Un abismo de dudas
La ineficiencia de Salah ha sido una de las condenas del Liverpool / FOTO: Premier League

Es un hecho. El reinado de los reds se tambalea ante una resaca que ni un puñado de analgésicos ha podido paliar. Presentando síntomas similares al City la pasada campaña, o al resto de conjuntos que se hicieron con la corona para perderla a las primeras de cambio. Solo los citizens han sido capaces de preservar su conquista en los últimos 12 años. Sin embargo, la cuestión radica en porqué un equipo tan perfecto se ha transformado en un manojo de imperfecciones de forma tan abrupta. Son varios los factores que les han lastrado hacia esta situación, aunque son tres los ejes que componen las puntas del triángulo en el que el Liverpool ha quedado atrapado.

Enfermería colapsada

El desencadenante de todo lo demás. Como si de un efecto dominó se tratase, las lesiones de los principales estandartes han ido generando boquetes que Klopp ha ido parcheando sobre la marcha. Van Dijk, Arnold, Joe Gómez, Robertson, Salah, Chamberlain, Fabinho, Thiago, Henderson, Matip, Diogo Jota... el goteo era constante. A pesar de los contratiempos, Klopp logró sacar adelante al equipo con su peculiar ingenio, pero ha sido ahora, con la mayoría de efectivos recuperados, cuando el juego se ha resentido. Van Dijk y Joe Gómez están prácticamente descartados para lo que resta de temporada, mientras que Digo Jota, Tsimikas y Keita se espera que regresen el próximo mes de febrero. 

La baja de Van Dijk de pesadilla se transformó en oportunidad. Fabinho fue el elegido para licenciarse como central de élite, adoptando una metamorfosis regida por el adoctrinamiento de Klopp. El alemán ha construido, a imagen y semejanza de Van Dijk, otro monstruo defensivo capaz de dominar el cuerpo a cuerpo, la salida de balón, la anticipación y la temporización de las jugadas. Con él, el equipo mantiene la vigilancia (no le han hecho más de un gol en Premier en ningún encuentro) pero la falta de su baluarte transciende la parcela defensiva. Con su desplazamiento y empuje de líneas lograba destruir la presión rival y generar espacios a la espalda con los que Mané, Bobby y Salah descuartizaban las zagas. Además, su portentoso juego aéreo era un frecuente perforador de la meta contraria -5 goles anotó el pasado curso-. 

Sus dos compañeros de guardia, Joe Gómez y Matip, también cayeron, dejando huérfana una demarcación que Henderson ha sido el encargado de suplir. Con dos pivotes como centrales, las riendas quedaron a manos de Thiago Alcántara.

Qué barato terminó saliendo Van Dijk después de todo / FOTO: Liverpool FC
Qué barato terminó saliendo Van Dijk después de todo / FOTO: Liverpool FC

El Liverpool ha enmendado parte del problema, pero aún falta dotar al ataque de nuevos mecanismos con los que suplir la ausencia del propio Van Dijk y de Diogo Jota, jugador que irrumpió como elefante en cacharrería en el seno del equipo. El futbolista portugués llegó con expectativas cercanas a las de Minamino -un mero agitador desde el banquillo-. Sin embargo, su voracidad y polivalencia coincidió con la parálisis futbolística de Firmino, dándole un nuevo aire al ataque redFirmó 4 goles en 6 partidos de Champions y 5 en 9 de Premier, desenvolviéndose como delantero centro, mediapunta, interior, extremo derecho e izquierdo. Bajó al barro, dotó de frescura al juego y se enfundó el disfraz de goleador. Cómo no iba a Klopp enamorarse, cómo Diogo no iba a acondicionarse a un estilo donde puede correr y regatear como si estuviese en el patio del colegio. Solo su rodilla pudo frenar su ascenso, despojando al Liverpool de una materia prima que sigue sin recabar.

La pieza que dotó de un nuevo aire al tridente / FOTO: UEFA
La pieza que dotó de un nuevo aire al tridente / FOTO: UEFA

El primer vértice del triángulo, las lesiones, han privado al cuadro red de futbolistas capitales, de su influencia y de la posibilidad de abordar un desmesurado calendario con las fuerzas equilibradas.

Una sombra alargada

El nivel al que llegó el Liverpool en la temporada 2018-19 y que potenció aun más en la 2019-20 rozaron la divinidad. Una Champions y una Premier, 97 y 99 puntos, marcas pluscuanperfectas para un colectivo infranqueable hasta que su corazón  se resintió.

Si algo caracterizaba al bloque era la unidad con la que acataban las directrices de Klopp. La asfixiante presión acompasaba la explosividad con la que se atacaban los espacios, sometiendo al enemigo a un asedio extenuante. La obsesión por el gol copaba un área que, tarde o temprano, terminaba siendo conquistada. Esta temporada, a pesar de proseguir en numerosos tramos del encuentro con esa filosofía, el resultado no llega. La ineficacia supone un poso importante, pero el decrecimiento de ciertos futbolistas ha esposado su auténtico potencial.

Thiago, el nuevo director de orquesta red / FOTO: Liverpool FC
Thiago, el nuevo director de orquesta red / FOTO: Liverpool FC

El factor Thiago ha implicado la adopción de una dinámica diametralmente opuesta al concepto global e individual de jugadores como Trent-Alexander Arnold y Roberto Firmino. El español, ubicado como mediocentro, aporta una gestión del tempo más pausada a la vivida con anterioridad en Anfield. Sobre él recae la descongestión, la primera conducción, la construcción  y la posesión. A pesar de su brillante lectura táctica, aún no ha encontrado el engranaje con el que imprimir su sello al mecanismo. Como consecuencia de su proceso de aprendizaje, lateral y ariete han visto modificada su figura en la sala de máquinas, viéndose obligados a reinventarse.

El del brasileño es el caso más paradigmático. Su labor residía en la organización tanto estática como en transición, moviéndose por distintas alturas para crear ventajas en forma de espacios, sacando de zona a los centrales y acentuando la incógnita: ¿saltar o no saltar?. Respuesta superflua. Si saltaban, Mané y Salah azotaban el intervalo central-lateral; si no, giraba, pensaba y a inventar. Su presencia era determinante, pero con Thiago cultivando, los descensos se hicieron menos necesarios. Bobby ha de fijar a los ejes que antes desestabilizaba, vistiéndose de algo que nunca ha sido: un killer. Una guerra interna en busca de la identidad le persigue. 

Roberto Firmino, en búsqueda de sí mismo / FOTO: Liverpool FC
Roberto Firmino, en búsqueda de sí mismo / FOTO: Liverpool FC

Alexander-Arnold es el otro perjudicado del desembarco del español a orillas del Meryside. El lateral diestro asumía una responsabilidad mayúscula en la elaboración del primer pase. Desde su carril, levantaba la mirada, oteaba el horizonte y soltaba el envío al mejor postor. Un especialista del desplazamiento en largo, independientemente de su naturaleza. Su mayor virtud es el 2x1 cerebro-pie, al que sumaba una toma de decisiones exquisita. Sin embargo, esta última ha sufrido un recorte descomunal. Contra el Burnley lanzó 18 centros, y ninguno encontró rematador. Un 0% de acierto en una de sus más sobresalientes cualidades. En cuanto a las asistencias ha logrado dos esta Premier, mientras que fueron seis las que había conectado el pasado curso a estas alturas. 

Su servicio ha quedado reducido a su esquina para no desnudar una vía de peligro como es su banda. Antes, los espacios eran subsanados por la primorosa velocidad de un Van Dijk que ya no está. Con la transferencia de competencias a Thiago, arrancó su mili como lateral. El británico aún está muy verde, y es que él nunca ha sido un lateral.  Su mente alimentaba un organismo acondicionado por su rol, aunque con un matiz diferencial al resto de mortales. Su exuberancia le brindaban la posibilidad de extralimitarse en sus funciones, porque el Liverpool le necesitaba. Ahora, la necesidad nace en otro espacio en el que Arnold ha de doctorarse para salir del pozo. Sus fragantes errores han amamantado una desconfianza que se ha extendido a todos los aspectos del juego. La llave reside en la coralidad que el grupo necesita volver a encontrar, con la que Salah, Thiago y compañía les potencien y no les limiten, ni a él ni a Bobby. 

Arnold y su permutación hacia el lateral / FOTO: Liverpool FC
Arnold y su permutación hacia el lateral / FOTO: Liverpool FC

Sin gol no hay paraíso

La sequía se sustenta en el tercer elemento, la falta de gol. De los cinco partidos consecutivos que encadena sin ganar, en cuatro de ellos se ha quedado a cero (Newcastle, Southampton, United, Burnley), o lo que es lo mismo, 438 minutos sin perforar la meta contraria. Desde mayo del 2000 no vivía un destierro de tal magnitud.

Salah sigue siendo el máximo goleador del campeonato con 13 goles (0,72 por partido), pero la falla está en Mané, con 6 goles (0,33), y Firmino con 5 (0,26). En líneas generales, el Pool promedia 1,95 por encuentro a razón de los 37 anotados, dato que dista de los 2,24 que generó al término del pasado curso. La realidad es manifiesta, pero, ¿por qué a un devorador de redes le han colocado el bozal?

Mane, envuelto en la insolvencia / FOTO: Liverpool FC
Mane, envuelto en la insolvencia / FOTO: Liverpool FC

Por mucho que se reitere, la dimensión de Van Dijk es sideral. El juego áereo, aglutinando balón parado y centro lateral, era una de sus más sobresalientes fortalezas, a lo que hay que sumar la escasa contribución ofensiva del tridente. Mané es una sombra de sí mismo. El vertiginoso extremo senegalés se ha visto desprovisto de su explosividad. Sin espacios, sus virtudes se limitan, y el factor sorpresa pasa a depender de un acierto ahora perdido.

MoSalah y su batalla contra sí mismo / FOTO: Europa Press
MoSalah y su batalla contra sí mismo / FOTO: Europa Press

Salah comparte la adversidad de Sadio y Roberto en igual medida. Él ha dejado de profesar la cultura del desborde, que ha transcendido a su lucidez definitoria. El declive anotador se ha propagado por ellos como una cepa británica, al unísono y con síntomas idénticos. Más allá de una torpeza instantánea, el problema habita en su rendimiento en las facetas donde Liverpool decantaba la balanza. Tan valiosa es la presión, como los movimientos y desmarques con los que desarbolaban cada fortificación enemiga. El desgaste ha atenuado su chispa, y como consecuencia, las ocasiones creadas pierden un alto componente de efectividad. El equipo sigue generando, superando la decena de avistamientos de la meta contraria, pero con una puntería deficiente y un desmedido reclamo al centro lateral. 

Klopp ha asumido responsabilidades en la toma de decisiones, pero el alarmante vacío goleador de sus delanteros es el principal valedor del Estado de Alarma que los reds han activado. Su resolución, será el detonante de la recuperación. 

Klopp tiene la llave de la confianza para dar el vuelco a la situación / FOTO: Liverpool
Klopp tiene la llave de la confianza para dar el vuelco a la situación / FOTO: Liverpool

Tres años y nueve meses después Anfield se reencontró con la derrota. La segunda racha más longeva de la historia de la Premier quedó en standby ante un Burnley con la fortuna de cara. Ese ferviente himno que las gargantas entonaban cada sábado ha quedado atrapado en el tiempo. El desgaste sopesa, pero es cuando la tormenta aprieta y la oscuridad impera, cuando la luz surge, tal y como subraya el You´ll never walk alone. El Liverpool ha encontrado una sucesión de obstáculos a los que ha sido incapaz de superar. Su salida del abismo dependerá del arraigo con el que afronten un camino, que, por solitario que parezca, jamás atravesarán solos.

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