Yo jugué en el Real Betis: Pepe Gálvez
En la imagen, Pepe Gálvez celebra ante el Elche la consecución de uno de sus últimos goles como verdiblanco. (Foto: Betisweb.com).

Yo jugué en el Real Betis: Pepe Gálvez

Pese a dar el salto a la Primera división con apenas 17 años y ser uno de los jugadores más prometedores de su generación, las lesiones pararon la progresión del delantero balear, que tras despuntar en Mallorca y Valencia vivió el descenso a los infiernos verdiblanco entre 1998 y 2001.

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J. Julián Fernández S.

Hay futbolistas que prometen muchísimo en categorías inferiores. A los que se tiene entre algodones con la vitola de futuros cracks y que, gracias a ella, incluso saborean las mieles de la elite antes de tiempo. Muchos de ellos se quedan en el camino o bien por no tener la cabeza lo suficientemente amueblada o porque las exigencias y las lesiones les pasen factura. Precisamente lo segundo le pasó a Pepe Gálvez, a quien los problemas físicos le pararon en seco una progresión meteórica.

De hecho, este mallorquín nacido el 3 de agosto de 1974 tardó muy poco en acaparar protagonismo con un balón en los pies. Tanto es así que trituraba registros en la cantera bermellona, llegando a dar el salto con los mayores en enero de 1992, con apenas 17 años. Fue jugando como titular frente al Barcelona, en un choque en el que disputó los 90 minutos rindiendo a un gran nivel. De hecho, hasta tal punto convenció a Serra Ferrer que pasó a ser uno más en el vestuario, disputando 22 partidos en los firmó tres dianas (a Logroñés, Valladolid y Deportivo).

El descenso a Segunda le permitió tener más continuidad

Sin embargo, su aportación no sirvió para que los baleares salvaran la categoría, puesto que descendieron a Segunda como colistas, algo que empañó aquella temporada en la que Gálvez había hecho historia, al ser el canterano más joven de la historia del club en debutar en la primera plantilla. No obstante, la estancia en la ‘Categoría de Plata’ le vino muy bien a sus intereses, ya que le permitió tener mayor continuidad. De este modo, llegó a las 37 actuaciones y, con 15 tantos, fue el máximo artillero mallorquinista, aportando su granito de arena para entrar en la promoción de ascenso, en la que los del Luis Sitjar cayeron frente al Albacete.

Pese a ello, aquel curso fue casi perfecto para él, al debutar con la sub 21 (lo hizo el 23 de febrero de 1993 frente a Grecia, ante la que también se estrenó como goleador) y llamar la atención de los grandes, que se peleaban por hacerse con los servicios de una de las grandes perlas del fútbol español. Así, no es de extrañar que hiciese las maletas con destino a Valencia, donde comenzaría una nueva etapa a partir de la 93/94. Allí, en Mestalla, el delantero tuvo que acostumbrarse a actuar como revulsivo, un rol con el que tuvo 28 intervenciones y firmó tres goles (a Nantes, Deportivo y Osasuna). Del mismo modo, hizo sus primeros pinitos en Europa, dando un paso más hacia adelante en su prometedora carrera.

En Mestalla comenzaron sus problemas físicos

Sin embargo, en la 94/95 tuvo muchos más problemas. Las lesiones comenzaron a aparecer y le privaron de tener continuidad, quedándose sólo en 13 partidos en los que sumó otras dos nuevas dianas (a Compostela y Zaragoza). Quizás aquello provocó que a la campaña siguiente, la 95/96, saliera a por todas. Convenció a Luis Aragonés y se convirtió en habitual en el once inicial, donde se convirtió en socio de lujo de Mijatovic y, además, logró once ‘chicharros’ (incluyendo actuaciones tan memorables como su ‘hat trick’ al Valladolid) en 28 envites. Pese a todo, se quedó con la miel en los labios en Liga, donde el cuadro che fue subcampeón, y en los Juegos de Atlanta, que se perdió debido a una lesión.

Y precisamente los problemas físicos volvieron a complicarle las cosas a lo largo de la 96/97, en la que apenas llegó a los 19 partidos en los que marcó cuatro goles (a Rayo, Valladolid, Logroñés y Sevilla). Fueron sus últimos servicios en Mestalla, puesto que en marzo volvió al Mallorca, donde participó en siete encuentros en los que arrimó el hombro camino al ascenso a Primera, algo que se conseguiría en la promoción frente al Rayo Vallecano.

Se reivindicó como bermellón antes de ser verdiblanco

Así las cosas, Gálvez había regresado casi a sus orígenes, vistiendo de nuevo la elástica bermellona en la máxima categoría. Y no en una temporada cualquiera, sino en la que el conjunto balear estuvo a un paso de tocar la gloria con las manos. Con Héctor Cúper en el banquillo, los insulares dejaron aparcado el vértigo, quedando quintos en Liga y subcampeones en Copa, donde sólo los penaltis pudieron quitarle el título a favor del Barcelona. En este sentido, el atacante, aportó su granito de arena con cinco goles (a Betis, Atlético (2), Tenerife y Sporting) y 25 actuaciones.

Sin ser titular indiscutible, se había vuelto a reivindicar, por lo que el Betis, que buscaba seguir viviendo en las alturas, se fijó en él para reforzarse. Y lo cierto es que empezó con muy mal pie en Heliópolis, siendo testigo de las dimisiones de Aragonés y Oliveira sin que empezase la temporada e, incluso, del pésimo arranque liguero que protagonizó el equipo con Cantatore al frente. Al menos, quedó el consuelo de que la situación pudo reconducirse gracias a la labor de Javier Clemente, aunque las lesiones volvieron a pasarle factura a Gálvez. De este modo, y pese a tener tres competiciones (Liga, Copa y UEFA), jugó apenas 19 duelos durante los que pudo sumar seis tantos (a Velje, Extremadura, Villarreal (2), Salamanca y Valladolid).

Vivió el descenso de la 99/00 y el ascenso de la 00/01

Y si las cosas fueron complicadas en la 98/99, peores se pusieron incluso en la 99/00. Con Griguol al mando, el equipo nunca terminó de encontrar su estilo, algo que deparó la llegada de Hiddink, después, y Hadzibegic en una lucha desesperada por la permanencia que acabó con el castigo del descenso. Durante aquella campaña, el mallorquín gozó de algo más de regularidad, llegando a los 23 choques, pero sólo firmó dos ‘chicharros’ (a Bermeo y Valladolid), contagiándose de una falta de puntería que, indisolublemente, acabó mandando a la escuadra de las trece barras a Segunda.

Para colmo de males, los problemas físicos, una vez más, volvieron a aparecer para Gálvez, que no pasó de ser un suplente habitual en la 00/01. Por ello, sólo se le vio sobre el césped en 16 ocasiones durante la temporada en los que logró tres dianas (ante Elche, Lleida y Leganés). Fue su contribución en el camino a un ascenso que llegó en la última jornada, tras una sufrida victoria en Jaén que provocó el éxtasis en el vestuario y la afición. El balear participó en él (llegando a quedarse desnudo sobre el césped del estadio de La Victoria), aunque quizás siendo consciente ya de que no seguiría.

Burgos fue su última parada en el profesionalismo

Porque en verano puso fin a su etapa como verdiblanco y se marchó rumbo al Burgos, donde volvió a tener algo más de continuidad, 26 partidos y dos goles (a Sporting y Poli Ejido), pero con el que vivió un nuevo descenso, esta vez a Segunda B. Aquella situación motivó que, con la paciencia comida por sus recurrentes lesiones, decidiese colgar las botas pese a contar con apenas 26 años. Cierto es que tuvo un breve retorno a los terrenos de juego en las filas del Playa Calviá, en su Mallorca natal, pero lo pasó de ser unos cuantos partidos sueltos.

Y precisamente en ese club comenzó su carrera en otras esferas futbolísticas. Se convirtió en presidente de la entidad y, poco después, conjugó ese cargo con el de entrenador en sus escalafones inferiores. Todo hasta que el Mallorca (en cuyos veteranos juega regularmente), en 2012, volvió a llamar a su puerta para que trabajase en su cantera. Con ello, Gálvez pasa a cuidar de las nuevas perlas bermellones, consciente de que otros como Carlos Carmona ya le había quitado el récord de precocidad con los mayores y de que, muchas veces, no importa tanto llegar pronto a la elite, sino saber mantenerse en ella, sorteando al malfario y las lesiones.

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