Glasgow 2007: el reencuentro con la historia
Imagen: Adrián Simón / VAVEL

En 2006, un proyecto de fútbol construido para convertir al Sevilla FC en un grande de España hizo historia. El equipo sevillano, se convirtió en el ‘Príncipe de Europa’ tras alzarse con el título de la Copa de la UEFA. Era el primer título europeo para el conjunto hispalense, y parecía que este equipo había tocado techo. Eran los campeones europeos, habían derrotado a equipos de la categoría del Schalke 04 o el Zenit, ¿qué más se podía pedir? Por lo visto el año siguiente, mucho más.

La gloriosa temporada 2006/07 empezó con la Supercopa de Europa. El título de ‘Príncipe’ estaba bien, pero se les presentó la oportunidad de ser los ‘Reyes de Europa’. Para eso, debían derrotar al FC Barcelona de Eto’o, Ronaldinho y Deco, que venía de proclamarse campeón de la Champions League ante el Arsenal. Con los equipos terminando la pretemporada y los futbolistas pensando todavía en las vacaciones de verano, es fácil llevarse alguna sorpresa. En este caso, la sorpresa fue mayúscula, y los andaluces endosaron un doloroso 3-0 al conjunto culé. Renato puso tierra de por medio muy pronto, a los siete minutos, y más tarde lo hicieron Kanouté y Maresca, este último de penalti.

Esa fue la carta de presentación del Sevilla para la temporada que estaba empezando, la que, a posteriori, sería la mejor de la historia. En la Liga, el club hispalense se convirtió en la tercera alternativa de España; solo fue superado en la clasificación por el Real Madrid y el Barça, y los sevillistas obtuvieron una puntuación de récord. Por otra parte, la Copa del Rey dio otra alegría a la afición del equipo rojiblanco. El Sevilla acabó proclamándose campeón del torneo en el Santiago Bernabéu, donde derrotó al Getafe por 1-0. Otro año podría haber sido un gran éxito; sin embargo, esta vez, fue un simple broche a una histórica campaña.

Comienza la UEFA

A pesar de ser el vigente campeón, el Sevilla no quedó exento de jugar la ronda previa a la fase de grupos. Eso sí, su eliminatoria fue un mero trámite. Para alcanzar la siguiente ronda, el equipo hispalense se enfrentó al Atromitos griego, que se llevó seis goles en el cómputo global. Una semana después del partido de vuelta, se realizó en Nyon el sorteo de los grupos, donde el conjunto español quedó encuadrado junto a AZ Alkmaar, Sporting de Braga, Slovan Liberec y Grasshopper Club. Por aquel entonces, al ser grupos de cinco equipos, pasaban los tres primeros a la ronda siguiente.

Con dos victorias, un empate y una derrota, el conjunto sevillista pasó como segundo clasificado, aunque no fue directamente a la ronda eliminatoria. En el formato de la antigua Copa de la UEFA, el segundo de cada grupo jugaba con un repescado de la Champions, mientras que el primero se enfrentaba al tercero. En caso del Sevilla, su rival fue el Steaua de Bucarest, al que los hombres de Juande Ramos pasaron por encima.

La ronda del K.O.

“Final a final”, como diría Simeone, iba avanzando el Sevilla en cada eliminatoria. No fue una travesía fácil, y hubo que sufrir mucho para ver campeón al equipo andaluz. En octavos esperaba el Shakhtar Donetsk, un equipo al que es muy difícil ganar, así que, probablemente, la eliminatoria se iba a decidir a empates. Parecía que esa predicción iba a cumplirse, y el partido de ida terminó con un empate a dos favorable a los ucranianos. La vuelta se vaticinaba emocionante, aunque nadie hubiera adivinado el guión que el destino había preparado. En el minuto 93, el partido estaba 2-1 favorable al Shakhtar, y estos ya solo despejaban balones. Con el encuentro prácticamente terminado, hasta Palop había subido a rematar en un intento desesperado de llevar la eliminatoria a la prórroga. Al final acabó pasando la historia contada mil veces: marca el portero, y, al final, el Sevilla pasa a cuartos.

El 16 de marzo se realizó en Glasgow el sorteo de los cuartos y las semifinales del torneo. El equipo hispalense se cruzó con el Tottenham en cuartos, donde el resultado volvió a ser muy ajustado. En la ida, el partido se decantó del lado sevillista por la mínima (2-1) y, en la vuelta, habría que sufrir. A los ocho minutos, el Sevilla ya ganaba 0-2, gracias a los goles de Malbranque en propia puerta y Kanouté; los Spurs iban al límite de sus posibilidades, y necesitaban cuatro goles para pasar a semifinales. Defoe y Lennon hicieron la igualada en dos minutos, y todavía quedaba media hora. Los rojiblancos supieron apañárselas para que se jugara lo menos posible, pero todo se complicó cuando Antonio Puerta fue expulsado en el minuto 90, y todavía restaban los cuatro de descuento. Finalmente, el marcador no se movió, y el Sevilla se enfrentaría a Osasuna en semifinales.

Una cosa estaba clara: como mínimo, habría un español en la final. Ese equipo saldría de la semifinal entre Osasuna y Sevilla. Ambos equipos supieron jugar bien sus cartas, y aprovecharon el factor cancha para intentar decantar la eliminatoria a su favor. En la ida, disputada en el Reyno de Navarra, los rojillos se pusieron el pase a punto de caramelo. El partido acabó 1-0, y, aunque el marcador era corto, un gol osasunista en la vuelta obligaba a los rojiblancos a meter tres. No hizo falta, ya que el segundo partido fue controlado en todo momento por los locales, que se alzaron con la victoria por 2-0, un resultado que los ponía directamente en Glasgow, donde esperaba el Espanyol.

La gran final

El 16 de mayo de 2007, se disputó la final de la Copa de la UEFA en Glasgow, en el Hampden Park. Para el cuadro perico era una situación nueva, ya que nunca antes habían disputado una final europea. En el Sevilla, por el contrario, ya conocían ese cosquilleo nervioso y ese olor a gran final porque lo había vivido un año antes. Ambos equipos coincidían en una cosa, además del país de procedencia: estaban ante la que podía ser mejor temporada de su historia.

(Foto: UEFA).

Como era de esperar, el vigente campeón partía como favorito, aunque el Espanyol intentó que no se reflejara en el terreno de juego. El equipo hispalense se quedó la pelota en los primeros compases del partido, aunque las ocasiones se repartieron. Ninguno tuvo ocasiones claras de gol, pero ambos entraban fácilmente en el área rival. Pronto, a los 18 minutos, marcó Adriano para el Sevilla, en un golpe muy duro para los catalanes. Sin embargo, Riera tiró del carro y levantó a su equipo, que salió a buscar el empate rápido para evitar el agobio previsible conforme pasara el tiempo. Diez minutos después, ese empuje tendría su recompensa, y fue el propio Riera quien acabó marcando el tanto de la igualada.

A partir de ahí, empezó un partido totalmente nuevo, pero los planteamientos eran exactamente iguales. La final acabó pareciendo un combate de boxeo épico, de esos que se graban para siempre en la retina. Tras el descanso, Juande dio entrada a Jesús Navas y, poco después, a Kerzhakov. Sin embargo, era el Espanyol de Valverde el que parecía más dispuesto a llevarse el trofeo a Barcelona. Riera volvió a tener una ocasión clara, pero se la sacó Andrés Palop, que todavía no era consciente de que aquella era su noche.

Revés para el Espanyol

Todo cambió para los pericos cuando, a los 70 minutos de partido, Moisés vio la segunda amarilla y dejó a su equipo con uno menos. Lejos de ser un aliciente más, el Sevilla pasó por encima del Espanyol, aunque los blanquiazules, heridos de muerte, supieron aguantar el chaparrón hasta el final. Quizá esto pasó porque los de Juande acusaron un exceso de ansiedad; no era de extrañar, puesto que su rival estaba con uno menos, agonizando, y les restaban veinte minutos para intentar llevarse el partido en el tiempo reglamentario, pero no pudo ser. Se agotaron los noventa minutos, aunque a los hispalenses todavía les restaba media hora para seguir bombardeando la portería de Iraizoz.

Imagen: Libertad Digital

La prórroga volvió a ser un monólogo rojiblanco, donde el Espanyol no era ni la sombra de un equipo finalista de una competición europea. Firmaban los penaltis con los ojos cerrados, pero Kanouté no estaba por la labor. El delantero de Mali volvió a adelantar al Sevilla tras un pase perfecto de Jesús Navas, y todo parecía acabar.

Los pericos no veían la luz al final del túnel, mientras que los andaluces disfrutaban como niños. De no haber sido porque Gorka Iraizoz tuvo también una noche heroica, Antonio Puerta y Dani Alves podrían haber sentenciado. Sus paradas sirvieron para que los blanquiazules no se fueran del partido, y Jonatas volvió a igualar. Con todo el Sevilla volcado arriba, no se percataron de que Pandiani era un auténtico bicho atacando, y este le sirvió en bandeja el balón a su compañero para mandar la final a los penaltis.

La noche de Palop

Cuando un equipo lo hace todo bien durante nueve meses para intentar llevarse el título, parece una completa injusticia que se tenga que decidir todo en la lotería de los penaltis. Eso debieron pensar todos los aficionados sevillistas en el mismo instante en el que Busacca decretaba el final del partido. Pero daba igual, porque parecía que todo estaba escrito. Después de haberse adelantado dos veces en el partido, de haber dominado y de encontrarse con un jugador más durante casi cincuenta minutos, el Sevilla debía hacer desde los once metros lo que no fue capaz de hacer en dos horas. Pero era su año.

Imagen: El Correo de Andalucía

Más concretamente, era el año de Andrés Palop. Al portero valenciano no le bastó con hacer paradas imposibles y marcar un gol decisivo en el último minuto, sino que tenía que dar un título a su equipo. El guardameta acabó siendo el héroe de la noche, y paró tres penaltis que bien valieron su peso en oro. Tras el gol de Puerta, que hacía el 1-3, era el turno de Torrejón para el Espanyol, y los pericos no podían fallar. ¡Otra vez Palop! El Sevilla acababa de proclamarse campeón de Europa.

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