No es ganar un punto, es perder dos
Correa celebrando su gol | Foto: Atlético de Madrid

Parecía que sí, parecía que el 2022 había traído cambios en el equipo. Los partidos contra el Rayo Vallecano y Rayo Majadahonda daban a entender que las vacaciones de navidad habían servido para algo más que descansar, pero como un mago haciendo desaparecer una persona bajo una manta, el Atleti que empezó el año se desvaneció como si de un truco se tratase.

Los fantasmas del pasado

Los rojiblancos llegaban al Estadio de la Cerámica con más expectativas que ganas y así se vio en el campo desde el momento que el árbitro hizo sonar su silbato. Un equipo nervioso, sin un plan claro y con más imprecisiones que la escopeta de feria de unas fiestas de barrio, dejaban la puerta abierta al submarino amarillo para jugar como ellos quisiesen, sin oposición rojiblanca.

El equipo del Cholo se convirtió en su peor rival: los colchoneros jugaron dos partidos simultáneos, uno contra el Villarreal y otro contra ellos mismos.

Menos mal que el Atlético de Madrid tiene un Ángel de la guarda, que no viene del cielo, sino de Rosario. Correa se inventó un zapatazo desde la galleta del mediocampo que dejó a Rulli totalmente fuera de juego y sin opciones de parar ese misil. El Atleti —muy en contra de lo que reflejaba al situación— atacaba primero.

Tampoco es que la alegría fuese a durar demasiado. Diez minutos después del gol de Correa, el árbitro señalaba penalti a favor de los locales por mano de Lemar. Paró Oblak el primer intento de Gerard, pero acabó anotando Parejo en el rebote. Parecía que se volvía al empate, pero el VAR avisó de que el español anotó con la mano y finalmente se volvió al resultado anterior.

El penalti fue un aviso; el Villarreal empataría después de una jugada en la que Oblak estuvo lento y se acabó encontrando el balón sin tiempo de reacción. El esloveno pasó de héroe a villano en cuestión de minutos. Vuelta a empezar para ambos equipos.

Desde el gol de los locales hasta el pitido del descanso los minutos pasaron sin pena ni gloria. Ninguno daba su brazo a torcer, pero la sensación en el campo era que los rojiblancos estaban esperando el error, mientras que el submarino amarillo lo buscaba.

No fue sorpresa que los primeros minutos de la segunda parte fueron  una réplica prácticamente exacta de la primera. Nada cambió en el descanso, el Atleti seguía perdido y se le acababa poco a poco el tiempo.

Como era de esperar, acabó llegando el segundo del Villarreal. Desajustes defensivos sumados a una buena acción de ataque dejaron a Alberto Moreno solo contra Oblak —que cerca estuvo de parar el balón—. El Atlético se ponía por detrás en el marcador por primera vez en el partido y en el 2022.

Mejor tarde que nunca

Algo más que un milagro necesitaba el Atleti para darle la vuelta a la situación y lo más parecido fue Jorge "Koke" Resurrección. El capitán regresaba al terreno de juego después de unas "vacaciones" para darle algo de sentido al juego del Atlético de Madrid. Koke estaba siendo uno de los más criticados en los últimos encuentros, porque la realidad es que se encontraba bastante lejos de su nivel, pero aquel jugador que llevaba la batuta en el campo como si del director de la Filarmónica de Viena se tratase volvió al Estadio de la Cerámica.

Los cambios volvieron a ser el salvavidas de Simeone; gracias a Joao, Koke y Vrsaljko el Atleti por fin tomó un rumbo en el partido. Bastaron cinco minutos para devolver el empate al marcador con una buena jugada que acabó con Kondogbia reventando el balón desde la frontal del área para dejarlo al fondo de la red. Por desgracia, el jugador centroafricano fue expulsado al final del partido por doble amarilla y se perderá el siguiente duelo liguero.

Kondogbia golpeando el balón que devolvería el empate | Foto: Atlético de Madrid
Kondogbia golpeando el balón que devolvería el empate | Foto: Atlético de Madrid

El árbitro volvió a ser cuestionado —como ya parece costumbre en los últimos partidos— por su criterio a la hora pitar y sancionar, pero tampoco se pueden echar balones fuera, ya que el resultado viene dado por una mala gestión del equipo colchonero.

El partido finalizaría con el dos a dos que dejó Kondogbia en el sesenta y siete. El Atleti volvió a empatar, porque ellos quisieron ese resultado. Una vez más volvieron a tirar una primera parte que si no hubiese sido por la magia de Correa habría acabado en desastre. Cuando los rojiblancos quisieron jugar, lo demostraron en el campo, pero claro, ya era tarde. El Atleti esta vez no gana un punto, sino que pierde dos.

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