Entrevista a Joan Capdevila: "La suerte en momentos clave es fundamental"
Fotomontaje: Santiago Arxé (VAVEL)

Joan Capdevila Méndez (Tárrega, 1978) llegó al primer equipo del RCD Espanyol en 1998 procedente de las categorías inferiores. En su segunda temporada de blanquiazul, y tras convertirse en fijo de la zaga, recibe la llamada del Atlético de Madrid. Una vez pasado el descenso del conjunto colchonero, firma por el RC Deportivo de La Coruña, allí es protagonista del Centenariazo y vive la gesta de Champions contra Milan de Carlo Ancelotti. Tras siete temporadas en el conjunto gallego, decide hacer las maletas rumbo al Villarreal CF. A su vez, estaba empezando a hacer historia con la selección española. Partícipe de la época dorada del fútbol español, fue pieza clave en la consecución de la Eurocopa y el primer y único Mundial en la historia de España. Un ejemplo de trabajo y constancia que consiguió cumplir el sueño de todo niño.

Pregunta. Cuando dejó el fútbol manifestó en varias ocasiones que estaba muy contento con su carrera, pero, de una forma u otra, siempre ha hecho referencia a la importancia que había tenido el factor suerte en su trayectoria. Sus inicios fueron en el equipo de su ciudad, el UE Tárrega. ¿Desde pequeño quiso ser futbolista? ¿Cómo fue dejar su casa para, muy joven, pasar a formar parte de la cantera del Espanyol?

Respuesta.  Era un sueño, pero nunca pensé en dedicarme al fútbol. Uno siempre lo imagina pero lo ve inalcanzable. Fue muy fuerte pasar de Tárrega a una gran ciudad como Barcelona. El momento en el que me di cuenta de que había llegado a un club profesional fue cuando vi que algún día podía dar el salto al primer equipo. Me preparé muy bien por si se daba la oportunidad, y así fue. En un partido frente al Athletic de Bilbao, Brindisi me llevó convocado y pude debutar. Estuve en una nube, no supe muy bien lo que me estaba pasando hasta que jugué varios partidos en Primera.

P. Si salimos a la calle y preguntamos por Joan Capdevila, nos hablarán de un lateral cumplidor, de uno de los artífices de los éxitos más recientes de la selección española, de la eterna sonrisa, de uno de los más cómicos de todos los vestuarios por los que pasó. Pero todo tiene un comienzo, y el suyo dio el pistoletazo de salida en las posiciones de ataque (punta, extremo e, incluso, mediocentro). ¿Cómo fue la reconversión al lateral izquierdo?

"Nada más empezar en el fútbol me metí un gol en propia"

R. Son cosas que pasan, también le ha ocurrido a Jordi Alba, Sergio Ramos… Yo empecé de delantero y me fueron echando para atrás cuando vieron que no me daba para estar arriba [risas]. Llegué al juvenil del Espanyol como extremo y no fue hasta los veinte años cuando empecé de lateral. Cuando comencé a jugar en el Tárrega, con cinco o seis años, sucedió una anécdota muy buena. Nada más llegar, el entrenador me dijo: “¿Tú de qué juegas?”, a lo que contesté: “¡Pues, no lo sé!”. Me metió de central, como mi padre, y en la primera jugado anoté un golazo por la escuadra, pero en mi propia portería. Lo primero que me soltó el míster fue: “Tú para central no sirves, venga, para arriba a meter goles”. Y no se me dio mal. En infantiles, en una temporada, marqué cincuenta y cuatro goles.

P. Como miembro del primer equipo del Espanyol, en su primera etapa, consiguió encadenar 29 encuentros en Primera División, destacando positivamente en cada uno de ellos. Al finalizar la temporada, el Atlético de Madrid se fijó en su potencial y pagó ochocientos millones de las antiguas pesetas para hacerse con sus servicios. Los aficionados periquitos no se tomaron demasiado bien su decisión… ¿por qué se decantó por el conjunto de la ribera del Manzanares?

R. El Atlético de Madrid pagó la cláusula y me marché pues creía que, de alguna manera, era una progresión. Sin embargo, si el Espanyol hubiese igualado la oferta no me hubiera ido. En ese momento el conjunto perico necesitaba el dinero y fue una buena operación para las dos partes. Al final, gran parte de la Quinta de la Intertoto -en referencia al torneo de 1998- se tuvo que ir también; incluso Tamudo estuvo a punto, solo le faltó pasar una prueba médica.

P. El equipo madrileño venía de ganar un histórico doblete cuatro años antes de su llegada. Compartió vestuario con figuras como Hasselbaink, Juninho, Baraja, Solari… era un plantel para pelear por cotas altas. Sin embargo, en ese año 2000, una serie de inesperados acontecimientos produjeron el descenso del equipo. Pérdida de categoría que se materializó en el Carlos Tartiere. El Oviedo se puso dos tantos por encima en el marcador, pero apareció usted para darle alas a los colchoneros, anotando el 2-1 que servía para recortar diferencias. Hasselbaink consiguió la igualada y, posteriormente, gozaría, desde el punto fatídico, de la opción de llevarse los tres puntos al Calderón. Pero erró la pena máxima. El colegiado Prados García pitaría el final del encuentro, certificando matemáticamente que el Atlético de Madrid jugaría en Segunda División. Fueron momentos muy duros para los jugadores y la afición, ¿cómo vivió a nivel personal ese descenso?

Joan Capdevila en su etapa en el Atlético de Madrid // Atlético de Madrid

R. Es, sin duda, la espinita que tengo clavada. Me tocó vivir la otra cara del fútbol. En teoría era un equipo construido para luchar por entrar en Europa. Las cosas se torcieron: hubo intervención judicial en el club, problemas internos... todo se juntó y vivimos el infierno de descender a Segunda División. Yo lo viví con veintiún años y me sirvió para crecer.

Recuerdo que el viaje de Oviedo a Madrid fue muy dramático. Al llegar la afición nos apedreó el autobús. Lo que está claro es que los jugadores no dimos la talla esa temporada. Llegas a pensar que no vales para el fútbol, valoras la posibilidad de abandonar. Todos estábamos hundidos aunque, en mayor medida, los atléticos de corazón como Kiko, Toni, Aguilera...

P. Aunque el descenso haya sido el varapalo más duro de su carrera, el fútbol le tenía guardada una segunda oportunidad para seguir brillando en la Liga de las Estrellas.  El 14 de julio del 2000 saltó la noticia en Abegondo. El Deportivo de La Coruña se aseguraba que Valerón y usted, Joan, siguieran compartiendo vestuario. Ese mismo día Augusto César Lendoiro confirmaba también el pase de Catanha por 2.500 millones de pesetas. Estos no fueron los únicos movimientos ya que Molina aterrizaba también en A Coruña. Junto a ellos nombres de la categoría de Mackaay, Diego Tristán, Mauro Silva, Donato… el Súper Dépor empezaba a carburar con Irureta a los mandos del navío gallego. Tras los primeros entrenamientos con sus nuevos compañeros, ¿vio realmente el potencial que había en esa plantilla?

R. Por supuesto. Teníamos dos por puesto y no sabías si era mejor el titular o el suplente. De hecho, con ese Dépor jugamos cinco años consecutivos la Liga de Campeones, algo impensable a día de hoy. ¡Conseguimos dos subcampeonatos de liga!

Jugar al lado de Tristán, Valerón, Mackaay, Víctor, Fran, Donato… solo recordarlo se me pone la piel de gallina. Fue una época dorada que me tocó joven: viajar por Europa, estadios míticos… más todo lo que ello conlleva, claro. Me ilusionaba mucho.

P. En esa misma campaña, Joan Capdevila debutó en unos Juegos Olímpicos, concretamente en los de Sydney. Tras superar la fase de grupos y eliminar a Italia en cuartos y a Estados Unidos en semifinales, España selló su billete al último escalón del campeonato. La final se jugó contra la Camerún de Eto’o, Kameni y Geremi. Tras un 2-0 muy favorable, la segunda parte se hizo muy cuesta arriba y el físico africano se impuso, consiguiendo empatar el partido. Solamente la suerte de los penaltis separó al combinado nacional español de conseguir un oro histórico. ¿Cómo resumiría la experiencia de estar en unos JJOO y perder la final de esa manera?

"Perder la final de los JJOO tuvo un sabor agridulce"

R. Teníamos una generación muy importante. Me recuerda a la actual sub-21, estábamos destinados a marcar una época. Los JJOO fueron una experiencia magnífica, nos plantamos en la final sin que nadie apostara por nosotros. Fue una lástima perder en los penaltis cuando íbamos ganando 2-0. Imagínate ahora mi palmarés con un Oro Olímpico, Mundial, Eurocopa… sería perfecto. Pero, como dice mi madre, todo no se puede tener [risas]. Al final, sabor agridulce ante una selección muy profesional como Camerún, que aparte de ser muy fuerte físicamente, contaba también con mucha calidad en algunos de sus jugadores. Se nos puso muy complicado a raíz de la prórroga, nos habíamos quedado con nueve jugadores. Pero bueno, nunca olvidaré la experiencia. Vivir unas Olimpiadas es algo único.

P. Después del Mundial de Corea y Japón 2002, recordado por el famoso árbitro  Gamal Al-Ghandour que apeó a España en cuartos frente a la selección de Corea del Sur, empezaría una nueva época en la selección. Camacho daba paso a Iñaki Sáez como seleccionador. Las buenas temporadas cosechadas con el Deportivo de La Coruña, sumado a sus intervenciones con las categorías inferiores, hicieron posible su sueño de ser internacional absoluto. Un amistoso frente a Paraguay serviría para empezar la transición de España. En el descanso, el entrenador vasco, hizo un quíntuple cambio. Entre ellos, el Noi de Tárrega sustituía a Raúl Bravo y disputaba sus primeros minutos con la absoluta. El partido concluyó con empate a cero. ¿Cómo recuerda el 16 de octubre de 2002?

R. Un sueño, ¿no? Es algo que a lo que solo llegan los elegidos. La oportunidad que me dio Iñaki en Logroño fue inolvidable. En ese momento vuelves a darte cuenta de que los sueños pueden cumplirse. La suerte también tiene que ver. Tienes que  llegar en el momento adecuado, hacerlo bien, que el entrenador te conozca…

P. Sin dudarlo, si hablamos de la historia del Deportivo de La Coruña, hay que comentar lo sucedido el 6 de marzo de 2002. El Real Madrid cumplía 100 años de su fundación y, como regalo de cumpleaños, la RFEF estableció que la sede de la final de la Copa del Rey sería el Santiago Bernabéu. El conjunto madrileño llegaba a la final como el gran favorito, pero enfrente esperaba un conjunto gallego que tenía ganas de pasar a la posteridad. Sin miedo alguno, el conjunto blanquiazul se colocó 0-2 en el marcador, con Sergio y Diego Tristán como autores de los goles. Solo Raúl pudo hacer soñar con el empate, opción que no se produjo. El Deportivo conseguía así, en el feudo blanco, su segunda Copa del Rey. ¿Qué fue lo primero que pensó al levantar la Copa en el Santiago Bernabéu y ver al Real Madrid con la medalla de subcampeón?

"El Centenariazo es un recuerdo imborrable"

R. Eso no se olvida. Parecía una final preparada para el Real Madrid, en la cual nosotros éramos meros invitados a la fiesta. Nos llevamos una Copa muy merecida, hicimos un partido compitiendo a gran nivel, desde el minuto 1 hasta el 90. Me impactó ver al Rey dándole la Copa a Fran. ¡Ganamos al Real Madrid en el Bernabéu! Un título más para la afición. Veías a la gente contenta yendo a trabajar, a la escuela. Son recuerdos imborrables.

El RC Deportivo de La Coruña celebrando el Centenariazo en el Santiago Bernabéu | Foto: RC Deportivo de La Coruña
El RC Deportivo de La Coruña celebrando el Centenariazo en el Santiago Bernabéu | Foto: RC Deportivo de La Coruña

P. Aunque por aquel entonces no vestía de blanco, en La Suerte, su biografía, cuenta alguna anécdota con David Beckham...

"En vez de decirle a Beckham be careful, le dije beautiful"

R. La primera anécdota fue tras un choque entre ambos. Me salió una caspa en la barbilla y estuve toda la semana afeitándome cada día para que, al preguntarme la gente, contestar que había sido Beckham con quien me había dado el golpe [risas]. En otra ocasión, le pregunté a mis compañeros cómo decirle un insulto en inglés, y me dijeron: “Be careful” (ten cuidado). En vez de eso, en un lapsus, terminé por esgrimirle un “beautiful” [risas].

P. Pero las grandes noches deportivistas no concluyen en el Santiago Bernabéu, ni mucho menos. La sombra del super-Dépor se alargaba y todavía quedaba una gesta histórica en competición europea. Los grandes conjuntos siempre dejan marcada su huella en la Copa de Campeones, y así fue. Después de perder en San Siro 4-1, en la ida de los cuartos de final, ante el Milan de Carlo Ancelotti, quedaba el partido de vuelta en Riazor. Ya lo manifestó Irureta: “Si pasamos haré el Camino de Santiago”, ¡Y vaya si tuvo que hacerlo! Una noche mágica, 4-0, y la sensación de que pudieron ser muchos más. Todavía queda grabado en la retina de los aficionados el gol de cabeza de Valerón entre Maldini y Nesta. ¿Cómo vivió, fuera del campo, ese histórico partido? ¿Cómo ve la situación actual del Dépor?

R. Fue inolvidable. Venir de perder 4-1 allí y darle la vuelta al marcador fue increíble. En la vuelta en casa se respiraba otra energía. La gente estaba enchufada, había una conexión muy positiva con la afición. Se notaba que algo grande iba a suceder. El día siguiente, te aseguro que nadie fue a trabajar [risas]. Como te decía, dar alegrías a la gente es algo muy gratificante.

Ese partido todo el mundo lo quería jugar. Yo siempre he sido un jugador de equipo, cuando se me necesitó ahí estuve. Al final, los que ganan y pierden son los equipos, no los jugadores. Todos éramos importantes.

Ahora el Dépor sufre una situación muy complicada. Pero verás que en el tramo final, el Deportivo y la UD Las Palmas van a apretar para ser, al menos, el cuarto peor de la categoría.

P. Lástima que el Oporto de Mourinho se cruzara en las semifinales. Después de llegar con la autoestima por las nubes, cayeron derrotados. Deco ponía la magia, Jorge Costa y Carvalho la seguridad defensiva, Derlei los goles… ¿Qué sensación le dejó el equipo portugués?

R. Fue una pena, estábamos a un pasito, y más tras el 0-0 en Do Dragao. En casa acusamos las bajas de Andrade y Mauro Silva. Con ellos dos la situación hubiera cambiado. Era un equipo típico de Mourinho, muy compacto, unido… No pudimos anotarle ningún gol en 180 minutos. Fue justo vencedor de la Champions.

P. Tras siete temporadas en el conjunto gallego y 213 partidos, decide no renovar con la entidad presidida por Augusto César Lendoiro. Alcanzando su madurez futbolística, y a la edad de 29 años, decide hacer las maletas rumbo al Villarreal. Allí compartiría vestuario con una plantilla histórica: Riquelme, Pires, Nihat, Diego López, Cazorla, Senna… Todos ellos liderados por Manuel Pellegrini. Pero aun así, también tuvo ofertas para cambiar de país. Inglaterra, Italia, Francia… eran muchos conjuntos los que demandaban su nombre para ocupar el carril izquierdo, ¿tuvo ofertas interesantes de alguna otra liga? ¿Por qué se decantó por el Villarreal?

R. Tuve ofertas del Betis, Levante, se habló de la Juventus… pero yo quería seguir en España. Me decanté por el Villarreal porque, para mí, era el club más serio. La verdad es que acerté. Viví cuatro años estupendos. Encima, me coincidió con la época dorada de la selección. También jugué dos años la Champions y dos años la Europa League. Todo fue perfecto.

P. En paralelo a su etapa en el Villarreal, empieza a coger más protagonismo con la selección española, convirtiéndose en un fijo después del Mundial de Alemania 2006, donde España cayó eliminada ante Francia. De la mano de Luis Aragonés se convirtió en el dueño del lateral izquierdo, situación que lo hizo debutar en la Eurocopa 2008, celebrada en Austria y Suiza. Después de realizar un campeonato fabuloso, la Roja conseguía meterse, veinticuatro años después, en una final. Esta vez tocaba Alemania. Decía Luis Aragonés que solo iban a hacer fiesta si ganaban, y vamos que se hizo fiesta. 0-1 y campeones de Europa. ¿Cómo se veían antes de comenzar la cita europea?

R. Luis Aragonés apostó por hacer un vestuario más que por los nombres y ahí están los resultados. Éramos todos muy amigos, la convivencia era extraordinaria. Disfrutamos muchísimo de esa Eurocopa, creo que más que en el Mundial, jugamos mucho mejor.

No nos veíamos favoritos. Fuimos a Austria recibiendo palos por todos lados. Teníamos a la prensa y a todo el mundo en contra y allí fue cuando cambió todo. Empezó con lo de “¡podemos, podemos!”, y nos plantamos en cuartos, donde rompimos contra Italia la dichosa barrera del maleficio. A partir de cuartos fue disfrutar. El partido en semifinales contra Rusia fue el mejor partido con diferencia.

Alineación de España en la final de la EURO 2008 | Foto: Shaun Botterill/Getty Images Europe
Alineación de España en la final de la EURO 2008 | Foto: Shaun Botterill/Getty Images Europe

P. Las siguientes temporadas a la Eurocopa el Villarreal seguía de dulce. El conjunto castellonense apostaba por un fútbol de toque, con similitudes al de la Roja, que además era eficaz. Era extraña la temporada en la que los amarillos no estuvieran en los bombos de las competiciones europeas. Cabe recordar que antes de la cita en Austria y Suiza, el Submarino Amarillo cosechó un segundo puesto, posición que rubrica la mejor clasificación en Primera del conjunto amarillo. ¿Cuál fue el momento en el que usted empezó a ser consciente de la magnitud que el nombre de Joan Capdevila estaba cogiendo en el panorama futbolístico?

R. Quizás llegue al punto más alto. Tenía 30 años, tenía experiencia, veteranía… estaba en plenitud de todo. Era el mejor año físicamente de mi carrera. Encima, coincidió con el mejor Villarreal y la mejor España. Yo solo quería disfrutar y que no se acabase nunca.

P. Con la consecución de la Eurocopa se quemaba una etapa en la selección y nacía otra. La llegada de Del Bosque al banquillo mantenía la naturaleza que había heredado de Luis Aragonés y, a pesar del cambio de técnico, la vitola de titular la seguía manteniendo. Con Vicente fue el jugador más utilizado en la clasificación hacia el Mundial. ¿Qué influencia tuvo, para usted, pasar de Luis Aragonés a Vicente del Bosque?

R. Fue una etapa sin muchos cambios, Del Bosque introdujo algún retoque pero no modificó la estructura de la selección. Prácticamente seguimos en la misma línea, no notamos mucho el cambio.

P. La derrota ante Suiza en el primer partido de la fase de grupos del Mundial de Sudáfrica 2010 hizo pensar en los peores pronósticos. La lesión de Iniesta, las críticas de la prensa a Busquets, Iker Casillas cuestionado… fueron tres días muy duros antes de enfrentarse a Honduras. Pero ahí salió el alma de la selección. Ante Chile había que ganar para pasar y se consiguió. La seguridad defensiva y el acierto de David Villa hicieron que España debutase en una final de un Mundial. Mismo resultado de 1-0 ante la Portugal de Cristiano Ronaldo, una Paraguay muy bien trabajada tácticamente y la subcampeona de Europa, Alemania. Estadio Soccer City, Johannesburgo, 11 de julio del 2010. La resolución la sabemos todos de memoria: el balón llega a Iniesta que se planta solo ante Stekelenburg… ¿Cómo recuerda esa jugada? ¿Qué supuso a nivel individual la consecución del Mundial 2010? Y, desde otra perspectiva, díganos la verdad ¿consiguió sacarse la foto con Shakira?

"Los tres minutos tras el gol de Iniesta fueron los más largos de mi carrera"

R. El problema, o la bendición, fue perder el primer partido ante Suiza. Mejor perder el primero que a partir de octavos. La fortaleza del grupo fue brutal, no teníamos margen de error. La presión que vivimos ante Honduras y Chile, no la había vivido nunca en otros partidos. Cuando nos clasificamos para octavos ganamos mucha confianza, además teníamos a Villa en plan estelar. Eliminamos a Portugal, Paraguay, Alemania… La seguridad defensiva fue muy importante, es normal, estaba yo y era imposible que nos marcaran [risas]. El partido de Paraguay fue el más difícil, y más cuando en el minuto sesenta te pitan un penalti en contra, pero apareció San Iker. Al final, la suerte en momentos clave es fundamental, como la parada a Robben en la final.

En el gol de Iniesta, lo primero que hago es mirar al linier porque todos en el Estadio de Johannesburgo se quedaron mudos. ¿Era gol? ¿En serio? Seguidamente, lo que hago es correr ochenta metros más rápido que Usain Bolt, mientras por el camino me iba abrazando a todo el mundo. Después, los tres minutos que quedaban fueron los más largos que viví dentro de un terreno de juego. No te das cuenta hasta pasados unos años.

A nivel individual es tocar el cielo. Había visto levantar la Copa del Mundo a Maradona, Matthaüs… pero levantarla yo era un sueño. No se puede comentar con palabras.

No me conseguí sacar la foto con Shakira, me hubiera hecho mucha ilusión. Creo que se la sacó Piqué primero [risas].

Joan Capdevila tras ganar el Mundial de Sudáfrica 2010 | Foto: Doug Pensinger/Getty Images Europe
Joan Capdevila tras ganar el Mundial de Sudáfrica 2010 | Foto: Doug Pensinger/Getty Images Europe

P. Desde el punto de vista emotivo, ¿cómo es escuchar el himno en estas citas?

R. Te sientes un privilegiado. Estás representando a un país, eres el elegido entre cincuenta millones de personas. Tienes una responsabilidad brutal. Estás defendiendo deportivamente a España, tienes que hacerlo bien.

P. Un año después de la consecución del Mundial y siendo uno de los jugadores más importantes del Villarreal, decide cambiar de aires. El Benfica, ese mismo año, había vendido a Fabio Coentrao al Real Madrid por un cifra de treinta millones de euros. En lo que fue una operación fugaz para los medios de comunicación, Joan Capdevila cambiaba España por Portugal. Allí se encontraría con cuatro españoles: Rodrigo Moreno, Javi García, Nolito y el guardameta Roberto.

R. Rodrigo está en la selección gracias a mi, yo le he enseñado todo [risas]. Era un conjunto grande; junto con el Atlético, los dos de mayor magnitud en los que he estado. Quería probar otra experiencia, no estaba tan lejos de casa…

P. La nota negativa la tiene los pocos partidos que disputó con la camisa lisboeta, doce concretamente. A pesar de esto, disputó la vuelta ante el Chelsea en Stamford Bridge completando todo el encuentro. ¿Qué recuerdo tiene de esta etapa? ¿A qué motivo achaca la falta de minutos?

R. Ahí hubo un problema. A mi me ficha Rui Costa y Jorge Jesús no sabía nada. Me sorprendió que en un club tan grande pasasen estas cosas. Lo normal es que te fiche el director deportivo junto con el entrenador. Fue un caso muy extraño, aunque tengo un recuerdo muy bueno del club.

P. Su periplo por tierras portuguesas duraría una temporada. En 2012, decide volver a España, concretamente al club que le dio la oportunidad de debutar en Primera División. Aunque desde el Benfica hubo tensión para cerrar el traspaso, una vez confirmado, se sintió muy feliz de volver a casa. El Espanyol, en la anterior campaña, se situó cinco puntos por encima del descenso, que lo marcaba el Villarreal. Usted volvía a Primera División, y lo que son las cosas, el conjunto castellonense ponía rumbo a la categoría de plata del fútbol español. En palabras dichas por usted el día de su presentación, reconoció estar ante el reto más grande de toda su carrera. Usted venía de ganar un Mundial, una Eurocopa, Copas del Rey… ¿Por qué era este el reto de su carrera?

R. Porque ya tenía cierta edad, me daban la oportunidad de estar cerca de la familia, estar en Primera División. Creo que fue una buena decisión. Terminar todo en el club que me dio la oportunidad de empezar pocos jugadores pueden hacerlo.

P.Una vez terminó su contrato en el equipo perico, dos temporadas y 31 partidos después, un lugar exótico le esperaba: la India. Concretamente fichó por North East United. Fue firmado como el jugador franquicia, puesto que en ese mismo año, 2014, se fundó el club indio. Su creador sería John Abraham, un mediático actor de Bollywood. Ricki Herbert, exseleccionador neozelandés, llegaría un mes más tarde. La ISL empezaba su primera edición y ahí estaría usted, pero en la India había más jugadores reconocidos. El Atlético de Madrid colaboró con el Atlético de Kolkata en su desarrollo y allí jugaban Luis García y Borja Fernández, entre otros; en el FC Goa estaba Robert Pires, excompañero suyo en el Villarreal; en Delhi Dynamos, Alessandro Del Piero. Elano, Ljungberg y Trezeguet eran otros de los grandes nombres de la competición. ¿Con qué se queda de esa experiencia? ¿Cómo se vivía el día a día allí?

"Estar en la India fue una cura de humildad"

R. Yo ya estaba casi retirado. Fui de comentarista al Mundial de Brasil y un representante me comentó: “Ey, ¿quieres seguir jugando?, son cuatro meses nada más, prueba”. Y me fui a la India. Eran pocos meses, si es un año no me voy [risas]. Era muy bonito: campos llenos, fuegos artificiales... Muy positivo todo. La parte negativa eran los días, que se hacían muy largos. Vivíamos en un hotel, como una concentración. Aunque, sin duda, lo peor era la pobreza que azota el país. Es una cura de humildad ir y ver cómo viven allí.

P. Quince partidos y un gol después, haría las maletas rumbo a Bélgica. El Lierse SK, colista de la Primera División belga, contaría en sus filas con un campeón del mundo. Su etapa allí no fue muy fructífera, firmó por lo que restaba de campaña, la cual terminó con el descenso a la Segunda División. ¿Qué le atrajo del proyecto?

R. [risas] El hecho de seguir jugando al fútbol. Me gustó conocer culturas diferentes. Allí tengo la mala fortuna de lesionarme del cruzado y entonces me di cuenta de que tenía que dar el portazo. Aunque después me salió lo de Andorra.

P. Su último club fue el Santa Coloma. Los andorranos habían ganado la liga del país pirenaico, lo que les daba el premio de jugar la fase previa de La Liga de Campeones. En primera ronda sucumbieron ante el Alashkert armenio. Un empate a cero en Andorra la Vella, hizo que el resultado de 3-0 conseguido por el representativo de Armenia en la vuelta diluyera las esperanzas del Santa Coloma. Se ponía así punto y final a la larga y maravillosa trayectoria de Joan Capdevila, puesto que ya había anunciado que si no pasaban la fase previa de la Champions League terminaría su carrera como futbolista. ¿Cómo veían a un campeón del mundo jugando en un país de algo más de setenta mil habitantes? ¿Por qué Andorra?

Joan Capdevila en el Santa Coloma Foto: Santa Coloma
Joan Capdevila en el Santa Coloma Foto: Santa Coloma

R. Después de la lesión en Bélgica estuve un año en Barcelona recuperándome. Un amigo me ofreció jugar la previa de Champions, perdimos y me dijeron que me quedara otro año,  y así fue. Ni mucho menos era a nivel profesional, era más como un hobby. Todo era muy familiar, me lo pasé muy bien. Fue una liga muy competitiva. La verdad que el objetivo de disfrutar, lo conseguí.

P. Después de su exitosa etapa como futbolista profesional, se rumoreó que el Espanyol lo quiso incorporar para realizar funciones ejecutivas. ¿Se ha planteado dar el salto a los banquillos?

R. Ahora, en abril, empezaré el curso de entrenador. Sin embargo, mi propósito no es ser entrenador pero, quizá, me gustaría ser ayudante. De cualquier forma, me gustaría seguir vinculado con el mundo del fútbol.

P. Poniéndonos en relación con su libro, ¿los malos también llegan? ¿En serio se consideraba malo?

R. No, malo, no [risas]. La verdad que si veo mi palmarés no puedo considerarlo. Pero no era un jugador top, ni mucho menos; he destacado por mi regularidad, trabajo, entusiasmo… Me sentía satisfecho por ser un jugador de segunda fila. El once de la final del Mundial eran todos Barcelona y Madrid menos yo.

P. Usted era un extremo reconvertido, un lateral con muchísimo recorrido; Jordi Alba también comenzó jugando desde posiciones más adelantadas; Marcos Alonso se posiciona más como un carrilero que como un lateral al uso y, Azpilicueta, a pesar de estar jugando de central, es un lateral más preocupado en mantener la posición y elegir adecuadamente las subidas. Hace unos años era una demarcación que escaseaba en el fútbol español, ahora hay bastantes jugadores y de calidad. ¿A quién llevaría dadas sus características?

R. Jordi Alba es el mejor lateral de España, sin duda. Él es mucho mejor que yo. Tiene más recorrido, más gol, más velocidad… por eso está donde está, lugar al que yo nunca pude llegar [risas].

P. Y, la última, ¿cómo ve a la selección de cara al Mundial de Rusia?

R. Puede ser una de las favoritas, pero como muchas otras. En un torneo de estas características no puedes fallar nunca. Están Alemania, Brasil, Francia… Tienes que hacer una competición muy completa. Tener ilusión es bueno, pero hay que ser prudente. España tiene posibilidades por su juego y experiencia. Yo tengo el sueño de ver ganar a España otro Mundial, si es este mejor. Pero no será fácil, te lo digo yo [risas].

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