El corazón del Madrid vive en el Wizink
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Lo que era imposible se tornó en improbable, y cuando existía ya más de una posibilidad, simplemente era muy difícil, hasta prácticamente provocar que la realidad y la ficción se junten en un suspiro, un infierno teñido de blanco en plena capital española que ha visto como el milagro era posible, como el Barça de Jasikevičius también tiene fisuras, y, en definitiva, como ganar la ACb depende de sí mismo.

Todo se empezó a torcer en enero para el Real Madrid, con una racha donde el equipo parecía incapaz de levantarse, unas derrotas que escocían en una afición acostumbrada a ganar y un Barça que no bajaba el pie del acelerador, al compás de Mirotic y de lo que al montenegrino se le ocurriera, y que parecía destinado a ganar todo esta temporada, con una plantilla insuperable en Europa y unas sensaciones cada vez mejores.

La Euroliga fue el primer aviso de los de Pablo Laso, que demostraron que, pese a las bajas, pese a ser inferior moralmente, este equipo tiene mucho corazón, un espíritu competitivo que recuerda al de los grandes éxitos y en definitiva, una columna vertebral a la que le dan igual los elementos, un equipo que no vive de jugadores, sino que se crece a raíz de su propia leyenda, alimentando su ilusión y generando competitividad como factor común.

El Wizink se vistió de gala

Tras un despliegue espectacular del Palau Blaugrana, que apoyó incondicionalmente a su equipo, era el turno del Palacio de demostrar que era el mejor teatro para la gran ocasión, y lo fue. Cumplió con todo lo que tenía que cumplir, comenzando siendo el jugador numero trece en el calentamiento y el número seis durante el partido.

Se ensañó especialmente el público madridista con un enemigo común para todos: Nikola Mirotic. Había dos objetivos, recordar al montenegrino que Madrid no le olvida, y segundo, conseguir descentrar a la estrella, y si el primero quedó más que claro, siendo evidente hasta para el más ciego, el segundo también pareció surgir efecto, pues consiguió que el mejor jugador de Europa se quedará en nueve puntos, alejado del juego de su equipo y con una participación ofensiva muy alejada de lo acostumbrado.

En lo relativo al partido, el Barça pudo alcanzar esa intensidad que le había faltado en los otros dos inicios de encuentro, siendo agresivo y consiguiendo incluso sus primeras ventajas, algo que hasta entonces no había obtenido en la eliminatoria prácticamente. Duró poco, y es que un gran mate de Poirier y un 2+1 de Llul mandaron el partido al segundo cuarto con un +5 para los de Chus Mateo, que sin preocuparse en exceso, pero sin dejarse ir, fueron acumulando una pequeña ventaja.

No se iba a dejar ir el Barça, y es que tenía dos razones de peso. La primera estaba en el banquillo, y era el enfado monumental de un Saras que por momentos parecía dispuesto a entrar en la cancha para regañar a los suyos. La segunda era Kuric, que con dos triples consecutivos intentó mantener el marcador y aguantar la embestida blanca.

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Era el turno del Palacio de los Deportes, que ya se había enseñado prácticamente con todos los elementos del partido, desde el árbitro hasta el Barça entero, pero que sobre todo quería apoyar a los suyos. Porque esto es la ACB, y son las finales, donde se celebra con la misma intensidad una pérdida de balón que un mate, y donde un airball del rival, especialmente si es un ex de tu equipo, cuenta lo mismo que un triple tuyo.

Así siguió el Madrid, llegando a máximas de +10 y con su público loco, disfrutando de los triples de Deck, las penetraciones de Causeur, la magia de LLul y el espíritu de Pablo Laso, que parecía estar sentado en el banquillo para animar a los suyos, como lleva haciendo toda la vida.

Así concluyó el partido, con un tercer cuarto donde, pese a que el parcial fue de 20-14, la sensación es que el Madrid había conseguido borrar al Barça del mapa, dominar al equipo dominador y poner el 2-1 en la eliminatoria, jugándose su primer ‘match ball’ el domingo y demostrando que en estos momentos son tremendamente superiores. Salvo hecatombe, que en realidad no lo sería tanto teniendo en cuenta el gran equipo que es el Barça, podría ser un día de celebración para los blancos, que llevan un 11/16 en los últimos duelos eliminatorios contra su máximo rival, y que un día más consiguieron llevarse la victoria, hacer celebrar a los suyos y se permitieron seguir soñando, y este sueño parece de los que se cumplen.

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