La redacción opina: ¿decepción o fracaso?
La redacción opina: ¿decepción o fracaso? (Fuente: Alvar Salvador Abril | VAVEL.com).

Con la mente fría las cosas se piensan mejor. Hace ya un par de semanas que el Real Valladolid supo su sitio definitivo para la temporada 2015/2016: la Segunda División. La ida del primer encuentro de playoff en el José Zorrilla terminó con un esperanzador y sorprendente empate que aún dejaba con opciones de pasar a la final a un equipo diezmado por las sanciones -injustas por otra parte -, que pudieron hacer mella en el devenir blanquivioleta en Las Palmas. La muerte clínica se certificó con el pitido final, con un nuevo impar, esta vez a cero, porque los Paco Herrera no tuvieron acierto y los de Rubi, a tan solo un tanto de la gloria, no supieron hacer un absurdo disparo a portería.

El último partido fue la caricatura compilada de una campaña para el olvido: juego abúlico, sin carisma, sin ánimo. Las críticas son severas, tanto a los jugadores como al entrenador, principal damnificado y causante, en buena parte, de que una ciudad futbolera como la capital de Castilla haya perdido las ganas de acercarse al fortín blanquivioleta a ver un espectáculo anodino, cuyo director de orquesta fue un técnico sin una sola idea clara. Hoy nos alzamos con la voz un poco más crítica y damos nuestra visión, como espectadores y cronistas continuos de la entelequía pucelana, de lo que para nosotros ha sido esta temporada aciaga.

Temporada perdida y para olvidar - Alvar Salvador

El Real Valladolid ha adolecido a lo largo de toda la temporada de un estilo de juego, el espejo al que mirarse cuando las cosas van mal y el camino a seguir cuando todo va bien. La falta de un esquema imperante y también de un once tipo recitado de carrerilla por todos y cada uno de los aficionados pucelanos ha impedido a los pupilos de Rubi adquirir esa estabilidad y esa regularidad tan importantes para conseguir el objetivo del ascenso.

Aunque desde el interior del club no se quiera hablar de fracaso, la temporada con el no ascenso ni de forma directa ni vía playoff, haciendo un papel más que mediocre sobre todo en el partido de vuelta en las islas y ante Las Palmas sin disparar a lo largo y ancho de los 90 minutos entre los tres palos, hace que esta campaña 2014-2015 haya sido una temporada perdida y para olvidar.

A pesar de no lograr el ascenso tampoco se ha creado una columna vertebral

Perdida porque a pesar de no lograr el ascenso tampoco se ha creado una columna vertebral, unos cimientos sobre los que construir el proyecto que venga tras la destitución de Rubi. La poca confianza en la cantera, con jugadores utilizables como Brian, Jorge Hernández, o el ya jugador del Almeria, Xavi Carmona, tampoco ha ayudado. Y para olvidar porque al cuerpo técnico, liderado por Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ le ha faltado a lo largo de todo el año conexión con el aficionado. Esa relación tan importante para que la parroquia pucelana lleve en volandas al equipo. Un año y un experimento fallido, que ha de servir para aprender de los errores en busca, de nuevo, de afrontar el difícil reto del ascenso la temporada próxima.

Fuente: Real Valladolid

A trancas y barrancas - César Aldecoa

La temporada del Real Valladolid no es para estar satisfecho, ni mucho menos. Pero tampoco lo es para sentir que el conjunto albivioleta haya fracasado. Un fracaso es cuando te quejas a años luz del que era tu objetivo. Es más bien una decepción. Primero, porque los de Rubi apenas pudieron pelear el ascenso directo. Y segundo, porque caer en semifinales del playoff, en un encuentro como el que fue el de vuelta, tras lo mostrado en Zorrilla, fue frustrante cuanto menos. El sabor agridulce se te queda en los labios y lo saboreas durante días, pero pasada ya más de una semana desde el triste final de campaña, hay que echar la vista más atrás para ver el porqué de este destino.

En 44 encuentros de Liga Adelante, el Real Valladolid no ha terminado de funcionar. Ni cuando ganó cómodamente en casa 7-0 al FC Barcelona B, o lo hizo 3-0 al siempre rival Sporting de Gijón. La maquinaria nunca ha estado del todo engrasada y funcionando a pleno rendimiento. Buena parte de culpa la tiene el ingeniero que la diseñó, el bueno de Rubi. El catalán ha trabajado a destajo, eso no se lo niega nadie, pero ha trabajado mal. Las cosas como son, el técnico elegido para volver a Primera no ha triunfado y, por eso y por los pitos que ha recibido en las últimas semanas de competición, puede haber perdido el puesto en el banquillo pucelano.

Tonto y pecador, así ha sido el conjunto blanquivioleta

También tienen buena parte de culpa los jugadores, no todos, unos más y otros menos. Algunos, no han rendido. Otros, irregulares. Y casos específicos, siempre dando la cara. Pero en resumen y en general, la plantilla tampoco ha estado acertada en esos momentos claves en los que se deciden temporadas. Y la suerte, qué decir de la suerte, le ha dado la espalda totalmente al Real Valladolid. Ni un gol llorando, ni una falta en los últimos minutos que fuese decisiva. Tonto y pecador, así ha sido el conjunto albivioleta. Y ahora le tocará pagar por ello y reforzarse, pues tras acabar una temporada, empieza otra. Todo el curso a remolque, el verano es territorio de Braulio y ahí parece que los albivioletas llevan la voz campante. Toca esperar, moverse bien y volver a intentarlo.

Fuente: Real Valladolid

Un Pucela indefinido - Juan Navarro

El Real Valladolid lleva ya demasiados años sin practicar un estilo definido de juego. Nadie ha recogido el legado de Djukic, ni Juan Ignacio en la exigente Primera ni Rubi en una Segunda en la que el Pucela era uno de los favoritos. Sin una forma de juego, sea la que sea, donde los de blanco y violeta manden con la pelota y muerdan sin ella, Zorrilla ha presenciado a un equipo ramplón, a expensas del rival y sin tener muy claro lo que hacían. O bien el vestuario no aceptaba la idea del cuerpo técnico o bien este no sabía expresarla, pero lo cierto es que si el Valladolid llegó al fue más por destellos puntuales que por una tónica regular. Y esto es muy peligroso.

Es duro no saber a lo que juega un equipo, pero más duro es pensar que es una línea a seguir

La campaña ha sido un fracaso, ya no por los resultados, sino por la forma que han venido. Duele decir que el fútbol ha sido justo con los de Rubi, que no fueron mejores que los tres ascendidos, así que toca esperar un año más. Es duro no saber a lo que juega un equipo, pero más duro es pensar que es una línea a seguir. Por eso, para olvidar el fracaso de la 2014/15, es preciso apostar por un estilo, buscar la definición de una forma de jugar y llevarla a cabo. Los resultados, si se elabora una plantilla con potencial y se refuerzan los mimbres ya existentes, no tardarán en llegar. Y, para ello, es clave saber elegir el entrenador, que será el responsable de guiar al Real Valladolid hacia su sitio en Primera.

Fuente: Real Valladolid

El despertar de un sueño - Miguel Ángel Ruiz

El Real Valladolid no ha conseguido llegar a los objetivos reales de la temporada. El conjunto entrenado por ‘Rubi’ no solo ha sido una opción irreal y poco convincente para el ascenso a la Liga BBVA, sino que ha llenado el vaso, ya de por sí casi lleno, de la paciencia de la afición blanquivioleta. Los jugadores y el cuerpo técnico no han estado en su mejor nivel y no han servido ni los cambios tácticos ni los refuerzos invernales e ilusionantes que llegaron al club en enero. Fútbol rácano, pocos recursos de cara a cambiar un rumbo equivocado y apatía en muchas de las piezas que a priori parecían las que darían alas al proyecto deportivo liderado por ‘Rubi’.

El equipo deberá ser un ejemplo de autocrítica y de revolución

Una temporada que ha terminado (al fin) y el equipo deberá ser un ejemplo de autocrítica y de revolución. Se hace vital elegir un modelo y un entrenador que se adapte a él y a partir de ese punto, ser capaces de elaborar una plantilla asequible para las aspiraciones del conjunto pucelano y para sus posibilidades en torno al bolsillo. Parece complicado que sin ideas claras y sin una plantilla confeccionada por el líder técnico de la nueva manada vallisoletana, el Real Valladolid logre conseguir sus metas. Se cierra una etapa y se abre otra en la que directiva, cuerpo técnico y plantilla deberán ir a una para que la afición recobre las ganas de ponerse de nuevo la elástica albivioleta y subir a Zorrilla a gritar por la victoria.

Fuente: Real Valladolid

Buenos ingredientes, mal cocinero - Pablo Merino

Fracaso. Es la palabra que mejor diagnostica la raquítica temporada del Real Valladolid. Decepción hubiese sido si el equipo se queda a las puertas del ascenso haciendo un juego, al menos, aceptable. Cuando en ningún partido se ha vislumbrado un ápice de ganas, es entonces cuando el mejor calificativo es la palabra fracaso. Empezando por el entrenador, que no supo controlar a un grupo heterogéneo, irregular y poco comprometido; y terminando por el propio grupo, que, a excepción de 'los cumplidores' – véanse Álvaro Rubio, Marc Valiente, Varas, Hernán Pérez y Roger -, el resto no llegó al nivel requerido para hacer de su escuadra una escuadra de élite.

El mejor calificativo es la palabra fracaso

Ahora se debe mirar hacia delante y focalizar los esfuerzos en hacer un proyecto de futuro, con un entrenador contrastado y duro, que sepa poner límites, que sea seguro en lo que dice y hace, y además, tenga las cosas claras. Valladolid no quiere disculpas ni buenas palabras, y a diferencia de lo que se piensa, este año no ha pedido a llantos el ascenso. Valladolid tan solo quiso una pizca de azúcar que edulcorase los partidos en los que Morfeo pudo con la escasa afición que se acercó a Zorrilla, un chisquero que avive el alma de unos jugadores inanes y el de un entrenador tan metodológico y calculador que se olvidó de lo que verdaderamente significa el fútbol.

Fuente: Real Valladolid

El mejor fichaje, la recuperación de Roger - Pedro Parra

Ya ha pasado más de un año desde que el Pucela consumara su descenso al infierno de Segunda División. Sin duda, ese batacazo supuso un auténtico jarro de agua fría para la parroquia blanquivioleta, que tuvo que asimilar el fracaso del proyecto encabezado por Juan Ignacio Martínez y la salida de pilares del equipo como Javi Guerra, Víctor Pérez, Ebert (que se fue en el mercado invernal), Rukavina o Larsson, entre otros. La llegada de Rubi, la incorporación de Braulio Vázquez en la dirección técnica y el fichaje de jugadores con experiencia a nivel internacional como André Leão, Mojica, Javi Varas o Chica hacía pensar que los vallisoletanos serían capaces de regresar al Olimpo del deporte rey a nivel nacional.

La decepción se ha instaurado en la capital de Castilla más de un año después

Lo cierto es que el Real Valladolid ha tenido fases de la temporada en las que ha practicado un buen fútbol, quizá no tan vistoso como en la época de Miroslav Djukic, pero contando con una gran eficacia arriba merced a la velocidad de Mojica, Bergdich (que se iría cedido al Genoa italiano en enero) y a la magia de Óscar González, de largo el mejor de la campaña en lo que alude a los futbolistas de campo. El conjunto albivioleta se reforzó muy bien, al menos a priori, en el periodo invernal de fichajes para aspirar al ascenso de forma directa, todo ello con motivo de las incorporaciones de jugadores del nivel de Jonathan Pereira o Hernán Pérez, además de Raúl Fernández para suplir la baja de Dani Hernández y de Túlio de Melo para contar con un ariete poderoso, algo que tan de moda está en la actualidad en esto del balompié.

Aunque, a la larga, se ha demostrado que el mejor fichaje del Pucela ha sido la recuperación de Roger para el tramo final de la campaña, si bien es cierto que la lesión que le mantuvo alejado de los terrenos de juego durante más de seis meses ha mermado mucho la capacidad del valenciano para aportar un plus aún mayor a los suyos. La decepción se ha instaurado en la capital de Castilla más de un año después del varapalo sufrido a raíz del descenso vivido con Juan Ignacio. Puede que el fracaso no haya sido tan estrepitoso como el que sucedió de la mano del técnico alicantino, pero no cabe duda de que el experimento de Rubi ha defraudado mucho tanto a propios como extraños, sobre todo teniendo en cuenta la buena trayectoria que avalaba al míster catalán en su periplo en el Girona. No obstante, como muy bien dice el refranero popular, "caerse está permitido, levantarse es obligatorio".

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