Simone Biles abre un debate sobre la importancia de la salud mental
Simone Biles, vía AFP

En 2016 surgió una leyenda de tan solo 20 años, originaria de Ohio y con el peso que conlleva ser la gimnasta más premiada de todos los tiempos; Simone Biles. El orgullo nacional volvía a pisar suelo olímpico, esta vez en la capital nipona, tras un año difícil para todos los deportistas de élite que se han visto frustrados ante la amenaza del COVID-19. Todos los ojos puestos en la joven que el martes 27 de julio llevó a los medios una de las noticias más importantes que se han dado a conocer con respecto al bienestar de los propios competidores.

Simone Biles da a conocer su renuncia, la gimnasta toma una decisión muy importante al reconocer que los motivos de su retirada se deben a temas de salud mental. Esto la lleva a retirarse de la final individual por el oro olímpico. Una auténtica revolución para sus compañeras, las gimnastas que representan a Estados Unidos han estado completamente abandonadas tras el escándalo de Larry Nassar, el ex médico deportivo condenado a más de 40 años de prisión tras haber abusado sexualmente a más de 250 jóvenes durante sus años activos en la Federación.

El cansancio y la frustración de todas las profesionales se ha visto reflejado en estos Juegos Olímpicos de Tokio, y no se trata de un cansancio físico, sino mental. El desconocido síndrome de twisties, este obliga a la gimnasta a perder todo tipo de noción espacial, un bloqueo mental que incapacita a la ejecutora de los saltos y demás ejercicios.

Este síndrome no es algo exclusivo de la gimnasia, pero sí que es más peligroso en esta modalidad; el riesgo de saltar y caer puede acabar con lesiones medulares muy graves, incluso la muerte. El fenómeno tan complejo incapacita a uno, ya no puede hacer lo que lleva años practicando, su cuerpo deja de cooperar en los momentos más críticos, poniéndolo en peligro.

Otro caso conocido es el de Yelena Viacheslávovna Mújina, más conocida como Yelena Mukhina, la gimnasta soviética que acabó tretrapléjica a los 20 por una mala recuperación de una rotura y un mal estado mental; todo influyó cuando la joven acabó rompiéndose el cuello por la presión a la que fue sometida. Otro ejemplo de los peligros a los que se ven expuestos nuestros deportistas, de cómo la presión y la ansiedad que esto genera puede acarrear problemas tan graves y dañinos.

Simone Biles ha hecho un ejercicio muy valiente tanto para ella como para sus compañeras, ha priorizado su salud mental y ha dado a conocer al público esta clase de problemática que muchas veces pasa a un segundo plano. Verla sonriente y apoyando a sus compañeras dejaba claro que no sufría ningún tipo de daño físico, pero su cabeza no estaba preparada. Esto no significa que afectara a su estado de ánimo, esto significa que su cerebro no acepta lo que su cuerpo está preparado para hacer.

“No confío en mí misma tanto como antes. No me estoy divirtiendo tanto”, comentaba Biles a la prensa en Tokio. Llevaba un tiempo priorizando los intereses ajenos y la manera en la que debe salir y hacer lo que el público quiere, lo que el público está acostumbrado a ver como si fueran autómatas. “También tenemos que concentrarnos en nosotras mismas, al final del día somos humanas”, sentenció la gimnasta. 

Este tema en nuestro país hace más eco que en los demás, por el mero hecho de estar infravalorando lo que es la salud mental y el bienestar psicológico. El estrés, la ansiedad, la depresión, día a día se convive con estos tabúes, y los deportistas han dado con la clave para abrir ese debate.

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