La Undécima ya es Real

Él ya fue el héroe de la Décima. El hombre del minuto 92:48. El objetivo de las miradas cuando de hacer gol en una final se refiere. En Lisboa, en el Mundial de Clubes, y ahora también en la consecución de la Undécima Copa de Europa por parte del Real Madrid. Nadie antes de la final de San Siro ante el Atlético de Madrid tiene tantas Champions como el conjunto blanco, y así seguirá siendo durante bastantes temporadas más.

Sergio Ramos golpeó de nuevo

Si en 2014 Sergio Ramos consiguió su gol en la recta final del encuentro, en esta ocasión lo hizo al inicio del mismo. Ya avisó en dos ocasiones el Madrid en el inicio, y en el minuto 15 el camero consiguió convertir en gol una prolongación de cabeza de Gareth Bale al lanzamiento de falta de Toni Kroos. Un sutil toque del sevillano que desataba la euforia de la afición madridista, que veía así como la historia de Lisboa no se repetiría, al conseguir ponerse por delante en el marcador.

Sergio Ramos ha conseguido marcar en las dos últimas finales de Champions, las dos ante el Atlético de Madrid

El estado físico se veía afectado por el paso de lo minutos. Cuanto más avanzaba el reloj, más les afectaba a los futbolistas de ambos conjuntos correr en busca del balón, proteger la defensa o armar un contragolpe. Pesaba el esfuerzo, pero también la responsabilidad. Zinedine Zidane jugaba su partido, buscando reducirlo a 90 minutos y empleando los dos cambios - sin contar el obligado por Danilo en el lugar de Carvajal - rápidamente y en un lapso corto de tiempo.

En el minuto 74 ya se había quedado el galo sin posibilidad de cambiar el partido desde la banda con nuevos jugadores, y a falta de poco más de diez para finalizar el partido, el Atlético encontraba la red de Navas, que recibía gol por segunda vez en los 13 partidos que había disputado en lo que iba de competición continental. El cuadro merengue había tenido ocasiones claras en las botas de la BBC, desacertada de cara a gol. Ni el mano a mano de Benzema - escorado - con Oblak, ni posteriormente el remate a bocajarro de Cristiano que también detuvo el esloveno, y tampoco para cerrar los diversos intentos de Bale, el más activo y acertado de los tres, a los que respondió en última instancia incluso Savic, bajo palos, cuando ya se cantaba el gol.

Con Benzema en el campo, y los otros dos integrantes del trío con evidentes problemas físicos, el Madrid podía haber estado tentado de no atacar, de no aventurarse y buscar la prórroga; de darle al Atlético la bola y dejarse llevar hasta los penaltis. Pero en la prórroga no sucedió nada parecido a eso. Al contrario, su ADN, el ADN blanco se lo impide. Los madridistas fueron el único equipo que en el tiempo extra buscó sumar un nuevo gol, siempre con la idea de dominar a través de la red y no de echarse atrás. Con Cristiano y Bale cojeando, pero aún así respondiendo a la exigencia de ser las estrellas, la suerte no acompañó y el colegiado decretó el final.

ADN ganador

Los penaltis convertían la resolución del campeonato en una ruleta. Los dos guardametas habían realizado buenas intervenciones durante el partido, y se convertían de nuevo en protagonistas, aunque a la postre ninguno de los dos tocó balón en la tanda. El Atlético ya había fallado un penalti en el transcurso del encuentro, y falló otro más, el decisivo en definitiva. El héroe colchonero ante el PSV no fue tal en San Siro, y Juanfran se topó con el palo en su golpeo, aunque Navas se había tirado de manera magnífica por si el poste no detenía el lanzamiento.

Juanfran falló el penalti decisivo, y luego Cristiano no perdonó para hacer campeón de Europa al Real Madrid

Cristiano era el encargado de definir. Se acercó al punto de penalti, cogió el balón, lo mimó, y lo puso en la red. Se rompió la camisa el portugués, mostró su musculatura y celebró junto a sus compañeros. Arbeloa el primero en llegar, y Pepe el último en marcharse del lado de su compatriota. Lloraba el central en el pecho del de Madeira, que antes de acudir al palco volvió a gritar a la grada, espoleando a los suyos.

Uno tras otro, todos los jugadores blancos se dirigieron hacia la zona noble, abrazando a Florentino Perez, que les esperaba junto al Rey Don Felipe VI y Ángel M. Villar, que sería el encargado de darle la Copa de Europa a Sergio Ramos. La primera vez del sevillano levantando un título al cielo. La Undécima vez que el Real Madrid lo hace en Europa.

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