forma decisiva a que el Real Madrid pasara la eliminatoria al ganar el partido de vuelta por un contundente tanteador de 6-1. Tras aquel partido Don Alfredo le definió así: “Este tipo tiene el gol en el cuerpo”.

“La Quinta del Buitre”

A la temporada siguiente con Amancio como técnico del primer equipo sube a Míchel a la primera plantilla. De esta forma “La Quinta del Buitre” con Butragueño como futbolista estrella comenzaba una época en la que dejarían una profunda huella en la historia de la Liga española y del Real Madrid. El Madrid comenzó una doble etapa ciertamente inolvidable sustentada por uno de los mejores equipos de su historia, en su primera etapa basada en una mezcla perfecta de veteranía y juventud, los Camacho, Valdano, Santillana, Juanito y Gallego aportaban su calidad y experiencia mientras que los chicos de “La Quinta” insuflaban la frescura y calidad que les llevó a un éxito saldado con las 2 Copas de la UEFA  de las recordadas remontadas blancas en el Bernabéu.

En la segunda etapa y con la progresiva retirada de las glorias madridistas, “La quinta” asumió el papel preponderante y los galones del equipo, madurando la creación de un equipo extraordinario que dejó la impronta de su juego. A los emergentes futbolistas de “La quinta” a los que el por entonces presidente Ramón Mendoza se encargó de cuidar en todos los aspectos se sumaron jugadores de la talla de Gordillo, Maceda, Hugo Sánchez y por último Schuster. El Madrid en este lapso de tiempo arrasó con su fútbol y goles en la Liga española, conquistando 5 Campeonatos de Liga de forma consecutiva, entre 1985 y 1990.

Aquel Madrid era temible, por bandas tenía jugadores como Gordillo, Martín Vázquez y Míchel, y arriba además de los Valdano y compañía contó con el lujo de tener en sus filas a dos de los mejores delanteros del mundo de la época. El primero Hugo Sánchez, un rematador implacable, un delantero excepcional que hacía todos los movimientos de ataque con la idea de llegar siempre de cara a portería y con una precisión única, a un toque, lo que da idea de su altísimo nivel, sin duda uno de los mejores goleadores de todos los tiempos. Y el segundo Emilio Butragueño, todo calidad, genialidad y talento, un fuera de serie. La línea defensiva además era muy sólida con futbolistas de la talla de Camacho, Gordillo, Maceda, Tendillo, Chendo, Sanchís. Y en la línea media otros como Jankovic (que estuvo poco tiempo pero dejó muy buen recuerdo), Aragón, Maqueda, Gallego y Schuster, dejaron su sello en un equipo que con Buyo en la portería completó una plantilla extraordinaria.

Dejaron para el recuerdo una histórica campaña en la temporada (89/90) en la que con Schuster al mando marcaron la friolera de 106 goles, récord hasta esa fecha del fútbol español. De los cuales Hugo Sánchez hizo 38 tantos, todos a un toque. Sin duda marcaron época en el fútbol español, un equipo que de no haberse cruzado en su camino con otra máquina de hacer fútbol como lo fue el Milan de Sacchi, habría marcado también una época en el fútbol europeo.

El final

Aunque en aquella campaña 89/90 fue en la que alcanzó su cenit futbolístico se puede considerar igualmente que marcó la finalización de un sueño, con la marcha de Martín Vázquez al Torino. Un sueño que concluyó de forma definitiva en 1994, puesto que pese a que Sanchís y Míchel siguieron jugando en el conjunto merengue, ese año se produjo la marcha del icono de la misma, Emilio Butragueño, que se marchó a México para dar por concluida su carrera deportiva en tierras mexicanas.

Fue sin duda un placer verles jugar, quizás un primer paso hacia una nueva concepción del fútbol y el futbolista español, consolidada luego en Barcelona con la filosofía Cruyff y consagrada finalmente con Guardiola, Luis Aragonés y Del Bosque, que supieron ver ese proceso evolutivo de la furia hacia el toque. Una hornada de jugadores extraordinaria, un ejemplo de buena planificación deportiva desde los equipos base al primer equipo. Una perfecta sintonía y coordinación entre los diversos escalafones técnicos madridistas y un técnico del primer equipo valiente, capaz de incluir entre grandes jugadores consagrados a un grupo de jóvenes emergentes que trajeron un cambio y una nueva forma de interpretar el fútbol.

Foto 1: www.emiliobutragueño.es

Foto 2: colgadosporelfutbol.com

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