¿Qué fue de Nicolás Olivera?
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¿Qué fue de Nicolás Olivera?

Desde su natal Uruguay, el Balón de Oro del Mundial Sub-20 en Malasia 1997 y actual supervisor general, atiende a VAVEL para recapitular su carrera y lo que significó pasar por México y Puebla.

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Alan Núñez

Nicolás Olivera nació el 30 de mayo de 1978 en Montevideo, Uruguay. Uno de esos jugadores, que no se encuentran con frecuencia, por una alta capacidad cognitiva tanto dentro como fuera del rectángulo verde. Esta es la historia del Balón de Oro del Mundial Sub-20 en Malasia 1997.

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Nicolás conoció al amor de su vida en la cancha del Estadio Luiz Franzini: Defensor Sporting. Desde que tiene memoria, lleva tatuados los colores en el pecho, máxime cuando debutó con 17 primaveras. Casi dos años después, el apellido Olivera hizo volver a soñar a Uruguay. En el Mundial-Sub 20 de Malasia (1997), la selección uruguaya cayó con Brasil en la final al mismo tiempo que Olivera ganó el Balón de Oro.

Asombró al mundo en Malasia 1997 | Foto: Scoopnest
Asombró al mundo en Malasia 1997 | Foto: Scoopnest

“Esa generación jugábamos juntos desde los 17 años. Jamás imaginamos que podíamos llegar a tanto”, y recuerda que el pueblo charrúa, “festejaba la importancia que tuvo esa selección por la garra y devolver la mística del jugador uruguayo para soñar que las glorias podían volver a suceder”.

En esa vorágine de sucesos, el nacido en Montevideo “no esperaba ir a Europa”. Aunque su pase al Valencia se gestó con rapidez, su adaptación tardó seis meses, bajo las órdenes de Jorge Valdano. Alejado del confort de Defensor Sporting, aquellos jugadores que hace meses veía por televisión pasaron a ser sus compañeros de vestidor. “Tuve que entender dónde estaba y las exigencias del lugar”.

Trayectoria en Europa

Valencia | 1998

Sevilla |1998-2002

Real Valladolid | 2002-2003

Córdoba | 2003-2004

Albacete | 2005

En casi una década de trayectoria por el futbol español, Nico cargó con una doble responsabilidad: rendir individualmente y rendir por su país. “Yo siempre tuve la misión de dejar una buena imagen para abrirle puertas a más jugadores uruguayos”.

Vuelta al continente

En 2005, su casa llamaba con fuerza. Olivera volvió a Defensor Sporting por una necesidad mental. “Mi cabeza necesitaba ordenarse y empezar de cero”. Qué mejor regreso que salir campeón de la liga uruguaya y recibir su primer llamado a la Celeste, por petición expresa de Óscar Tabárez.

Sin embargo, a los oídos de Olivera llegó el nombre de Guillermo Lara, quien al presentarle el proyecto del Necaxa (2006) le pareció “muy interesante”. En Aguascalientes pasó dos torneos cortos cuando Atlas se interesó por su vistoso futbol. Olivera recuerda que a su llegada al futbol azteca “jamás había visto que, aun perdiendo, los aficionados esperaran por un autógrafo. Eso no pasa en ningún lugar más que en México”.

Su fichaje al Puebla

Para entender al futbolista, primero hay que entender a la persona. “Siempre fui un futbolista que intentó estar donde me encontraba cómodo”, analiza Olivera y explica que el tema económico “nunca lo prioricé por sobre mi estabilidad emocional. De esa forma yo podía rendir”.

Con Atlas, Nico se sentía en plenitud. De hecho, en el momento para renovar con los rojinegros, “un loco lindo” se le atravesó. El charrúa conoció al ‘Chelís’, quien lo introdujo al mundo del Puebla. “Me dijo todo lo que rodeaba al club y acepté por el desafío. A pesar de la incertidumbre de aquella directiva, las referencias de la ciudad y la personalidad del técnico inclinaron la balanza.

Para ese plantel, por la difícil situación porcentual, había mucho más que perder que ganar. Sin embargo, se convencieron que tenían un buen equipo, en gran medida a Sánchez Solá, quien “siempre inyectaba esa motivación que solamente él puede generar”.

La añoranza con la que Olivera recuerda la complicidad de aquel Puebla representa a la perfección su mantra de priorizar la estabilidad emocional. “Éramos una verdadera familia”.

La directiva lo orilló a Veracruz | Foto: Mediotiempo
La directiva lo orilló a Veracruz | Foto: Mediotiempo

No obstante, seis meses después, Olivera tuvo que hacer maletas rumbo al puerto de Veracruz, plaza en aquel entonces de división de plata, porque la directiva “era un desorden”. Curiosamente, fue el propio Olivera quien recomendó al ex capitán Joaquín Velázquez para ser fichado por los Tiburones.

Su regreso a la Angelópolis fue natural. “Volví y pareció que no me fui nunca”, es el sentimiento de Nico quien fue pieza angular en ese Puebla que dejó gratos recuerdos y cayó con Cruz Azul en Cuartos de Final.

La gran campaña del charrúa lo colocó en la órbita del entrenador del América, Manuel Lapuente. La decisión de fichar por el equipo azulcrema fue “muy complicada”. Por un lado, tenía la estabilidad emocional que tanto priorizaba, aunque “siempre había un problema en el equipo”. Ya sin ‘Chelís’, las disputas al interior de la directiva, aunadas a las alicaídas arcas del club, terminaron por firmar su traspaso a Coapa.

Puebla necesitaba dinero y lo vendió | Foto: Mediotiempo
Puebla necesitaba dinero y lo vendió | Foto: Mediotiempo

El plantel del América de 2011 contaba con hombres como Pavel Pardo, Guillermo Ochoa, Daniel ‘Rolfi’ Montenegro, Matías Vuoso, entre otros. “Me hubiera gustado tener diferentes resultados”, asegura Olivera y explica que se fue “por falta de apoyo de la directiva. Al final de torneo, estaba mal de un dedo del pie y me operé en Guadalajara, pagado por mí. El dedo se infectó y tuve operarme nuevamente”.

Ante la dificultad de encontrar equipo en México por los plazos de su recuperación, optó por volver a su querido Defensor Sporting por un año. Su retorno al balompié azteca, con Correcaminos UAT, tomó a varios por sorpresa. “No pensaba ir, pero como Chelís es un amigo y ha estado en momentos puntuales de mi carrera, decidí apoyarlo en su travesía en Correcaminos”. Además, del valor añadido de ex compañeros como Sergio ‘Samba’ Rosas, Felipe Ayala, Daniel Osorno, entre otros.

Fichó por UAT para ayudar al proyecto de Chelís | Foto: Cortesía
Fichó por UAT para ayudar al proyecto de Chelís | Foto: Cortesía

La realidad es que Tamaulipas no le sentó bien. Su retorno a Uruguay asombró a propios y extraños porque dejó de lado ofertas importantes. El presidente de Sporting utilizó la carta de disputar la Copa Libertadores para tentar a Olivera. “No fue un problema que no pudieran pagar lo que ganaba en México”.

La jugada prefabricada no pudo ser más perfecta. En el plano nacional, “salimos campeones de Liga, casi invictos, y mejor jugador del torneo”, y en el Cono Sur, “salí mejor jugador y goleador de la Copa Libertadores de 2014. Pudimos jugar una semifinal, algo impensable para un equipo como Defensor”.

Todos los caminos apuntan a casa

Con 38 años y todavía juego para rato, Nicolás decidió dejar al futbol para darle paso a las nuevas generaciones. Influenciado de manera prematura por uno de los mejores directores deportivos del futbol moderno, Monchi, cuando coincidieron como compañeros en el Sevilla, Olivera supo desde entonces cuál era su siguiente paso.

Con el entonces DT de Defensor, Eduardo Acevedo | Foto: Cortesía
Con el entonces DT de Defensor, Eduardo Acevedo | Foto: Cortesía

“Cuando me retiré en diciembre, Defensor me quería ligado al club y me nombraron supervisor general”, lo cual le permitió aprender en la práctica mientras paralelamente cursaba la carrera de dirección deportiva.

Ya son casi cuatro años de trabajo en los despachos, y, a pesar de que en Rusia 2018, la selección de Uruguay contó con ocho jugadores surgidos de Defensor Sporting, la era del directivo Nicolás Olivera apenas comienza.

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