Sevilla no tendrá color especial 
Un aficionado de la Real y otra aficionada del Athletic posan con sus banderas. Foto: Deia

Se acerca la final soñada, la más esperada. Tras muchos meses de espera eterna para disfrutar de una cita única, irrepetible e histórica, la Federación puso fin a esta demora y prácticamente coincidirá con la final de esta edición. Apurando hasta el límite. El día que Mirandés y Granada fueron apeados por los dos finalistas, miles de seguidores de Real y Athletic ya reservaban vuelos y alojamiento para vivir algo que no se vive en mucho tiempo. Meses de incertidumbre, de indecisión -hasta las últimas semanas- que finalmente ha transcendido en una resolución de sentido común por la situación actual, pero con una gran pena para dos aficiones hermanadas del pueblo vasco. Pero, ¿qué será de una ciudad como Sevilla sin el pulmón de ambas aficiones? O, al revés, ¿qué se perderán los guipuzcoanos y vizcaínos de la cultura sevillana?

El aficionado de la Real y el Athletic echará de menos el olor a azahar nada más aterrizar en suelo andaluz y los veintipocos grados inaugurada ya la estación primaveral. Asimismo, los txuri-gorri no podrán ir de chiquiteo por el barrio de Santa Cruz, como tampoco los txuri-urdin podrán engalanar el puente de Triana con banderas y bufandas de la Real como si de la parte vieja de Donosti se tratara. La Giralda, cuyo torre campanario se ubica en la vasta, hermosa y espectacular catedral de Santa María, no recibirá a dos aficiones que podrían ir de la mano a la misma Cartuja antes del pitido inicial. Tampoco podrán gozar de un tablao flamenco en el barrio más auténtico de Sevilla, en Triana, así como tampoco podrán degustar un salmorejo y un rebujito antes de poner rumbo hasta la isla de la Cartuja. Si antes de pisar el estadio preferirían descansar un rato, el Parque María Luisa sería el más idóneo para hacerlo, pero tendrán que conformarse con hacerlo desde el sofá de su casa. Una lástima.

La Plaza de España, vestida de gala para la ocasión y donde se ubicaría la Fan Zone o la Torre del Oro, a orillas de la tranquilidad del Guadalquivir, no recibirá a dos hinchadas que llevan el fútbol más allá, tendrán que hacerlo manteniendo la distancia, con mascarilla y en las calles de sus pueblos, sin salir de la comunidad. El “Goazen Erreala” o el “Athletic, zu zara nagusia” no sonarán al viento de la capital andaluza en el día en el que pueden volver a salir campeones y levantar un título al cielo de la inigualable Sevilla, al contrario, la celebración o las penas se pasarán desde el balcón de cada rincón de ambas provincias.

Y es que la final de Copa coincidirá con el sábado santo, día en el que las calles sevillanas se abarrotan e inundan de nazarenos con cofradías emblemáticas de tallas espectaculares, al son de las bandas de música más importantes de la ciudad como Tres Calles de Triana, la Centuria Romana Macarena o el Maestro Tejera. Una semana santa en Sevilla es diferente, sientes la pasión con la que lo viven. Y así lo iban a notar realzales y athleticzales ese día.

Como dice un fiel seguidor de la Real en una entrevista, Iñaki Gabilondo, “en Sevilla descubrí mi otra alma”. Y es que además de no poder perderse por las callejuelas del Agua y de la Vida del barrio de Santa Cruz, los guipuzcoanos y vizcaínos no podrán disfrutar, posiblemente, del mejor mes del año en la tierra de Bécquer, Murillo o Velázquez. Sevilla en el mes de abril, con la Semana Santa, la Feria y la final de Copa hubiera sido lo mejor que se pudiera encontrar en el mundo. Lo que pudo ser y no será.  

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