La Contracrónica: claroscuros
(Foto: Fernando Montañez)

El clima de la ciudad no fue suficiente para enfriar la euforia de ver jugar a los Rayos, la garganta no estaba seca, los labios no estaban partidos, todo estaba listo para vibrar con un inhóspito atardecer y para tratar de templar el sitio.

Jugadores y público se frotaban las manos, se alistaban para el inicio de un juego que no prometía tantas emociones como las que iba a tener desde el comienzo. Jugadores y público se frotaban las manos, no solo por expectación, sino también por frío.

No había pasado ni medio minuto cuando la afición se quedó más helada con el primer arribo poblano, que un neófito Raúl Sandoval pudo rescatar de la línea.

Segundos más tarde, todos buscando cómo y dónde arroparse, no tuvieron de otra que resguardarse en la incertidumbre de la lesión del estandarte necaxista, ese que convirtió tantas veces la angustia en regocijo, ese por el que algunos nos olvidamos, de lo que representaba sentir frío.

Las emociones eran demasiadas, todas de desilusión y perplejidad. Yosgart Gutiérrez entraba a la cancha, consciente del puesto que le tocaba cubrir, ahora que Hugo González tenía que abandonar el campo para ser evaluado. No obstante, muchos pudieron pensar que el Necaxa podría derrumbarse, pero: ¡no fue así!

Las emociones continuaron. Una gran jugada del Fideo Álvarez, terminó en un gol de Mauro Quiroga que, suspiros después, sería anulado por una falta a mitad de campo. Las fuentes no supieron si prender o esperar.

Otra vez, El Comandante se hacía presente en el marcador, pero nuevamente lo estaban anulando. Bueno, con decirles que ya más de alguno se había olvidado de que había vientos fríos en la ciudad; pero, con todo esto, las ráfagas de heladas brisas habían vuelto a soplar sobre el estadio: pero el VAR nos dio más calor que nunca.

Ya en el segundo tiempo, la tranquilidad fue aún más notoria, cuando Mauro Quiroga, por tercera ocasión en el encuentro, de cara al marco, se hizo presente en un gol, pero esta vez para asistir a Diego Chávez, recién llegado a tierras aguascalentenses.

Al final, con el 2-0, nos queda claro que Mauro Quiroga está encendido, tanto, que más de alguno al festejar, olvidó que hoy, en el estadio, sintió un poco de frío.

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