La contracrónica: de no creerse
Foto: Getty

La estadística era generosa con algunos de los jugadores que saltarían al campo. Por el lado de los visitantes se respiraba tranquilidad y mucha confianza (o quizás un exceso de esta).

A lo lejos se murmuraban frases de antología, como la de "un gol en sesenta y nueve remates" o la de "nunca se han puesto al frente en el marcador", pero nadie mencionó que la enfermedad que había estado padeciendo el Gallo, ahora era manejada por un nuevo médico.

Como una mala e ilegítima copia de la primera jornada, la insolente visita recorrió los primeros 30 minutos con un gol en contra, concluyó la primera mitad con un 2-0 y, también, acabó el partido con una goleada a cuestas (3-0).

A pesar de la amplia tenencia del balón, este deambulaba desinflado de un botín a otro, reclamando a gritos un trato digno y delicado, pues (amenazaba) la rudeza con la que ellos lo estaban tratando, sería directamente proporcional a la rudeza con la que el marcador los trataría.

Pocos remates y pocas ideas de cara a puerta, y, aún así, la figura que resguardaba el arco local tuvo la capacidad de negarles toda oportunidad de descuento.

El emblema que el conjunto rojiblanco tiene en la banca hoy estaba silencioso, sin la sonrisa que —por momentos— había asomado tenuemente. Esta vez no aparecieron los goles de último minuto, las alegrías o los gritos esperanzados; pero lo que sí se hizo presente fue el mar de llanto y de disgustos, ese que todo aficionado lleva tatuado en lo más profundo del alma, pues ser necaxista —a veces— es sinónimo de mucho sufrimiento.

Todavía algunos artefactos de tecnología fueron benévolos con los turistas que arribaron a "la Corregidora", apoyándolos para disminuir un marcador que ya les estaba jugando muy en contra. Así es, fueron unos simples turistas que llegaron a dar un paseo sobre el campo.

No queda duda de que se esforzaron bastante, se esforzaron para que el registro de los goles del local fuera más amplio; y es que, no conformes con errar los remates que se tuvieron a favor, sí pudieron ajustar uno de ellos, pero en propia meta.

Para algunos, ayer amaneció más rápido de lo imaginado; la afición despertó tras el repetido canto del gallo voraz que anhelaba el triunfo. Para otros, la noche se vino encima, transcurriendo el día entero sin poder despertar del letargo con el que entraron al campo; y sí, la defensiva de Necaxa terminó por cerrar esa misma noche "con una lágrima".

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