Memphis empata la serie con OKC en un final de infarto

Memphis Grizzlies era el “coco” de los playoffs y esta madrugada ha explicado el porqué. Los de Tenesse pusieron en liza sus características como equipo, aquellas que le auparon la pasada temporada a la final de la Conferencia Oeste: intensidad defensiva, competitividad y cohesión como equipo. Estas le llevaron esta madrugada a alzarse con el triunfo en el Chesapeake Arena de Oklahoma, a pesar de los intentos de un Kevin Durant “jordanesco” por evitarlo.

Desde el comienzo los Grizzlies supieron imponer su ritmo al encuentro. El objetivo era reducir al mínimo los contraataques Thunder, abanderados por Russell Westbrook, y la aportación de Kevin Durant. Con Prince lastrado por sus problemas de salud, toda la responsabilidad defensiva sobre el mejor jugador de los Thunder caía en Tony Allen, quién en muchas fases del encuentro asfixió a Durant hasta evadirlo por completo del choque. El primer cuarto fue todo una oda al juego de los Grizzlies. Su intensidad defensiva obligó a OKC a lanzar tiros demasiado forzados, en ocasiones en los últimos minutos de posesión. La superioridad de Memphis en el rebote les permitió correr en reiteradas ocasiones, favoreciendo sumar puntos con facilidad. Por el contrario, al no cometer ninguna pérdida, los Thunder apenas sí pudieron explotar la velocidad de sus hombres al contraataque. No obstante, Westbrook supo sacar provecho en determinadas ocasiones a su tendencia innata de penetrar en la zona y de no "soltarla". De hecho, el margen no fue más holgado para los Grizzlies por la actuación del base thunder.

El segundo cuarto arrancó con 24-16 favorable a Memphis. Los Thunder mejoraron ostensiblemente su pobre rendimiento de los primeros doce minutos gracias, sobre todo, a la aportación de Serge Ibaka en defensa y de Dereck Fisher en ataca. El excapitán de los Lakers demostró que por él no pasan los años al anotar los siete primeros puntos de los Thunder en el cuarto. Esto unido al trabajo de Ibaka bajo los aros puso a los locales sólo tres abajo (28-31). El ala-pívot dejó dos tapones consecutivos a la parroquia del Chesapeake Arena, que enloqueció especialmente con el “not in my house” de Ibaka a Davis, al más puro estilo Dikembe Mutombo.

Los porcentajes de los Thunder en ataque eran alarmantes, ya que apenas firmaban un 26% de acierto en tiros de campo y un solo triple (de Ibaka) mediado el segundo periodo. Por los Grizzlies, la efectividad era un poco mejor, incluso con las segundas unidades en pista. A destacar el trabajo de un valiente Beno Udrih, Ed Davis y Mike Miller. Sin embargo, el principal referente de los Grizzlies volvía a ser el de siempre, Zach Randolph, bailando en la pintura para mantener por delante a los suyos. El cuarto finalizaba 46 a 43 para Memphis tras el último empujón de Westbrook, el doctor Jekyll de los Thunder, capaz de los mejor – como en los últimos minutos de la primera parte cuando ya contabilizaba 17 puntos – y de lo peor. Más tarde cedería su lugar a Mister Hyde.

El tercer cuarto fue el más igualado del partido, como se pudo comprobar en la estadística (22-22). El intercambio de canastas comenzó desde la salida de vestuarios. OKC frecuentó más el tiro libre, mientras que los Grizzlies, optaban por su estrategia de toda la vida: balones adentro para Gasol y Z-Bo. No obstante, la labor de Ibaka y Perkins fue soberbia en muchas fases del partido, sacando de la zona a las dos torres de Memphis, obligándoles a lanzar desde la media distancia, donde apenas habían anotado en el primer partido de la serie. Los Grizzlies se aferraron al resultado, sumando puntos a través de sus pívots y de un Conley agresivo de cara al aro, y mantuvieron una ventaja de dos a cuatro puntos hasta bien entrado el cuarto.

Con cuatro minutos para llegar al último cuarto, Russell Westbrook y un triple de un hasta entonces desacertado Thabo Sefolosha pusieron por delante a los Thunder por primera vez desde el primer periodo (60-59). Russell no conseguía dirigir el juego de OKC, mover el balón para involucrar a sus compañeros, pero su baloncesto frenético fue vital para insuflar la energía que necesitaban los Thunder, anulados por la defensa visitante. Finalmente el cuarto concluyó 68-65 para Memphis, después de que Mike Miller saliera “onfire” en los últimos minutos, suficientes para firmar un triple y asistir a un omnipresente Randolph.

Despierta KD

El último periodo comienza con los suplentes en pista. Por los Memphis merece especial mención Beno Udrih, quien a sabiendas de las pocas posibilidades que tiene para jugar (que se reducen a los descansos de Conley) se mostró especialmente valiente en ataque, hasta anotar 14 puntos en 14 minutos y ser parte clave de su equipo cuando estuvo en la cancha. La segunda unidad fue esencial para que los Grizzlies se llevaran la victoria, ya que sumaron 33 puntos por solo 14 del banco thunder.

"33 puntos de la segunda unidad de Memphis por solo 14 de OKC"

A seis minutos para la conclusión del encuentro, el luminoso reflejaba el 83-75 para Memphis. Llegó el momento para que Kevin Durant despertara de la siesta a la que lo había inducido Tony Allen, pues apenas había tirado una vez en ocho minutos. Llegó el momento de las individualidades, de ceder “la patata caliente” a los referentes del equipo, los jugadores franquicia. Gasol y Randolph frente a Durant y Westbrook. Allen ante Ibaka en defensa. A falta de un minuto para el final un triple de Westbrook, ya bajo la piel de Mr. Hyde, y un contraataque de Durant colocaron por delante a los Thunder (93 a 92). Durant había liderado un parcial de 5-0 cuando más se le necesitaba.

Joerger decidió en este momento hacer gala de sus dotes como técnico de balonmano. El cambio era claro: Miller en ataque y Allen en defensa. La jugada no pudo salirle mejor, pues el primero anotaba un triple nada más salir del banco y el segundo birlaba un triple a Durant que parecía decisivo, pues los Grizzlies adquirían una ventaja de cuatro puntos. Pero con Durant es mejor esperar, aguantar las horas intempestivas y dejar la televisión encendida, pues algo mágico puede pasar. Y así fue. KD anotó un triple cayéndose sobre su público tras recibir una falta de Gasol. Resultado, 3+1 y quizá el mejor triple de la NBA desde el milagro de Ray Allen en las finales del año pasado. La locura se instaló en el graderío local, que veía posible la prórroga, más aún ante la sucesión de fallos en el tiro libre de Conley, posiblemente todavía anodado tras la maravilla “jordanesca” de Durant. “Estos tiros libres no los tendría que estar lanzando…” parecía decir la cara del base de Memphis.

Finalmente OKC forzó la prórroga sobre la bocina. Sin embargo, no fue Durant quien sorprendentemente cedió el último tiro a “Mr Hyde” Westbrook (1 de 7 en triples), quién para variar volvió a fallar. Pero Perkins estaba en el rebote para palmear el tiro y forzar el tiempo extra. Su primera canasta en el partido, por cierto, y qué canasta…

A pesar de lo que se pudiera pensar, Memphis no se vino abajo tras ver esfumarse un partido que tenían ganado. Ralentizaron el ritmo todavía más, se aplicaron como nunca en defensa y cedieron el balón a un enfurecido Z-Bo, que no quería volver a Memphis sin al menos un triunfo. Durant, a pesar de empezar el overtime de manera sublime, fue contagiándose de la sucesión de fallos de su compinche Westbrook, lo cual otorgó más opciones a los Grizzlies. La ausencia de Perkins, eliminado por faltas, fue determinante, pues su labor en defensa había sido más que notoria todo el encuentro, forzando a un 6 de 15 en tiros a Big-Marc.

Al final Randolph se impuso y el partido terminó 111-105. La ventaja de campo volaba para Memphis, que por a hombres como Gasol, Allen o Z-Bo se ha convertido en el coco de los playoffs.

Foto: usatoday.com

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