El ángel de la guarda y la importancia de un trabajo que no siempre se ve
Sid Watkins posa junto al coche médico (Foto: AFP).

Hace unos días Kevin Magnussen protagonizó un espectacular accidente a la salida de Eau Rouge en el circuito de Spa-Francorchamps. Por fortuna, y a pesar del fuerte impacto que soportó contra las protecciones, el habitáculo del monoplaza quedó intacto y el danés pudo salir por su propio pie. De hecho, a los 5 días volvía a subirse al coche en el Gran Premio de Italia. De nuevo los dispositivos y medidas de seguridad tanto del monoplaza como del circuito habían funcionado a la perfección.

"Uno de cada 10 accidentes era mortal. Ahora, uno de 300" - Sid Watkins.

Sin embargo, no siempre fue así. Pocas décadas antes, un accidente de estas características podría haberle costado la vida al piloto. El punto de inflexión tiene nombre y apellidos: Sid Watkins, un neurocirujano inglés que revolucionaría el concepto de seguridad en la máxima competición del automovilismo. “Cuando comencé, uno de cada diez accidentes era mortal. Ahora, la relación es uno de trescientos”, expresó el propio Watkins en su retirada, en 2004. Esta semana se cumplen cuatro años de su fallecimiento, el 12 de septiembre de 2012.

Su inicio y primeros avances en la Fórmula 1

En el año 1978, Watkins, médico y gran aficionado al automovilismo, conoció a Bernie Ecclestone, el ‘mandamás’ de la Fórmula 1, quien le ofreció  el cargo de doctor en las carreras, que aceptó. Ese mismo año tendría lugar en el Gran Premio de Italia un accidente de Ronnie Peterson en la primera vuelta que dejó el monoplaza envuelto en llamas. Algunos pilotos consiguieron sacarle, aunque cuando Watkins llegó al lugar, la policía italiana había formado una cadena humana que impedía acercarse a nadie al piloto, incluso en un principio al propio Sid. En total, pasaron 18 minutos hasta que la ambulancia llegó y trasladó al piloto hacia el hospital, donde fallecería al día siguiente.

Sid Watkins junto a Bernie Eclestonne en 1978 (Foto: F1)

Al comprobar este descontrol y falta de medios, Watkins exigió a Ecclestone para el próximo Gran Premio un mejor equipamiento de seguridad, un anestesista, un coche médico que permitiera seguir durante la primera vuelta (donde existe más riesgo de accidente) a los monoplazas y un helicóptero médico que no solo se utilizara en carrera, sino en todas las sesiones. La petición fue concedida. Igualmente, consiguió que las instalaciones médicas fuesen adecuadas y mejoras en el propio coche médico, el cual inicialmente era un turismo familiar sin asientos traseros (del que salió disparado en una ocasión el anestesista al no poder sujetarse) y conducido hasta entonces por personas inexpertas.

El continuo progreso en seguridad

En 1981 se creó la Comisión Médica de la FIA, encabezada por Sid Watkins como presidente, donde se empezaron a elaborar normas para los centros médicos y procedimientos en todos los circuitos. Durante los años posteriores, el médico británico no pudo hacer nada respecto a las muertes de Gilles Villeneuve o Riccardo Paletti, en cuyo accidente Watkins se quemó las manos intentando sacar al piloto italiano del fuego producido en su coche. El fuego era una de las situaciones más peligrosas a la que se podía enfrentar, por lo que sus esfuerzos se centraron en tratar de minimizar el riesgo de incendio en el monoplaza.

No obstante, sí que logró salvar la vida de pilotos como Gerhard Berger (Imola, 1989) tras el incendio de su coche, Martin Donelly (Jerez, 1990) después de salir despedido del monoplaza con el asiento aún anclado a su espalda o Mika Hakkinen (Adelaida, 1995), a quien Watkins practicó una traqueotomía de emergencia que acabaría por salvarle la vida tras sufrir un fuerte impacto frontal.

Watkins mostrando el HANS (Foto: AFP)
Watkins muestra el HANS (Foto: AFP)

Su lucha en pos de la seguridad era incesante, e incluso en ocasiones se tuvo que enfrentar al parecer de los propios pilotos. El ejemplo de ello es su defensa acérrima del HANS (Soporte para cabeza y cuello, por sus siglas en inglés), a pesar de que algunos pilotos se quejaban de la incomodidad de este sistema que reducía considerablemente la posibilidad de sufrir lesiones en la cabeza y cuello a consecuencia de grandes desaceleraciones. Su uso se hizo obligatorio en 2003 y a la postre serviría para salvar vidas como las de Fernando Alonso (Brasil, 2003) al acabar contra las protecciones al pasar por encima de un neumático suelto en el trazado o Robert Kubica (Canadá, 2007) al impactar frontalmente contra un muro de hormigón a 300km/h, entre otros.

El trágico fin de semana del GP San Marino 1994

Unos de los peores fines de semana vividos en un Gran Premio de Fórmula 1 en su pasado reciente es sin duda el Gran Premio de San Marino disputado el año 1994 en el trazado de Ímola, con Sid Watkins como uno de sus tristes protagonistas.

"Fue Sid Watkins quien me salvó la vida" -Rubens Barrichello.

En la sesión de entrenamientos libres del viernes, el brasileño Rubens Barrichello sufrió un aparatoso accidente en el que su monoplaza despegó del asfalto a 225 km/h para acabar encima de la barrera de neumáticos y dar varias vueltas de campana. El entonces piloto de la escudería Jordan quedó inconsciente y la rápida intervención de Watkins y el resto del equipo médico hizo que Barrichello pudiese volver al día siguiente al circuito. “Fue Sid Watkins quien me salvó la vida en Imola ‘94. Era un gran tipo, siempre estaba feliz, quiero agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros, los pilotos. RIP”, escribiría el brasileño en su cuenta de Twitter tras conocer la muerte del médico en septiembre de 2012.

Al día siguiente, en la sesión de clasificación, otro grave accidente de un piloto que no corrió la misma suerte: Roland Ratzenberger. Al austríaco se le desprendió el alerón delantero y perdió el monoplaza a más de 300 km/h en la curva Villeneuve del trazado italiano. Aunque la célula de supervivencia, esto es, el habitáculo, quedó intacto, la fuerte desaceleración sufrida ocasionó al piloto una fractura en la base del cráneo que resultaría fatal. Primera muerte en un Gran Premio de Fórmula 1 desde el comentado fallecimiento de Paletti en 1982, doce años atrás.

Uno de los pilotos más visiblemente afectado con esta pérdida fue el magnífico Ayrton Senna, buen amigo del doctor Watkins. Este último, en su obra Life at the Limit: Triumph and Tragedy in Formula One, desvelaría que Ayrton se derrumbó y cayó sobre su hombro, a lo que el médico reaccionó instándole a abandonar la competición e ir ambos a pescar. La respuesta de Senna fue contundente: “Sid, hay ciertas cosas sobre las que no tenemos control. No puedo retirarme, tengo que seguir”, dijo desconocedor de que el destino le depararía un triste final.

Sid Watkins junto a Ayrton Senna (Foto: RT)
Sid Watkins junto a Ayrton Senna (Foto: RT)

1 de mayo de 1994, domingo. Fecha grabada a fuego para los amantes de la Fórmula 1. Ayrton Senna perdería el control de su monoplaza en la curva Tamburello al romperse la columna de dirección y acabaría golpeando una barrera de hormigón, con el infortunio de que una varilla de la suspensión le atravesó el casco y la visera, ocasionándole fracturas en el cráneo. El resultado final es de sobra conocido. Su amigo Sid solo pudo llegar a tiempo para presenciar cómo expiraba.

Tras un fin de semana negro para el “Gran Circo”, las reacciones no se hicieron esperar. Max Mosley, presidente de la FIA, creó el Expert Advisory Group, encomendando su supervisión al doctor Watkins. Estaba compuesto por pilotos, ingenieros, técnicos de la FIA y diseñadores de circuitos, y en él se impulsaron cuantiosas medidas con métodos de trabajo estrictamente científicos en todas las áreas: equipamiento del piloto, construcción de los monoplazas o diseño de los circuitos, entre otros. Ello supuso un nuevo paso adelante en materia de seguridad, y el incansable Sid Watkins de nuevo estaba al frente del proyecto.

Su particular relación con Bernie Ecclestone

"Me impresionaba el respeto que sentía Ecclestone por Sid" - Frank Williams.

No es ningún secreto la peculiar actitud de Bernie Ecclestone, poco dado a aceptar consejos o indicaciones sin poner objeciones. Sin embargo, cuando se trataba del doctor Watkins la situación era ciertamente diferente. No dudaba en ningún momento en hacer todo lo que Sid le pedía. Tanto es así, que en el Gran Premio de Alemania de 1978, los organizadores denegaron la entrada a Control de Carrera al doctor, ante lo cual Ecclestone reaccionó quedándose parado frente a los monoplazas en la parrilla de salida. Con todo, una figura como Frank Williams, actual presidente de la escudería que lleva su nombre (quien fue atendido por Watkins en el accidente que le dejó en silla de ruedas), aseguraba que si algo le impresionaba de Watkins era “el respeto que por él sentía Bernie Ecclestone”.

El cariño y respeto de los pilotos hacia Sid.

"Encantados de saber que estas aquí". - Inscripción para Watkins.

Como mencionó Jean Todt, actual presidente de la FIA, el doctor Watikins era ciertamente querido y respetado dentro del paddock, especialmente por los pilotos. Estos eran plenamente conscientes de su incansable lucha por mejorar su seguridad y atención médica en caso de accidente. Como ejemplo, tras tratar de salvar a Paletti, llegándose a quemar sus manos, los pilotos le obsequiaron con un trofeo en el que se podía leer “Para The Prof, nuestro agradecimiento por su inestimable contribución a la Fórmula 1. Encantados de saber que estás aquí”. The Prof era el sobrenombre por el que le conocían, debido a su trayectoria como profesor universitario. Muchos otros incluso le denominaban el ángel de la guarda.

Tras su fallecimiento en septiembre de 2012, tuvieron lugar numerosas muestras de afecto por parte del mundo de la Fórmula 1 en particular y del motor en general. En el Gran Premio de Singapur de dicho año, se colocó un libro en el que pilotos y miembros de la Fórmula 1 dejaron sus condolencias y agradecimientos a The Prof, junto a un busto en su memoria.

Pedro de la Rosa junto al libro de firmas en homenaje a Watkins (Foto: RBR)
Pedro de la Rosa junto al libro de firmas en homenaje a Watkins (Foto: RBR)

Resultado de una enorme labor, Watkins recibió numerosas condecoraciones, entre las que cabe destacar el nombramiento como Oficial de la Orden del Imperio Británico y Presidente de Honor del Instituto para la Seguridad de los deportes de motor.

La era post-Watkins.

Watkins abandonó su tarea en la Fórmula 1 en 2004, aunque la FIA siguió con su misma línea de trabajo. Desde la muerte de Senna, la encomiable labor en materia de seguridad por parte de la FIA se ha visto tristemente empañada con los fallecimientos de María de Villota como consecuencia de unos tests con el equipo Marussia al impactar su casco contra la rampa de un camión, en el año 2012 (fallecería un año más tarde); y de la joven promesa de Ferrari, Jules Bianchi, quien colisionó con una grúa al sufrir aquaplaning y salirse de la pista, en el GP de Japón de 2014 (falleciendo nueve meses después). No obstante, el esfuerzo por consolidar y reforzar la seguridad de los pilotos es innegable y cada vez contemplamos una Fórmula 1 más avanzada en este aspecto. Tanto, que incluso a veces no se llega a ser plenamente consciente del riesgo que conlleva conducir un coche a 350 km/h…

Sirva este reportaje como homenaje y agradecimiento a The Prof, Sid Watkins, por su labor; así como a todos aquellos que realizan un trabajo que no siempre se ve, para hacer que los protagonistas del “Gran Circo” solo tengan que pensar en pisar a fondo el acelerador cuando se apaguen los semáforos, sabiendo que les protege un ángel de la guarda.

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