La pizarra: este Barça no entiende de maldiciones
El equipo celebrando un gol en la Liga. Foto: Noelia Déniz, VAVEL.com

El Barça llegaba a su campo maldito, 11 años sin ganar pesaban como una losa sobre el equipo culé, que tenía todas sus esperanzas puestas en romper cuanto antes el maleficio. Con un Real Madrid retirado en la lucha por el título, los catalanes pretendían seguir tomando distancias respecto a sus dos seguidores más cercanos, Atlético de Madrid y Valencia.

Ernesto Valverde planto el ya habitual 4-4-2 en el terreno de juego con la intención de seguir teniendo el control de los partidos desde el centro del campo. Con la defensa compuesta por los habituales de las últimas fechas, la sorpresa la encontramos en el medio del campo, donde el txingurri alineó a André Gomes en lugar de Andrés Iniesta y posicionó a Paulinho más caído al costado derecho, una posición prácticamente inédita para el brasileño. Leo Messi y Luis Súarez, serían los encargados de completar el once.

Pesadilla en Anoeta

El partido comenzó según el guión previsto, el Barça queriendo hacerse rápido con el control del balón mientras que la Real intentaba ahogar el juego de circulación culé con una presión bastante elevada. El trabajo dio sus frutos para los locales que vieron cómo se ponían rápidamente por delante en el marcador.

El Barça empezó a sentirse incómodo en el partido y es que su planteamiento no generaba opciones reales de ataque. El tándem Jordi Alba-André Gomes se vio superado siempre que la Real planteaba un ataque por su costado y sumados a las imprecisiones del portugués en ataque, llevaron al Barça al naufragio con el 2-0 de los donostiarras. Tanto Gerard Piqué como Sergio Busquets se veían desbordados por la presión de la Real Sociedad, no encontraban apoyos para realizar transiciones defensa-ataque y eso los culés terminaron pagándolo caro en el resultado.

Paulinho dejó ver en el partido todos sus defectos y virtudes. Al brasileño se le notaba incómodo en su posición, partiendo desde el volante derecho, era incapaz de darse la vuelta y sobrepasar la línea de defensa de la Real Sociedad. Siempre muy encimado por la presión, los donostiarras no dejaron opciones de ver el juego de Paulinho. Pero si pudimos ver que es uno de los mejores llegadores de la Liga, con el gol que sirvió para recortar distancias en el marcador. Con una de sus ya clásicas llegadas, el centro campista logró hacerse un hueco entre los centrales para poner el 2-1 en el marcador, justo antes del descanso.

Adiós maldición

Misma formación, mismos jugadores, pero diferente resultado en el juego. El Barça en la segunda parte, salió otra vez con la línea de cuatro en el medio pero esta vez con las ideas más claras. Sabiendo del esfuerzo realizado por la Real Sociedad en la primera parte, no era de extrañar que en algún momento los locales bajaran la guardia. Los de Eusebio, comenzaron a perder peso en el partido mientras que los laterales blaugranas comenzaron a ganarlo. Jordi Alba y Sergi Roberto, se convirtieron en la pesadilla de la defensa de la Real, con sus internadas obligaban a los medio campistas locales a estar muy atentos y estar constantemente apoyando a los laterales, provocando así un desgaste excesivo para los centro campistas de la Real.

El Barça, sin terminar de desplegar su mejor juego comenzó a ganar las disputas y monopolizó el juego de ataque durante toda la segunda mitad. Ernesto Valverde dio entrada a Dembélé, sustituyendo a Paulinho, para que el francés ocupase ahora sí su posición natural y consiguiese generar ocasiones de uno contra uno. Finalmente el Barça materializó su superioridad en la segunda parte con los goles de Luis Suárez, uno tras un gran pase de Messi y el otro procedido de un error de Rulli en un saque de puerta, que condenaron a una Real Sociedad que vio como el Barça se ponía por delante 2-3.

Luis Suárez conduce una jugada de peligro. Foto: Noelia Déniz, VAVEL.com
Luis Suárez conduce una jugada de peligro. Foto: Noelia Déniz, VAVEL.com

Todavía faltaba la guinda a la remontada culé de la mano de Leo Messi. El argentino se mostró incapaz de superar el muro planteado por Eusebio en la primera mitad pero en el segundo tiempo, Messi volvió a demostrar que no hay sistemas defensivos que puedan pararlo. Partiendo desde el centro del ataque, Leo protagonizó las ocasiones más peligrosas de los visitantes, con sus constantes asociaciones desmantelo la defensa rival siempre que quiso y logró asistir a Luis Suárez en el tanto del empate. Tuvimos que esperar hasta el minuto 85 para ver la obra de arte que nos tenía guardada Leo, un magistral libre directo que sobrepasó la barrera y se introdujo dentro de la portería defendida por Rulli, para poner el definitivo 2-4.

Finalmente, después de 11 años sin conseguir la victoria en Anoeta, donde ni el Barça de Guardiola, ni el del Tata, ni el de Luis Enrique, pudieron sacar los tres puntos, este Barça de Valverde lo consigue y de la manera más épica posible. Ernesto Valverde no cree en maldiciones, solo en trabajo y más trabajo, y este Barça es la consecución del trabajo bien hecho.

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