Jarabe de palo
(Foto: fifa.com)

Brasil y Chile jamás fueron rivales. Se odiaron y se amaron, pero siempre tuvieron una solución para todos sus problemas. Brasil ve a Chile como un país cercano, incluso, buen compañero. Un amigo para tomar algo. No llegarán jamás a ser íntimos pero tampoco se harían daño. No hay necesidad. En cuanto a lo futbolístico, Brasil y Chile se han enfrentado varias veces dejando partidos para la historia que no fueron más allá. Admiración y respeto. Pero hoy, en Brasil, no había tiempo para charlar amistosamente.

En el campo, se libró una batalla que tendría a un solo vencedor. No hizo falta que el árbitro diese comienzo al encuentro para que empezase la pelea. Durante el himno chileno, cantado por partes a capela, se escucharon pitos en el Estadio Mineirao. No se escuchó la letra. Brasil, desde la grada, golpeaba primero a una Chile que no iba a retroceder ni un paso.

Si quieres paz, préparate para la guerra

Se dice que Chile siempre ha respetado a Brasil. Incluso, se dice que los chilenos admiran a los brasileños. Brasil ha sido superior a Chile prácticamente en toda su historia. Partidos parejos pero jugadores superiores. Como en 1962, cuando Garrincha silenció Santiago de Chile ante 77.000 personas. Dos goles y un recital para acabar recibiendo un botellazo en un ambiente más que hostil. Chile se sentía frustada. Hoy, 52 años después, Chile recordó viejos fantasmas.

El conjunto local golpeó primero en la grada y en el terreno de juego. Ni se les pasó por la cabeza especular. Scolari sabía de la posible presión de Chile y fue a por todas. Brasil ahogó a Chile en la salida para dominar con el balón. Aparecieron todos y jugaron los mejores minutos del Mundial. Los avisos de Brasil eran cada vez más frecuentes. Chile no podía con un Neymar inspirado, un Hulk asociativo y un Luis Gustavo expeditivo en ataque. Estaban desbordados. Y como se podía esperar, el primer gol del encuentro llegó tras un córner donde Chile es infinitamente inferior. Thiago Silva peinó en el primer palo para que David Luiz la empujase aunque Jara iba a hacer el trabajo por él. Brasil golpeó primero y parecía dejar a los chilenos prácticamente noqueados.

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Cómo dar vida a un muerto

Brasil se gustaba y dominaba a placer. Pero Scolari, fiel a su estilo, quiso resguardarse atrás para aguantar un gran resultado. Y con balón, Chile creció. Alexis Sánchez apareció en la creación para sacar a los suyos del atasco constante. El delantero del FC Barcelona ha crecido como futbolista para pasar de niño a adulto. Hulk erró y Alexis lo aprovechó. El tocopillano controló en el área para batir con un chute cruzado a Julio César. Chile había conseguido lo más difícil: empatar siendo inferior en el partido.

El Mineirao quedó helado. De noche y por la retaguardia, Chile había lanzado un ataque inesperado. Brasil debía reponerse y así lo hizo. Neymar tuvo una gran oportunidad que falló él solo tratando de regatear. Pero el partido había cambiado. Chile se lo creyó y consiguió llegar al descanso con el partido muy igualado.

Polémica poco esperada

Brasil-Chile. Mineirao. Gol anulado por mano. Es complicado pensar que en estas circunstancias, el colegiado señalase mano de Hulk tras marcar un golazo. Pero lo hizo. El Mineirao explotaba cuando, en plena celebración, Hulk se dio cuenta que el gol había sido ilegal. Controló con el pecho, o mano, para batir de primeras a Claudio Bravo. A pesar de las protestas de todos los brasileños, el gol no subió al marcador.

El caballo chileno

Cuenta la historia que en la Guerra de Troya se utilizó a un caballo para entrar en Troya. Fortificada y sin fisuras. Así había demostrado ser la defensa y en centro del campo brasileño en el partido y en el torneo. A excepción de Dani Alves, la solidez había sido inmejorable. Sampaoli lo sabía y jugó al despiste. Queriendo o no, los locales se confiaron. Parecía difícil que Chile crease peligro y los brasileños se relajaron. Sin hacer ruido, los chilenos se colaron en territorio rival para que tambalease el Mineirao.

Con los chilenos en su campo, Brasil no pudo pararlos. Alexis se hizo el dueño del partido. Como en Troya, los hombres de Scolari se veían sobrepasados. Prácticamente derrotados. Sin confianza. Todo lo contrario que Chile, que vio que tenía una oportunidad histórica. La ocasión más clara de los chilenos iba a ser para Aranguiz, que obligó a Julio César a lucirse. La muralla brasileña temblaba al mismo tiempo que su afición. La tragedia podía estar cerca.

Chile había conseguido lo que buscaba. Brasil no conseguía carburar en el centro y eso hizo reaccionar al entrenador. Scolari sacó a dos de sus batallones reserva, dando entrada a Ramires y por Fernandinho y Fred. En un zarpazo, desmantelando a los chilenos, iba a tener la ocasión más clara de la segunda mitad a tres metros de la portería de Bravo. A partir de ahí, la batalla volvió a igualarse.

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El cansancio pasó factura

Chile había sido superior a Brasil en la segunda mitad pero el físico empezó a crear estragos. La estrategia había salido perfecta pero faltó el acierto de cara a puerta. Con espacios, las llegadas locales volvieron a sucederse. La más clara iba a ser a falta de diez minutos e iba a salir de las botas de Hulk. Tras un recorte con la zurda, disparó un misil con la diestra que pudo desviar Bravo. Brasil había vuelto aunque quizás era demasiado tarde.

Los minutos finales no fueron aptos para cardíacos. No hubo orden. La tensión y los nervios no dejaron acertar a ninguno de los dos equipos que cada vez acusaban más el cansancio. Sin tiempo para más, Howard Webb levantó los brazos al cielo para dar paso a la prórroga.

Valentía y precisión a partes iguales

Chile tuvo que sacar la reserva para poder mantenerse en el partido. Ya no presionaba. Y así, Brasil consiguió hacerse con el balón pero no con el dominio. La precisión en la creación brillaba por su ausencia. Tanto o más que la valentía de ambos equipos para irse a por el partido. La primera mitad estuvo marcada por una dura batalla en el centro del campo con entradas a destiempo y pocas combinaciones. Los penaltis parecían no desagradar.

Scolari, viendo el cansancio chileno, dio entrada a Willian por Óscar para ganar frescura. A falta de fuerzas, Chile jugó con el reloj. Lesiones y asistencias médicas para romper el ritmo del partido. Medel tuvo que retirarse del terreno de juego tras intentar jugar sin, prácticamente, poder moverse. Los chilenos optaron por encerrarse ante las llegadas de los locales. A diferencia de Chile, Brasil asedió pero no tuvo ninguna ocasión clara. La ocasión de la prórroga iba a salir de las botas de Pinilla. 'Pinigol' controló, tras un buen pase de Alexis, para sacar un latigazo que iba a estrellarse en el larguero. Durante unos segundos, el silencio se apoderó del Mineirao. Cuando se recuperó la respiración, el partido ya había llegado a los penaltis. Durante cinco minutos, la tensión reinó en Belo Horizonte.

Hora de los porteros

Bravo y Julio César demostraron su calidad en una tanda de penaltis donde hubo hasta cinco fallos. Brasil pudo adelantarse por dos goles pero una parada de Bravo a Hulk obligó a llegar al quinto penalti. Neymar se disfrazó de mago para marcar el quinto, tras una paradinha, engañando a Bravo. Chile debía marcar para continuar viva y era el turno de Jara. La mala suerte, o buena para los brasileños, hizo que el balón tocase en el palo y saliese rechazado. El Estadio Mineirao estalló tras vivir los minutos más tensos de su selección en el Mundial. Julio César fue el héroe parando dos penaltis.

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