Al son de las estrellas
Sergio Rico seguido de Kjaer y Lenglet en la salida de los equipo al campo // Foto: SFC

Ya contra el Leganés se pudo ver a un Sevilla que salió a hacer un partido serio y conseguir como fuera los tres puntos. Pero lo que demostró ante el Spartak es que ya se están tejiendo las redes de un equipo serio.

Para ser exactos, hasta el gol visitante en el minuto 78 el Sevilla fue claramente superior. No le hizo falta tampoco retener todo el partido el balón para que el equipo rival le hiciera daño. Por fin, un partido a la altura de un equipo Champions como es el Sevilla.

Volvió Éver

Desde que regresó al conjunto de Nervión no había cuajado ningún partido tan bueno como los que dejó en su última temporada. Hemos tenido que esperar a noviembre para ver a un Banega capaz de tomar las riendas del equipo y darle ese toque de calidad que le hace falta a este equipo para que pueda ganar los partidos. 

Esta vez sí tuvo paciencia y rapidez a la hora de jugar con el balón en los pies. No se le vio como en anteriores partidos en los que no acertaba bastantes pases o se hacía un lió con el balón. Ésto es claramente lo que necesita el Sevilla, un jugador que cree jugadas y que las finalice también. Y es que el medio argentino dispuso de la primera ocasión tras un gran pase de Sarabia que le dejó solo ante el portero, pero Éver mandó el balón a escasos centímetros del palo largo Selikhov.

Era un partido exigente para el Sevilla, necesitaba ganar sí o sí porque si no las opciones para jugar los octavos de la máxima competición europea se vería mermadas. El equipo ruso aguardaba atrás alguna contra que le pudiera dar goles como ya se los dio en el anterior partido donde sufrió el Sevilla la segunda peor derrota en la Copa de Europa.

Todo se encarriló en el minuto 30 gracias a un gran centro del rosarino que remató Lenglet para hacer el primero de la noche. Después del gol se pudo ver a un Spartak que tuvo más el balón, pero los locales no sufrieron ya que el centro del campo funcionó a las mil maravillas. Tras un buen partido de la pareja Pizarro-N´Zonzi el sábado, llegó su gran partido conjunto y encima en partido de noche europea. Consiguieron que el centro del campo no fuese un coladero para los rivales ya que, en anteriores partidos los rivales avanzaban con facilidad hasta llegar a la defensa.

En la segunda mitad todo siguió su orden. Un Sevilla liderando el partido y generando ocasiones. Así, en el 59´llegó el golazo de Banega para redondear su partido. Otra vez, apareció su mejor socio como fue Sarabia para servirle una asistencia, aunque el mérito del gol es pegarle como le pegó el argentino. Con su zurda coló el tiro desde la frontal del área por la escuadra izquierda rusa para deleite de su afición.

Banega celebra su gol // Foto: SFC
Banega celebra su gol // Foto: SFC

Los minutos finales pudieron ser claves

Cuando quedaban apenas unos 20 minutos apareció el conjunto ruso. Se hicieron con la pelota y lograron generar peligro. Pero el aficionado se preguntará el por qué de esta bajada tan grande de nivel. La respuesta es fácil. En los minutos 74 y 77 se sucedieron los cambios de Sarabia y Banega, respectivamente. Lógicamente no fueron cambios que quiso hacer Berizzo por gusto, fueron por unas molestias que sufrieron ambos jugadores y por lo que pidieron el cambio. 

Se le fueron dos jugadores claves y eso lo aprovecharon a la perfección los rivales. Gol el 78´de Zé Luís para meter el miedo en el cuerpo a la hinchada sevillista. Hay que decir que las ocasiones no fueron las más claras del mundo (obviando el gol), pero fue preocupante el bajón que sufrió el Sevilla tras ambos cambios. Ni Krohn-Dehli es el sustituto natural del rosarino, y más si cabe en un partido de tal envergadura, ni Navas está al nivel de Sarabia. 

Y es que el madrileño no solo jugó por banda. Estuvo en constante movimiento por todo el campo, en especial movimientos hacia dentro. De esa manera asistió a Ben Yedder ante el Leganés para su gol y le sirvió un gran pase a Banega para la primera ocasión del partido. Pero no estuvo solo, el punta galo le fue de ayuda para darle más libertad a Pablo ya que, Wissam no paró en todo el partido de desmarcarse y tirarse a banda según los movimientos del ex del Getafe.

Al final, todo llegó a buen puerto. El Sevilla ganó y se posiciona segundo. El partido decisivo será el 21 de este mes en Nervión ante el líder, el Liverpool. Pero hasta ese día tocan dos grandes piedras por el camino: Barcelona fuera y el Celta en casa. Dos partidos de nivel para seguir mejorando.

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