Tolima goleó a Cúcuta y se mantiene en el liderato de la liga
Foto: Dimayor

El fútbol colombiano es dueño de una dinámica que refleja todas las realidades de lo que es nuestra nación. El campo no es ajeno a lo que pasa fuera de él y hay situaciones del juego que pueden ser explicadas en el contexto de lo social y lo organizativo. En la tarde del domingo se pudo evidenciar, como en un cuadro empresarial, un paralelo de lo que se debe hacer contra lo debe ser erradicado para tener éxito.  

Los jugadores del Deportes Tolima llegaron a la ciudad de Armenia frescos e impetuosos, abrigados por una organización, que cumple sus compromisos contractuales, con un esquema deportivo que ambicioso se posiciona desde el primer minuto sobre el campo rival, de un Cúcuta deportivo que hizo las veces de local en un lugar que no es el suyo, en un estadio vacío, pero más allá, con una ciudad vacía para ellos; donde se les acoge con afecto, pero no se les ama.

El líder desplegó a sus delanteros Juan Fernando Caicedo y Andrey Estupiñán en el frente, con movilidad, nutriéndose del juego medular, aprovechando las ventajas de la velocidad, y la amplitud, con juego por las puntas, pero versatilidad por el centro. Fueron unos primeros minutos que desvelan la superioridad del visitante, con un gol que no llega, pero que se ve caer de maduro. Entonces sucedió algo inusitado y los jugadores del local, sin nada más que su honor y la responsabilidad, se hicieron al mediocampo y empezaron a presionar al rival que les llevaba una distancia inalcanzable; sostuvieron una lucha feroz tratando de sacar una sonrisa al pueblo que los ama y los añora a cientos de kilómetros de distancia, aunque en algunos casos, seguramente una lágrima de quienes conocen la verdad y saben lo mucho que duele ver un sacrificio inmerecido de hombres hacinados en las habitaciones de una finca sin las condiciones para albergar a semejante cantidad de personas, y peor aún, sin el pago de unos salarios que necesitan como el aire, porque de ello dependen las vidas de sus seres queridos.

Las cargas se equilibraron en el partido y en el momento donde todo le era favorable al onceno motilón, volvió a la realidad con una jugada aislada de transición rápida, de esas a la que está muy bien preparado el Tolima, al punto que se ha convertido en letal sello de presentación. Un pase de Caicedo desde el centro de la cancha con destino Albornoz, y un desafortunado Gilberto García no tuvo más opción que interceptar descaradamente al jugador rival por lo cual recibe el mayor de los castigos -Tarjeta roja-. Merecido pero injusto, con tanto dolor para estos hombres que luchan por la vida, literalmente.

El decorado del partido cambió y solo sería cuestión de tiempo ver el gol tolimense, pero, con diez jugadores, el motilón logró contener al pijao. José Mourinho siempre dice que le gusta jugar con uno menos, porque ahí es donde se ve el compromiso del jugador, y en nuestro refranero popular de siempre, hemos conocido el futbolero dicho que reza "De los equipos con 10 hombres líbranos Señor". Pudo ser también relajamiento de los pijaos, pero al frente tenían a unos corajudos y testarudos, que luchaban cada segundo, cada espacio. Y así, logró el Cúcuta Deportivo mantener el cero, con la esperanza intacta para el segundo tiempo.

Pero el destino sigue ensañado con la desgracia del Cúcuta Deportivo, y de nuevo, en una jugada fortuita, en el minuto 52, cuando todo estaba controlado, un centro de Albornoz, un error del arquero Chaverra y la presencia de Luis Miranda, dieron el primer gol del líder y sumió al Cúcuta otra vez en las sombras, ya sin capacidad de reacción por el esfuerzo realizado.

Tolima no fue compasivo, ni tenía por qué serlo. El fútbol necesita de goles para desequilibrar cargas futuras y el ahorro siempre viene bien. La esencia del pijao siempre fue mirar para adelante y pasar por delante del Cúcuta. Todo lo demás fue anécdota: la superioridad del Deportes Tolima, la expulsión de Solano en el minuto 62 por falta sobre un Campaz, que pide selección, el segundo gol en el minuto 66 que llegó a través de cabezazo certero y solitario de Albornoz, y el excelso pase de Campaz para el desmarque y definición de Miranda, que lapidario, marcó el tercer castigo sobre un Cúcuta Deportivo que ya había desfallecido, que esperaba el final del partido, para salir de una pesadilla mientras le espera otra, que es la que en realidad los tiene así.

El Deportes Tolima sigue siendo líder sólido y ya tiene a su alcance la clasificación anticipada. Solo se ven cosas buenas venir: Campaz como una de las figuras rutilantes del fútbol colombiano, muchos goles y mucho fútbol. La otra cara de la moneda en el Cúcuta Deportivo: angustias por estar abajo, incumplimiento en los pagos, e incertidumbre por un fracaso que se ve a la vuelta de la esquina.

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