Hagi, el Celta y los 52 metros neblinosos que recorrió el balón
Hagi conduce el esférico (Foto:yojugueenelcelta)

La temporada 1994/95 no es gratamente recordada por el aficionado del FC Barcelona, ya que, entre otras cosas, fue la primera sin títulos de importancia en la era Cruyff, únicamente conquistándose la Supercopa de España. Se trató, asimismo, de la que dió comienzo a la cuesta abajo del Dream Team, que había iniciado su desmembración meses antes con la estrepitosa derrota en la final de la Copa de Europa de Atenas contra el AC Milan y la marcha del club de emblemas como Laudrup o Zubizarreta.

Tras su completa exhibición en la Copa del Mundo de USA ´94, Cruyff vio en él el recambio ideal de Michael Laudrup

El penúltimo año de Johan, en su equipo y en los banquillos, si pretende ser evocado con un ápice de belleza nostálgica, sólo es posible hacerlo acudiéndose a los detalles, como la victoria por 4-3 contra el Atlético de Madrid, los pasos serios de canteranos como De la Peña y Jordi Cruyff o los minutos de los que dispuso el primer fichaje estrella extranjero tras los cuatro grandes, el excelente zurdo, capitán de una de las mejores selecciones rumanas de la historia, Gheorghe Hagi. Gica para la mayoría.

"Escogí el Barcelona porque es el equipo en que me gustaría jugar. Ya lo dije alguna vez cuando estaba en el Real Madrid. La filosofía de juego del Barcelona es la que más gusta a la gente y yo me cuento entre ellos porque siempre he apostado por un juego ofensivo. Además, aquí está Cruyff". Gica Hagi.

Hagi era un media punta de técnica sobresaliente, lúcida visión de juego y golpeo de balón envidiable y preciso desde toda posición o distancia. Su influencia con Rumanía en el Mundial de Italia ´90 propició su fichaje por el Real Madrid en 1992, equipo en el que se mantuvo dos años jugando con regularidad -un total de 64 encuentros donde consiguió 15 goles- y dando claras muestras de su talento. El Dream Team en ebullición y un Real Madrid en decadencia tras la Quinta del Buitre impidieron que su aportación se reflejase en títulos y, así, fuese recordada posteriormente con la importancia que se merece.

Cruyff dando indicaciones al rumano (foto:fanatyk)

Tras su salida de la capital, habiendo pasado dos años alejado del máximo nivel, en la segunda categoría italiana comandando al Brescia en su ascenso, y nuevamente tras su completa exhibición en la Copa del Mundo de USA ´94, Cruyff vio en él el recambio ideal de Michael Laudrup -que acaba de fichar por el eterno rival- y, pese a que ya contaba con 29 años, no dudó en solicitar sus servicios, dándole una reválida en España.

Pese a la marcha del danés, la competencia por una plaza foránea en las alineaciones seguía siendo igual de competida que antaño, ya que Koeman, Stoichkov y Romario partían con ventaja principalmente por asimilación de conceptos y rendimiento previo, que no particularmente por calidad futbolística, donde Gica no les iba a la zaga.

El comienzo de la temporada fue, como a la postre el final, inestable para el equipo catalán, tanto en lo deportivo como en lo ambiental. Hagi principió en el banquillo, consiguió luego enlazar tres jornadas como titular en detrimento de Romario, y volvió al lugar entre los relevos con carácter indefinido. Las lesiones fueron un hándicap importante, ya que jamás le tuvieron consideración.

A la llegada a la jornada 14, el equipo había cosechado ya tres derrotas y tres empates, el último de ellos en la previa contra el Deportivo de la Coruña -con el "Salinazo" en el tiempo extra que daría el 1-1 a los gallegos-, que siguió a la derrota contra el Sevilla de Súker, también en el Camp Nou. Varios malos resultados para la plantilla disponible, vigente campeona de la última de las cuatro Ligas consecutivas del histórico conjunto.

Hagi únicamente había participado como titular en cuatro encuentros, y el quinto sería en esta fecha, en Balaidos contra un buen Celta entrenado por el mítico Carlos Aimar y liderado por el atacante Gudelj. Cruyff decidió formar uno de los onces iniciales más ofensivos posibles, dejando a Koeman en el banquillo y activando por delante de Pep Guardiola, el medio centro, a una batería de ataque compuesta por Bakero, Hagi, Stoichkov, Jordi y Romario. El arriesgado plan salió a las mil maravillas, ya que los celtiñas se vieron arrollados desde el pitido inicial, llegando a estar 0-3 abajo en el minuto 80, con los goles de Stoichkov, Romario y Koeman de penalti.

Celta de Vigo, en 4-4-2: Villanueva/ Alejo - Mariano - Patxi Salinas - Tárraga/ Carlos- Desio- Uribarrena- Gil/ Losada - Gudelj

FC Barcelona, en 3-4-3: Busquets/ Ferrer - Abelardo - Sergi/ Guardiola - Iván Iglesias - Bakero - Hagi/ Stoichkov - Jordi Cruyff - Romario

Si este partido merece ser rememorado entre tanto fiasco, fue por uno de esos detalles antedichos, que alegran la memoria del culé. El gélido ambiente del 11 de diciembre de 1994 favoreció uno de los goles de más bella factura de la temporada. La segunda parte fue prácticamente indescifrable para el telespectador, dado que una tupida niebla descendió con rapidez, cerniéndose casi a ras de césped. Tras el 1-3 marcado por Losada en el minuto 86 que acortaba distancias, se produjo el saque de puerta más llamativo, posiblemente, de la historia de la Liga.

Romario, con su fino instinto goleador, tras observar el adelantamiento del guardameta vigués Villanueva, y conocedor de las virtudes de su compañero de saque Gica Hagi, dijo al rumano: "Chuta a puerta, rápido, que está adelantado". Y claro, si a Gica se le mentaba, siquiera someramente, el lanzamiento lejano -como ya demostró en el Real Madrid y posteriormente seguiría exhibiendo en USA ´94- en su mente saltaba un resorte instantáneo. Así que habiendo niebla como si hubiese habido un muro de ladrillo entre él y la portería rival, y tras tocar levemente el balón Romario con la punta del pie derecho, Hagi conectó un zurdazo, potente, milimétrico, letal, que hizo volar el esférico a poco más de dos metros sobre el verde y a una velocidad media de 58 kilómetros por hora, yendo a aterrizar donde se esperaba, en el fondo de las mallas de Villanueva. Ese cuarto gol del partido, tercero del 11 en el campeonato doméstico, ya nunca sería olvidado.

"Hice caso a Romario, y fue una combinación de confianza y suerte", fueron las humildes declaraciones de Hagi tras el partido. Su compañero y uno de los futbolistas que mejor golpeó el balón en todos los tiempos, Ronald Koeman, sería algo más directo cuando le preguntaron por la obra de arte: "Pocos pueden meter el gol de Hagi, a mí no me ha salido nunca, y lo he intentado".

Para el Barça, aquel 2-4 final no significaría nada realmente. El Real Madrid de Jorge Valdano, Redondo, Laudrup, Zamorano y Amavisca entre otros, se haría con el campeonato; el FC Barcelona no volvería a levantar título alguno hasta la marcha del Flaco; Hagi no culminaría un periplo exitoso, participando en 35 partidos durante los dos años que se mantuvo en la Ciudad Condal; y como todos los imperios, el azulgrana se derrumbaría hasta más de una década después. Pero pese a todo ello, en la tragedia, con un poco de intención, siempre pueden ser rescatados restos emotivos, y sin duda aquel segundo inmerso en el minuto 90 de encuentro, es uno de ellos.

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