Del tintero a la Franja: Gritar más fuerte
Foto: Club Puebla / @PueblaExpres

Del tintero a la Franja: Gritar más fuerte

Una vez más, al Club Puebla no lo dejaron jugar.

miguelcaballero
Miguel Caballero

Este fin de semana, en el trabajo me ha tocado estar de guardia, que es estar pero a medias, ‘por si sucede algo’ (aunque, generalmente, a mí me sucede todo), así que el sábado por la noche, ya con algo de hartazgo, decido darme un respiro saliendo de casa, y pongo rumbo hacia el parque que está a un par de cuadras.

Me siento en una de las bancas ubicadas frente a la cancha de basquetbol de cemento, y veo a Paco, mi vecino, un niño de apenas ocho años, con las manos en alto y abandonado a su suerte entre un grupo de escuincles mucho mayores que él.

En poco menos de los diez minutos que llevo ahí, veo a Paco pedir la pelota a gritos, correr como loco, meter algunos goles y festejarlos haciendo ‘avioncito’; sin embargo, uno de los niños, que después resultó ser el dueño de la pelota, decide que se acabó el juego.

-¿Qué pasó?, le pregunto a Paco, cuando va llegando hacia mí.

-”Siempre hace lo mismo. Mi mamá dice que se enoja porque soy chiquito. Mejor vámonos”, me responde.

Siento algo parecido a lo que siente Paco, pienso. Algo muy reciente. Sin ir más lejos, lo de una noche antes, cuando por más que gritaron, levantaron las manos, corrieron como locos y metieron goles, una vez más, al Puebla no lo dejaron jugar.

Yo también estoy harto, pienso, mientras veo a Paco de reojo.

Regresamos a casa en completo silencio, pero siento la necesidad de decirle algo que le cambie la cara; y algo, también, que me tranquilice.

-”¿Crees que debo comprarme mi propia pelota?”, me pregunta.

-Creo que deberías gritar más fuerte, respondí.

Nos leemos la siguiente semana. Y recuerden: la intención sólo la conoce el jugador.

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