A la tercera va la vencida
FOTO: Real Madrid

El Madrid ha visto la luz al final del túnel tras dos semanas negras en lo que ha sido una racha de dos partidos sin ganar, situación a la que se ha unido el positivo de su técnico, Zinedine Zidane. Y es que con una victoria por 1-4 frente al Alavés, los de Concha Espina ponen fin a una maldición que este Real Madrid está acostumbrándose a sufrir. Dicha "maldición" no es una condena como tal, más bien es uno de esos fenómenos espontáneos que en el fútbol tienden a producirse para el asombro de sus aficionados. 

En el caso del Madrid, viene de un patrón repetitivo que consiste en que tras dos derrotas consecutivas, lo siguiente en acaecer es una victoria frente a su próximo rival. Así ha sido desde que Zinedine Zidane se pusiera por primera vez a los mandos del Real Madrid y así se ha producido hasta en siete ocasiones. La última, manifiesta frente al Alavés el pasado sábado, en la que los hombres de Zidane, en esta ocasión dirigidos por su segundo, David Bettoni, ganaron un encuentro tras haber enlazado anteriormente dos derrotas consecutivas, frente al Athletic de Bilbao (1-2), en la Supercopa de España y frente al Alcoyano (2-1) en Copa del Rey, en lo que fue un episodio de vergüenza nacional para la institución blanca.

Este peculiar fenómeno de dos derrotas más una victoria se ha producido en lo que va de temporada nada menos que en tres ocasiones. Y, recordemos, nos encontramos a mitad de campaña. La primera ocasión se dio tras la caída frente a Shakhtar Donestsk (2-3), en Champions y seguidamente contra el Cádiz (0-1), para luego ganar el primer Clásico de la temporada (1-3). La siguiente, el Madrid vio la derrota frente Alavés, aquella vez en casa, y después cayó nuevamente frente al Shakhtar. Ganó al Sevilla en el siguiente encuentro. 

Tras la victoria frente al Alavés en la que el Madrid demostró su mejor nivel, se pone de manifiesto que es muy difícil para los blancos caer derrotados consecutivamente si consiguen demostrar esa continuidad. Llegados a este punto y una vez observada la estadística que atormenta a los de la capital, es tiempo para reflexionar y pensar en no regalar tantos puntos en el camino.

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