Cinco goles de oro
Foto: Daniel Nieto VAVEL

Sangre nueva en Chamartín. Al Real Madrid le acaban de renovar las ruedas como si de un monoplaza de Fórmula 1 se tratara. Ahora va más rápido. Ahora va más seguro. El Sevilla ha querido convertirse en esa losa de cristal que ha sido destrozada por Asensio, Cristiano, Benzema y compañía. Por el rival, por la necesidad, y por la fecha en la que se produce. Zidane coge aire hasta nuevo aviso. Y el Bernabéu también. Hacía mucho tiempo que el anfiteatro blanco no disfrutaba de un partido así.

Sobre todo porque ya desde el primer minuto comenzó a mostrar lo que se venía. Bueno, desde el segundo. Córner botado por Kroos que termina en tierra de nadie, y Nacho, que pasaba por allí, aprovechó para introducir el balón en la portería de Sergio Rico e inaugurar el electrónico. Parecía que se venía un tsunami en forma de fútbol merengue. Una ola de once jugadores ansiosos de lograr una tarde plácida en La Castellana. Y lo iban a lograr, pero antes Éver Banega quiso dejar su huella. El argentino decidió comandar el encuentro durante unos veinte minutos. El tiempo en el que realmente estuvo el Sevilla dentro del terreno de juego. Porque el resto fue un monólogo.

Una obra de teatro impulsada por el mayor malabarista que colocó "Zizou" en el once inicial: Asensio. El mallorquín recogió la pelota en el centro del campo, se marchó de dos en conducción, y dirigió un pase milimétrico para que Cristiano solo tuviera que definir ante el portero sevillista. 2-0 y no habían pasado ni veinticinco minutos. Ahora sí que empezaba la fiesta. La verdadera diversión. El verdadero partido. 

El propio Asensio, incrustado en banda izquierda en un 4-4-2 que alineaba el Real Madrid, se divirtió con Marcelo, su mayor socio. Ambos provocaron el penalti de Lenglet por manos que, cómo no, transformó CR7 para dibujar su primer doblete de la temporada en Liga. Hasta la jornada quince hemos tenido que esperar para ver una versión goleadora del portugués. Mucho tiempo.

Y con un Madrid entonado, nacen cosas. Aparece el Modric más inspirado de toda la campaña. Aparece un Benzema participativo. Vallejo. Nacho imperial. Incluso Kroos decidió romper con un cambio de ritmo a Pizarro, abrir el esférico para Lucas Vázquez en banda derecha, y enviar el balón a la red con el centro del gallego. Gol no típico del alemán, pero que vale igual. Y se celebra igual. El graderío de Chamartín no se creía lo que estaba viendo. 4-0 contra todo un Sevilla en 40 minutos, cuando este curso se ha sufrido en casa hasta con el Fuenlabrada. Así es el fútbol.

Seguro que el técnico francés del cuadro merengue, ya no vuelve a hablar de la falta de gol. Porque si algo no le ha faltado hoy a los suyos, es pegada arriba. Entraba todo. Hasta el propio Achraf, después de recibir un pase de Benzema, se encargó de colocar la manita en el luminoso. Debut goleador del joven marroquí y Sergio Rico volvía a recoger un balón dentro de su portería. Mala tarde para ser el guardameta del cuadro hispalense hoy.

El descanso llegó y con él, implícitamente, el final del duelo. La segunda mitad solo fue relevante para Ceballos, Marcos Llorente e Isco, que disfrutaron de minutos con el partido ya sentenciado. También para las ovaciones. Zidane decidió sacar del verde a Cristiano Ronaldo. Y los aplausos para el reciente "The Best" y ganador de su quinto Balón de Oro (lo expuso ante toda la afición justo antes del pitido inicial) fueron inmensos. Unanimidad CR7. El Madrid y su afición se tienen que acoger a ella. Si quieren lograr algo esta temporada, el astro portugués tiene que anotar muchos goles. Y Cristiano anota muchos goles, cuando está contento. Fácil relación de causa-efecto. Veremos si se cumple la ecuación esta vez. Nunca es demasiado tarde

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