El último salto
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El último salto

La historia de fantasía que parecía iba durar por una eternidad estará escribiendo las últimas páginas de gloria este semestre. Óscar Pérez dice adiós a las canchas en este Clausura 2017

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Gabriel Urrea Sánchez

Sacado de un cuento de hadas, la historia del eterno conejo en el futbol mexicano ha llegado a fin. Sin lugar a dudas, un hombre que ha dejado su marca en el balompie azteca. Sus 43 años de edad podrán engañar a extraños, pero no a aquellos que han prendido el televisor, la radio o incluso asistido al estadio a ver al mítico cancerbero volar por los aires. Atajador de balones que parecían vencer las redes, con reflejos comparables a los de felino, pero no, el era el conejo, quien una ves más demostró ante sus espectadores que el tamaño no importa.

Si pudieramos trasladarnos a la edad media, sabemos perfectamente quién sería Óscar Pérez. Aquel hombre de baja estatura, armadura brillante, impecable honor, caballero de mil batallas. Entregado a su rey como ningún otro, sin importar a cuantos haya servido, él no cambio su personalidad en ningún momento.

Foto: Referee
Foto: Referee

Cuando fue llamado a ser el arquero titular en Sudáfrica 2010, la gente ya se daba el lujo de llamarlo "viejo". Y vaya que los probó equivocados, no solo por su actuación en el mundial, sino por todo lo que ha conseguido hasta la fecha.

Grandes momentos vivió el arquero tuzo a lo largo de su carrera. El título con el Azul en el Invierno 97, de manera agónica en el Nou Camp. Máximo portador de la cementera defendiendo el marco, aún más que otro de los ídolos, Miguel Marín. Seleccionado nacional por 13 años y portero titular en dos mundiales (2002, 2010). Campeón y figura máxima en la final en la que consiguió el título con su actual equipo, los tuzos del Pachuca. Incluso ha marcado dos goles, uno con Cruz Azul y otro con el tricolor.

Sin lugar a dudas la historia de este tremendo futbolista podría seguir por años, sin embargo, habrá que confiar en el juicio del él, el único que verdaderamente sabe cuando es el momento adecuado. En lugar de lamentar su salida, hay que disfrutar cada minuto que este en el terreno de juego y agradecerle por tantas alegrías.

Gracias Conejo.

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