Elaine Thompson, aprender a correr antes que a andar

El pasado 9 de julio se vivió uno de esos momentos sencillamente excepcionales en atletismo que no dan tan solo lugar al elogio, sino a la incredulidad. A la cuestión de eterna continuidad que se produce cíclicamente en este deporte en cuanto al lugar en el que se sitúan los límites físicos del ser humano, del atleta excepcional nacido para marcar época, para pulverizar marcas, para convertir su estructura esquelética y muscular en una máquina prácticamente perfecta para desafiar al viento y transformarse en pura velocidad. Y es que el caso de Elaine Thompson, la velocista jamaicana, campeona olímpica de 100 y 200 en los pasados Juegos de Río, deja al mundo del deporte sin palabras y con la sensación de que en Jamaica encontraron la fórmula de la velocidad.

Generation reggae vs. Generation run

Disfrutando a Bolt y ahora a Elaine se corrobora la teoría de que Jamaica vive más deprisa porque la velocidad forma parte de su paisaje vital. Hace unos años hubieran tomado por loco a todo aquel que hubiera insinuado que en algún momento de la historia surgiría un personaje capaz de ubicarse a la altura de Bob Marley, pero Usain y esta magnífica ‘generation run’ han conseguido brillar con tanta luz como la ‘generation reggae’ del Rey.

Cuentan los que pisan tierra, asfalto, arena y tartán en aquella Isla, que todos los niños quieren correr más, que en algunos casos lo hacen por pura supervivencia, para hacerlo más rápidos que las balas que sortean ataúdes en los guetos. Y en la mayoría, además de la genética privilegiada del jamaicano para la velocidad, gracias al sistema escolar implantado en 1911 por los británicos cuando Londres era su metrópoli. No en vano en gran medida su enorme cantera se cimienta en que a falta de otros medios para practicar otros deportes, los chavales salen al patio de las escuelas a echar carreras y, de ahí surgen auténticos campeones.

Los verdaderos ídolos de los niños

A diferencia de otros puntos del planeta los ídolos de los niños en Jamaica no juegan al fútbol, tampoco en la NBA, son simplemente Herb Mackenley y Arthur Wint, medallistas en los Juegos de Londres de 1948. Es por su puesto Don Quarrie, primer campeón olímpico de Jamaica, oro en los 200 metros en Montreal 76, también la inolvidable Merlene Ottey. Todos ellos inspiraron a Asafa Powell, Veronica Campbell-Brown y a Usain Bolt, que como animal más veloz de todos los atletas representa la perfección de la genética y el trabajo de todo un pueblo. Los ídolos en Jamaica no tiran a canasta, no marcan goles, solo escuchan la música del viento al correr.

Elaine Thompson, 10.94 sin zapatillas de tacos

En Jamaica los niños y niñas vuelan literalmente, descalzos, en zapatillas, zapatones, sandalias, chancletas… el calzado es lo de menos, apenas pisan el suelo, solo unos pocos apoyos, pues para ellos lo importante es volar. Solo de esta forma es explicable la gesta conseguida por Elaine Thompson en los Müller Anniversary Gamens, en el noveno mitin de la Diamond League, en el que dejó sin palabras a todos consiguiendo un tiempazo de 10.94 en los cien metros que la consolida como máxima favorita para los campeonatos del mundo, que se disputarán en el mismo Olímpico de Londres del 4 al 13 de agosto próximo. Pero lo que realmente otorgó la verdadera medida de lo que significa Jamaica para el atletismo y la velocidad, es que Elaine Thompson hizo el citado registro sin hacer uso de las zapatillas de tacos.

El corazón de la velocidad mundial late en Jamaica

La jamaicana lo explicó a Reuters con una simplicidad que ciertamente asusta: "No estoy segura, pero los tacos que tengo dañan mi talón de Aquiles por eso estoy corriendo con lisos (zapatillas sin tacos)". Y es que aunque ya era sobradamente sabido, después de esto solo queda por decir que el corazón de la velocidad mundial late en Jamaica y su templo es el estadio Nacional de Kingston, extensión profesional de las calles jamaicanas y sus colegios, Calabar, St. Yago, Kingston College, Jamaica College, Vere Technical y Woolmers. Aquellos en los que literalmente los niños aprenden a correr antes que a andar.

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