La contracrónica: a sellar el ataúd  
Foto: Getty. 

El silencio se apoderó de los suspiros. El 8 de enero fue un día que dejó marcado a más de alguno, cuando sus sonrisas y sus esperanzas se fueron ahogando, poco a poco, en un vaso con agua. Las lágrimas desbordaron aquel vaso; el enojo y la impotencia —de plano— lo quebraron. 

Estación tras estación, como un recorrido hacia el Calvario, el dolor y el sufrimiento era más fuerte para los seguidores fieles y abrumados, que para los mismos actores de tal viacrucis. 

El camino fue largo, cansino  y pedregoso. Se lloró sangre ficticia, se cayó varias veces, pero nunca se tuvo la fuerza para poderse levantar.

Los culpables son varios —quizás ni lo imaginen—. Observar todo desde sus aposentos  siempre será más cómodo y les otorgará la salud mental, aunque la salida menos original sería lavarse las manos. 

Las blasfemias hoy son el motivo de la pena de muerte, de tu muerte. Este camino ya terminó, ya nadie te puede sacar de la concavidad abismal en la que tú mismo caíste.

El último clavo al ataúd fue el más obstinado, el más fuerte y el de mayor daño. Ya no hay sangre para derramar, pues ya se agotó el tiempo. ¡Caíste!, quizás mañana te ayuden a levantar.

Todo el dolor hoy marcha con puños cargados de tierra, dispuestos a sepultar el torneo, pero con algunos detalles con él. Sería un error dejarte a ti en el fondo, pues solo se sepulta a los muertos, y tú aún vives por dos motivos: por tu historia y por esta afición que te daría hasta su último aliento. Por ellos deberás resurgir.

La tormenta terminará, podrás levantar tu losa. No quedará más que esperar a la salida del Sol y a ver los colores con los que asomará tu nuevo arcoíris.  Solo esperamos que esta tormenta —ahora sí— haya llenado las fuentes del Victoria. 

VAVEL Logo