Danielle Collins y Elena Rybakina se enfrentaban por el título del WTA 1000 de Miami en el que la kazaja buscaba el bicampeonato en Miami, aprovechando un inicio brillante de temporada. La kazaja había eliminado a Clara Tauson y Taylor Towsend en las primeras rondas, venciendo luego a tenistas de más renombre como Madison Keys o Maria Sakkari para llegar a las semifinales. En esa ronda se deshizo no sin pelearlo a Vika Azarenka, logrando así uno de los billetes para la final. Danielle Collins, por su parte, quería el título más importante hasta ahora de su carrera, en su última temporada como tenista profesional, dejando atrás a cuatro cabezas de serie hasta entonces.

Gran inicio para la norteamericana

La  final arrancó muy bien para la norteamericana al servicio, que generó a su vez una bola de rotura en el primer juego al resto, aunque Elena lo llevó adelante igualando el marcador. Collins llevó la iniciativa gracias a la potencia en los tiros, haciendo especial daño con su derecha plana. Tras encadenar algunos errores no forzados, la estadounidense afrontó cuatro puntos de rotura, pero gracias a buenos servicios y puntos agresivos, salvó la situación dejando el 4-3 arriba en el marcador.

Collins se mantuvo firme ante una Rybakina que insistía en el resto aunque sin concretar en exceso, y que además, dominaba sin problemas sus turnos de saque. Todo se encaminaba al tie-break, aunque Collins, a base de buscarlo, se llevó la rotura clave para decantar el primer set por 7-5 tras un revés cruzado largo de su rival.

Danielle se lleva el torneo en dos sets

Todo se aclaraba para Collins en el arranque del segundo set, con otra rotura para la local, situándose 2-0 arriba, con las gradas animando. Rybakina quería ejercer su jerarquía y logró recuperar ese break sin bajar los brazos acto seguido. Un desarrollo muy ajustado de ese set, con presión que ascendía poco a poco para ambas. Collins era consciente de la importancia de cerrar la batalla en dos sets, mientras Rybakina sabía que si  se despistaba lo más mínimo no habría marcha atrás.

El séptimo juego, como suele ser habitual, sería un juego clave, con una Danielle que salvó dos bolas de rotura y, acto seguido, firmó a su favor una rotura para situarse con 5-3 y tener opción de saque para campeonato. Con mucha autoridad, la local sentenció con un 6-3 siendo la nueva campeona de Miami. Un ganador de revés cruzado tras un buen punto fue la guinda al pastel para el título, para alegría de la grada.