Un Atlético de dos caras
FOTO: Ángel Gutiérrez (Atlético de Madrid)

El partido de ayer ante el Sevilla volvió a poner de manifiesto, como ya se viera el pasado sábado ante el Eibar y como en muchos otros encuentros esta temporada, que tras el descanso los rojiblancos se transforman, para bien o para mal, pero se transforman.

No comenzó mal el primer acto el Atleti, pero poco tardó el Sevilla en demostrar que no iba a ser ese equipo roto y sin juego que venía siendo últimamente, no en el Metropolitano. Poco a poco fue el cuadro hispalense haciéndose dominador del encuentro y encontrándose muy cómodo sobre el tapete del nuevo feudo colchonero, ayudado eso sí por el mal partido de Saúl y Koke tan imprecisos en el pase como pasivos en defensa. En los primeros 45 minutos fue Moyá quién evitó que el Sevilla se fuera con ventaja tras dos grandes intervenciones, la primera en un mano a mano con Correa que solventó con creces el guardameta balear y la segunda tras un misil de Escudero desde 30 metros que hizo volar al portero para despejar ese balón, de esas paradas que tanto lucen en las fotos de los periódicos.

FOTO: Ángel Gutiérrez (Atlético de Madrid)
FOTO: Ángel Gutiérrez (Atlético de Madrid)

Sin embargo, el Atleti seguía vivo, sobre todo gracias a Diego Costa y Vitolo, los dos nuevos tiraron del carro arriba y crearon la mayoría de ocasiones de peligro por parte de los locales. Diego Costa incluso marcó un gol, bien anulado eso sí por falta previa de Griezmann sobre Sergio Rico, y vio como el propio portero sevillano en pleno pique con Moyá se lucía también ante un cabezazo de Costa para salvar a su equipo.

La segunda parte en cambio fue distinta, el Atleti aceleró (aunque levemente) en la presión y jugadas aisladas por parte de Costa y Correa (recién ingresado por Vitolo) hicieron que el Metropolitano se viniera arriba alentando a los suyos y en ese momento empezó a recordar el Sevilla dónde estaba jugando, en ese estadio donde ningún otro conjunto español había vencido anteriormente. En esas llegó el golazo de Diego Costa. Tras el tanto el Sevilla estaba grogui como un boxeador cuando recibe un golpe directo al mentón y se tambalea sobre el ring. El Atlético lo supo ver y se precipitó en busca del segundo gol que dejara encarrilada la eliminatoria, pero cosas del fútbol cuando peor estaba el equipo hispalense llegó el empate y ahí cambió todo. Subió Gabi arriba a presionar como el lobo que huele la sangre de su presa herida, aunque dicha presión no causó efecto y Koke (en un fallo de infantil) no comete falta en el centro del campo haciendo así que el Sevilla tuviera campo libre para irse arriba con los dos pivotes rojiblancos ya superados.

El destino quiso que Moyá, observado durante todo el partido con lupa, por la difícil papeleta de jugar por delante de Oblak, y que había salvado al Atleti en el primer acto, se encontrara ahora con la mala fortuna de meter en su propia portería un centro de Navas desviado ligeramente por Lucas. El cuadro de Montella no se conformó y el Atleti en otro error impropio de este equipo esta vez en defensa (mal despeje de Godín y lentitud de Savic en carrera ante Correa) permitió que el argentino sevillista internara en el área y en una jugada muy similar a la de la primera mitad que sacó Moyá, esta vez el delantero salió vencedor y su equipo con una gran ventaja para la vuelta que se disputará el próximo martes en Sevilla. En el Sánchez Pizjuan el Atleti no se puede permitir tirar a la basura 45 minutos, necesita la mejor versión de todos sus hombres, desde luego tanto afición como jugadores nunca dejan de creer.

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