Monchu, un todocampista a las
órdenes de Robert Moreno
Monchu celebra un gol con el Barça B. Foto: Vavel. 

Monchu aterriza en Granada con el complicado objetivo de hacer olvidar a uno de los mejores jugadores de las últimas dos temporadas, Yangel Herrera. O así lo cree el club al ficharle. El balear es ese centrocampista capaz de realizar largos esfuerzos durante el partido y de pisar área rival de forma constante, tal y como hacía el venezolano. 

Un llegador agresivo en la presión

Esa misma intensidad que usa para trazar desmarques desde segunda línea cuando pisa el área aparece en los instantes de presión adelantada. Monchu es un futbolista made in La Masía, por lo que la presión tras pérdida que pedirá Robert Moreno la tiene bien aprendida

Este último curso anotó tres goles en Girona gracias a su buen golpeo de balón, y a su capacidad para sorprender llegando desde atrás. Si bien es cierto que el disparo a larga distancia de Monchu es una de sus armas a tener en cuenta, disparó hasta 42 veces la temporada pasada, de las cuales 17 fueron a puerta, el pase no se queda atrás. 

En el juego de posición, el canterano azulgrana es un futbolista que juega fácil, da continuidad al juego y es capaz de organizar los ataques de su equipo. El curso pasado ejecutó con éxito 587 pases buenos en campo rival, siendo el 17º jugador de la Liga Smartbank en ese aspecto. 

Una agresividad no siempre positiva

Pese a que ese plus de intensidad es algo muy a tener en cuenta para sacarle jugo, Montilivi vio como esa agresividad que emplea Monchu para recuperar balones le jugó un par de malas pasadas. El mallorquín fue expulsado en dos ocasiones la pasada temporada por bruscas entradas a destiempo. Un aspecto que deberá mejorar en su primer curso en la élite del fútbol español. 

Influencia en las distintas zonas del campo

Tal y como hemos comentado con anterioridad, Monchu es un centrocampista de ida y vuelta, que puede aparecer en área propia y en la rival. Si bien es cierto, cuando su equipo inicia la jugada, la naturaleza de Monchu le pide alargar al máximo el campo, darle profundidad al equipo y que sean otros los que se encarguen de sacar el esférico limpiamente desde atrás. 

A medida que el cuero va ganando metros, Monchu gana protagonismo. En la zona de creación del juego, el balear se siente cómodo, y participa mucho más con el objetivo de dar continuidad a los ataques de los suyos. 17 de los 30 pases por partido que dio en Girona fueron en campo contrario

Pero su zona fetiche del terreno de juego no es otra que la de finalización. Allí Monchu se siente como pez en el agua. Esa libertad para poder pisar área una y otra vez le convierte en ese todocampista imprevisible que vuela desde segunda línea y sorprende a diestro y siniestro a todo al que esté esperando parado en el centro del área. Los Cármenes ya tiene a esa pieza de mercado tan cotizada y deseada, el todocampista.  
 

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