Álvaro Montero, el héroe de la clasificación tolimense a la final de la Copa BetPlay

La apatía del Deportes Tolima en el partido que lo llevó a la clasificación pudo haber terminado en desastre de no haber sido por las paradas providenciales de Alvaro Montero, y más que eso, por la jerarquía que demuestra en los momentos más difíciles, la que le da un status de jugador de élite.

El conjunto pijao tuvo un muy difícil partido ante el Deportivo Pasto. Sin embargo, ayudó la actitud de los jugadores, quienes al ver la maraña de pies interpuesta por el técnico Diego Corredor, se sintieron confundidos, muchos casi extraviados en la cancha. Los duelos se volvieron individuales; las luchas se sostuvieron por avanzar unos pocos metros, las situaciones entre tanto control se volvieron aisladas, monedas que se lanzaron al vacío y que se pagaron con dos goles que parecieron no pertenecer a este partido.

A punto estaba de conseguir su objetivo el Deportivo Pasto al llegar hasta la tanda de cobros desde el punto penal. Su nuevo arquero, el venezolano José Contreras ya los había llevado al triunfo ante el América, y estaba precedido de la fama de atajador en series decisivas. Se sentía en el ambiente la incertidumbre a pesar de conocerse la capacidad del guardameta local. Había desconfianza porque el equipo se la contagió a toda su hinchada con su juego errático y dubitativo, el mismo que en posición ventajosa luego del uno a cero, permitió un gol fruto de la astucia del rival. Entonces Montero, cómo si tuviera sesenta años se paró seguro debajo de los tres palos, haciéndose más grande que el mismo arco, induciendo la inseguridad en los cobradores del Pasto, tapando penales uno tras otro, limpiando los errores de los suyos y hasta dándose el lujo de increpar a quien displicente pareció burlarse no solo de él, sino de una instancia tan seria.

Todo está listo para que este arquero, parte ya del presente de la selección nacional, tome rumbo hacía otras latitudes. Ya hay unos excelentes suplentes que deberán hacer su propia historia y que cuentan con los minutos para mantener el arco pijao a buen resguardo; hay negociaciones o por lo menos algunos acercamientos entre clubes; existe voluntad de las directivas y sobre todo, el prestigio que se gana más allá de buenas campañas, en partidos como la semifinal ante el Pasto, que engrandecen leyendas, que muchos años después se recordarán con una amplia sonrisa en el rostro.

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