El canon literario. Definición, evolución y problemas
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El canon literario. Definición, evolución y problemas

La definición de canon literario es uno de los temas literarios que más tinta ha derramado en los últimos años gracias a Harold Bloom y su polémica acerca del canon en su obra "El canon Occidental". Pero antes de entrar en materia con la polémica es necesario introducir una serie de características sobre el canon.

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Juan Miguel López León

En primer lugar, respecto a su definición, es conveniente realizar la explicación etimológica de la palabra que servirá para sentar las primeras bases. La palabra canon proviene del griego Kanón que significaba literalmente caña o vara de medir, por ello su significado deriva en regla, modelo o prototipo.

En general, el concepto que considero más adecuado para su definición es el que utilizó D.Ruhnken por primera vez en 1768 como “lista de autores selectos de un género literario”. Es decir, la lista que consagra a los mejores, los perfectos y los indiscutibles.

Sin embargo, no existe una definición universalmente  aceptada, ya que existen diversas discusiones acerca de la categoría de canon y preguntas del tipo ¿quién o quiénes producen los cánones?, ¿cómo se aplican?, ¿cuál es la forma de subsistencia de los cánones o su caducidad?. El gran problema y causante de tal conflicto es que el criterio fundamental y único debería ser la excelencia estética. Sin embargo, este es un criterio muy ambiguo y subjetivo.

En segundo lugar, los orígenes del canon son muy remotos aunque fuese mencionado como tal por primera vez en el siglo XVIII. Ya desde el periodo helenístico, Aristófanes de Bizancio y los filólogos del Museo de Alejandría fijaron la autoridad escolar de los libros más destacados y modélicos de los géneros literarios. También para los poetas latinos existían estas listas de honor en la literatura, llamadas enkrithéntes.

Canon bíblico y canon literario

En tercer lugar, hay que distinguir entre canon bíblico y canon literario. El canon bíblico es una lista cerrada para siempre, por lo que no puede sufrir ningún tipo de modificación, ni aumentativa ni diminutiva y en cuya lista se encuentran los cuatro evangelios. Por el contrario, el canon literario es totalmente distinto, ya que se trata de una lista abierta, cuya selección se hace a partir de un criterio estético y no moral o político. Algo que me ha podido quedar claro es que las obras del canon literario van cambiando según las tendencias de la época y que dependerá del autor y de su ideología. Por lo que me resulta imposible dar una lista del canon literario. Lo que sí es cierto es que han sido los autores clásicos, griegos y romanos, los que más han resistido a lo largo de toda la historia su estancia dentro del canon literario.

Por último, como ya he mencionado anteriormente, las listas canónicas han existido desde la Antigüedad Clásica, pero es a partir de la formación del canon medieval cuando empieza a surgir de manera general el debate y la discusión sobre las características y necesidades de las obras que merecen o no ser enmarcadas. Esto se debe a la existencia de obras en distintas lenguas, con distintas culturas y por lo tanto distintos puntos de vista.

Diferentes tendencias a lo largo de la historia 

Ya en el siglo XV (1445) conocemos la primera manifestación de canon literario medieval a través del Marqués de Santillana en su Proemio e Carta dirigida al señor don Pedro, Condestable de Portugal. En ella realiza un recorrido diacrónico a través de los principales autores y obras que han surgido desde Moisés hasta su época. Por tanto, podemos observar que excluye a griegos y romanos, no por considerar su literatura como mala, sino por el desconocimiento de sus obras. No distingue de nacionalidades, por lo que hace un canon global y además nombra gran cantidad de autores hoy en día desconocidos.

En el siglo XVI (entre 1553 y 1572) destaca la Apologíaen defensa de la cultura hispana realizada por Alfonso García Matamoros en la que demuestra que España es un país con una gran cultura que no ha sido desarrollada debido a las numerosas guerras. Sorprenden dos aspectos: el primero, que considera español a todo aquel que haya nacido en la península, independientemente de la época en la que naciera, y el segundo, que compara a los grandes autores griegos y romanos con los autores españoles.

Del canon barroco destaca Mayans y su Oración en alabanza de los eloquentissimas obras de Don Diego de Saavedra Fajardo en 1725. En este canon ya por el nombre nos podemos hacer una idea acerca del autor considerado por excelencia. Don Diego de Saavedra, cuyo estilo eleva hasta las nubes y lo considera como el autor a imitar por encima de todos, siendo superior a Platón y Aristóteles. Mayans basa su criterio en el dominio correcto, fácil y sencillo de la lengua, por lo que no comenta nada de autores “oscuros” como Góngora. El propósito de Mayans es que la literatura sea útil para la sociedad, de esta manera a través del elogio a los que considera los mayores autores marca el camino a seguir de las futuras generaciones de escritores.

En el periodo de la Ilustración destaca la Poética de Ignacio de Luzán. Desde el Imperio Romano hace un recorrido por los autores hasta su momento. Luzán realiza una distinción entre poesía antigua y moderna, además huye de la prosa recargada a la que considera la culpable de la decadencia de la prosa española del siglo XVIII y considera a Garcilaso de la Vega y Góngora como los grandes innovadores de la poesía.

En el siglo XIX hay que mencionar de manera obligatoria el programa de Marcelino Menéndez Pelayo de su oposición a catedrático. Sienta de una manera más técnica la concepción para desarrollar un canon al afirmar que hay nacionalidades literarias pero que no tienen que coincidir con las nacionalidades políticas, así pues, considera la literatura castellana una de las muchas literaturas españolas.

En el siglo XX la rápida evolución de la sociedad también afecta a la literatura; se produce una gran producción de libros de todo tipo y los estudios literarios ya no se realizan exclusivamente de las obras sino que también de la sociedad y su repercusión en ella. Por tanto el canon según Jones dependerá de los intereses del lector actual.

En conclusión, podemos comprobar cómo a lo largo de toda la historia el canon ha ido cambiando de criterios y de autores de manera paralela a los gustos de la sociedad. Hay que subrayar que el cambio no afectaba únicamente al canon literario, sino también al resto de las artes. No podemos hablar de autores permanentes ni universales en el canon, una obra hoy en día desconocida puede en un futuro ser la máxima representante de la literatura, como le ocurrió a la obra de Miguel de Cervantes El Quijote, o las poesías de Góngora, que fueron rescatadas por la Generación del 27, u obras que se encuentren asentadas dentro del canon sean sustituidas por otras, como le ocurrió a Don Diego de Saavedra que hoy ocupa un puesto de segunda fila en nuestro canon actual. Por nombrar otras artes, en pintura por ejemplo, los cuadros de Van Gogh.

Harold Bloom y la polémica

Una vez terminada la evolución del canon a lo largo de la historia, es el momento para desarrollar la polémica establecida en Norteamérica entorno a la obra de Harold Bloom, El canon occidental y es que para Bloom todo arranca en la defensa de la estética y de la construcción artística individual frente a la ideología, ya que considera que con los estudios culturales se reniega de la estética. Por tanto, arremete contra la presencia cada día más fuerte de estudios culturales en las universidades norteamericanas sobre temas sexuales, religiosos, raciales o económicos y autores que supuestamente merecen ser nombrados en el canon. Bloom está totalmente en contra de estos estudios puesto que considera el canon como una lista de supervivientes que se ha abierto paso gracias a la fuerza estética de sus obras, gracias a una fuerte influencia dada su privilegiada posición social o la simple y pura suerte, pero en ningún caso como representantes de una clase social o de la lucha de clases. El autor es un ser individual y no puede ser considerado como el representante de un grupo social.

Por otra parte, comparto con Pozuelo la opinión de que los criterios que establece Bloom para señalar los nombres que deben considerarse dentro del canon occidental dejan bastante que desear y es que como él mismo reconoce tiene muchas limitaciones lingüísticas, lo que provoca que sea más bien una opinión sobre los grandes autores y el lugar que les pertenece en lugar de un canon que por sus amplios conocimientos literarios y dada la calidad de las obras actuales podría haber sido definitivo.

Otras concepciones

Respecto a la teoría de la supremacía estética por encima de cualquier otro elemento, otros críticos literarios también dieron su opinión anteriormente. Entre los muchos autores de los que podría hablar ampliamente, considero como los más relevantes para entender la polémica existente a los siguientes:

I. Lotman en 1970 afirmó que la estética de la diferencia domina unos cánones, en tanto que otros vienen dominados a lo largo de la historia por una estética de la identidad.

Graff señaló en su libro Proffessing Literature: An Institucional Histoy en 1987 que una de las causas por la que no hay unanimidad en la formación del canon se debe a las sucesivas rupturas de patrones críticos que son repudiados por la escuela siguiente hasta ser denigrados y apartados. Por tanto, los estudios literarios americanos son el resultado del clima radical del desacuerdo.

Bárbara H. Smith respecto al canon considera que la perdurabilidad que asegura un canon no pertenece a un valor transcendental, sino a la continuidad y pervivencia de los actos evaluativos concretos en una cultura en particular.

W. Harris en 1991 considera que el problema generado del concepto de canon se debe al paralelismo establecido en los estudios literarios entre el canon literario y el canon bíblico. Este paralelismo ha provocado una vinculación no necesaria entre selección de textos y autoridad normativa, más allá de las funciones diferentes que los procesos de canonización literarios cumplen.

Flower en 1979 distingue diez tipos diferentes de cánones, según las distintas funciones que puedan cumplir:

  1. Canon potencial: la totalidad de textos escritos y orales.
  2. Canon accesible: la parte del canon potencial disponible en un momento dado.
  3. Las antologías y programas que configuran un canon selectivo.
  4. El canon personal que un autor puede establecer.
  5. El canon oficial apoyado por una institución.
  6. El canon crítico configurado por las citas reiteradas de los autores.

Además, añade otros cánones cerrados como el bíblico, los pedagógicos, que nutren el sistema de educación, y finalmente un canon diacrónico constituido históricamente y afianzado por los siglos, de un canon del día, del que solo una parte se convierte en canon diacrónico.

Nos gustan las listas

En conclusión, el canon existe dado que nos gustan las listas, no podemos vivir sin las listas, en todos los ámbitos de la sociedad necesitamos listas: desde los mejores coches, deportistas, tiendas, películas, actores y así un largo etcétera en el que por supuesto se incluye la literatura. El propio Harold Bloom afirma que estableció un listado de autores canónicos debido a que la editorial se lo pidió con el objetivo de aumentar las ventas.

Estas listas nos ayudan a seleccionar a los supuestos mejores autores de todos los tiempos para tener un mínimo de cultura literaria ya que de otra manera nos sería imposible escoger entre la multitud de obras publicadas no solo a lo largo de la historia, sino a lo largo de este último año 2010 del que apenas llevamos ocho meses. Ya que, aunque contásemos con todo el tiempo del mundo, nos sería imposible leer todas las obras, dada la gran cantidad de publicaciones en la red, en libros y a lo que hay que añadir el libro electrónico. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que nuestra lectura se ciña exclusivamente a la lectura de autores y obras que se encuentren en el canon. Siempre habrá millones de obras que en nuestra opinión como lectores prefiramos por sentirnos más identificados, ser más reales o cercanas a nuestra vida.

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