La pizarra: Dos detalles que penalizan
Foto: María José Segovia-VAVEL-.

La pizarra: Dos detalles que penalizan

Repasamos, análisis táctico mediante, el desempeño armero desde una perspectiva encaminada hacia el juego. Los azulgranas realizaron una labor a base de presión y amplitud en el campo. También puntualizamos las falencias. 

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Oscar Stefano De Antoni

Bajo la estela de un marcador positivo, a la Sociedad Deportiva Eibar se le escaparon dos puntos en su visita al Ramón Sánchez Pizjuán e igualó 2-2 ante el Sevilla Fútbol Club. La eficacia armera determinaba un 2-0 que permaneció inmutable hasta el minuto 88, gracias a las conquistas de Fabián Orellana (22’) y Charles Dias (63’). No obstante, dos detalles en el epílogo del encuentro decantaron el empate final con los goles de Wissam Ben Yedder (88’) y Pablo Sarabia (92’). De esta manera, los azulgranas dejaron escapar la posibilidad de alcanzar la línea del Real Betis Balompié para conservar la décima ubicación en la clasificación.

Esquema madre

En el comienzo del partido, José Luis Mendilibar optó por una sola variante respecto del once que había vencido al Girona (3-0): Asier Riesgo ocupó la plaza de Marko Dmitrovic. En consecuencia, se mantuvo el mismo esquema táctico (4-4-2) que viene repitiendo el entrenador vasco. Dentro del campo, se observaban los dos laterales profundos (Rubén Peña en la derecha y Cote en la izquierda), acompañados de la zaga (Iván Ramis-Anaitz Arbilla). Por delante, se encontraban los centrocampistas de banda (Fabián Orellana por la derecha y Marc Cucurella en la izquierda), resguardados por el doble pivote (Pape Diop y Joan Jordán). Finalmente, en la zona de los arietes estuvieron Charles Dias y Sergi Enrich.

Durante el grueso del encuentro, se observaba dos comportamientos a valorar por parte del Eibar. Por un lado, sin pelota, el conjunto guipuzcoano adelantaba sus líneas con seis futbolistas por delante de la mitad de cancha. Una vez que los pupilos de Pablo Machín se hacían con el balón tanto Sergi Enrich como Charles hostigaban a la línea de tres zagueros, mientras que Orellana y Cucurella efectuaban lo propio en los costados con los laterales volantes. Por su parte, Diop y Jordán aguardaban agazapados para anticiparse al eje nervionense (Mesa-Banega) con un doble propósito: el quite o la incomodidad en el primer pase obligando a los rojiblancos a jugar largo.

Por otro lado, con el balón, los eibarreses se reflejaban sin complejos. Un equipo íntegro, sin incomodidad para mover el balón con una posesión dañina intentando abrir el campo con sus dos extremos (Orellana y Cucurella). Allí, los visitantes conformaban un 4-2-4 con seis o siete futbolistas mostrándose como opción de pase. En esta faceta, el Eibar mostró su mejor versión puesto que no sólo atacaban esos cuatro jugadores de arriba, sino que los laterales (Peña-Cote) eran una posibilidad como asimismo la aproximación del eje. A su vez, se sucedió un cambio de roles. Ello aconteció en el primer gol del Eibar, cuando Cucurella finalizó de extremo izquierdo y tras dos recortes, Orellana culminaba de nueve. Dentro del trabajo invisible, en esas progresiones con balón tanto Enrich como Charles realizaron un trabajo eficaz asociándose con los jugadores que se hallaban de frente para seguir circulando el balón.

Los puntos flacos

Desde una perspectiva más exhaustiva, el Eibar evidenció como debilidad los balones largos que frecuentaron en la primera parte, a espaldas de Peña que obligaron a Ramis, quien tenía que desplazarse ocasionalmente a la derecha con Ben Yedder mano a mano y allí el centrodelantero explotaba el espacio para desbordar dejando la defensa armera desguarnecida. También, se observaba otra grieta en las segundas jugadas de los balones o centros cruzados, donde allí los nervionenses sacaron provecho. No obstante, estas dos debilidades fueron consecuencias de la presión armera que, obligaba al Sevilla ya sea a jugar largo o buscar una opción de pase externa sin juego por dentro.

Foto: Ángel Ezkurra-VAVEL-.
Foto: Ángel Ezkurra-VAVEL-.

Con las modificaciones y el trajín del partido, en el que los guipuzcoanos realizaron un desgaste insistente durante los 90 minutos, el equipo se mantuvo íntegro en un 4-4-2 con el ingreso de Kike García, mientras que con Escalante era más bien un 4-4-1-1 con el argentino actuando de mediapunta por delante del eje. Indefectiblemente, esa base sólida que se encontraba durante el grueso del partido, con los minutos y la ventaja a su merced empezó a resquebrajarse. Ello, sumado al ingreso de futbolistas más ofensivos Jesús Navas, Franco Vázquez y Bryan Ruiz. Así, el elenco local capitalizó tales factores para poder equilibrar la balanza, dejando atrás el 3-4-1-2 de arranque (o 5-3-2 en defensa) para transformarse como un 2-5-2. Un fiel reflejo de ello, es cuando centran en el 2-2, ya que quien finaliza de nueve es Pablo Sarabia.

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