La lacra de la NBA se llama drogadicción
Al Harrington y su plantación particular \ Fuente: (@PotheadTVmx)

A David Stern cualquier amante del baloncesto le debe prácticamente todo lo que significa el deporte. Este deporte, y, en especial, la NBA, es una liga organizada y profesional gracias a la figura del comisionado Stern. Él impuso el dress code, fruto de los tatuajes y las cadenas que venían siendo habituales hasta que el gran Allen Iverson los llevó hasta el límite, o el protocolo antidrogas, que ya se implementó en 1983, y que hoy en día se está viendo comprometido, fruto de varias noticias. 

El protocolo antidrogas de la liga de baloncesto estadounidense tiene un funcionamiento muy simple. Se establece un máximo de seis controles de orina por jugador, cuatro durante la temporada y dos fuera de ella. A su vez, si la NBA o la NBPA consideran a algún jugador sospechoso, pueden ponerlo en conocimiento de un experto independiente, que decidirá si se han de hacer más controles. Además, cada jugador puede pasar un total de 3 análisis de sangre, dos en la temporada y uno fuera, para detectar la hormona del crecimiento. 

El acuerdo entre la NBA de NBPA designa que las sanciones varían según el tipo de jugador y de sustancia consumida; distinguiendo así entre jugadores de primer año y veteranos; y según drogas de abuso (LSD, cocaína, heroína…), marihuana y SPED (hormona del crecimiento, esteroides, EPO…). 

Si un jugador de primer año da positivo en drogas de abuso, será suspendido por un año, un veterano lo sería durante dos. En el caso de la marihuana, en un primer momento el jugador será ingresado en tratamiento, el segundo positivo supondrá una sanción de 25.000 dólares, el tercero 5 partidos de sanción y a partir del 4 se irán sumando 5 encuentros a cada positivo. En el caso de las SPED, el primer positivo supone 25 partidos de sanción, el segundo 55 y al tercero se procederá a la expulsión inmediata de la liga

Durante estos dos primeros meses de 2020 han salido a la luz numerosas noticias en relación con jugadores, y ex jugadores, y la drogadicción. La noticia que marcó el mundo de la NBA durante el mes de enero la dieron los medios estadounidenses que reportaron a Delonte West apaleado en una carretera

El que fuera compañero de LeBron en los Cavaliers explicó públicamente en 2008 que padecía trastorno de bipolaridad. No era la primera vez que un deportista de élite lo padecía, y con el tratamiento adecuado, no debía suponer ningún problema ni para él ni para el equipo. En 2009 le detuvieron por tenencia de armas, y acumulaba múltiples infracciones al volante, por lo que su última temporada en la NBA, en la que jugó con los Mavericks, la empezó siendo un sintecho, nadie quería tenerlo en su hogar. El jugador admitió haber dormido en los vestuarios e incluso en coches aparcados en el parking del American Airlines Center.  

La NBPA ha intentado ayudarle, también sus antiguos clubs, como los Boston Celtics, ofreciéndole el puesto de ojeador, pero el jugador no estaba receptivo ante aquellas ofertas laborales. Y todos sus trastornos, problemas, citas judiciales, delitos a la espalda y, por supuesto, contactos con las drogas, desembocaron el pasado 20 de enero en unos dolorosos vídeos en los que un hombre lo apaleaba en mitad de la calzada, paralizando el tráfico, y dejándolo moribundo en el suelo.  

A partir de este momento, medios de comunicación de todo el globo se han hecho eco de la noticia, y han pedido compasión con West, pero también se empezó a plantear un serio debate acerca de las drogas en la NBA, tanto dentro como fuera de la liga, es decir, tanto para jugadores actuales como para ex jugadores. Y el ambiente se ha ido caldeando durante este mes. 

Malik Monk, base de los Hornets, la franquicia de Michael Jordan, ha sido suspendido hace tan sólo unos días por incumplir el protocolo antidrogas. La NBA no ha compartido los detalles de su infracción, pero el jugador ha sido inhabilitado por tiempo indefinido, y continuará vigente hasta que cumpla con la normativa de la liga. 

Parece que los controles se están endureciendo, según lo que se pudo leer entre líneas de la ironía de Bradley Beal al contar que le hicieron un control tras encadenar dos partidos de 50 puntos “quizás la liga no quiera que meta 50, me han hecho un control”. En esta primera mitad de temporada, De’Andre Ayton, de los Phoenix Suns, y John Collins, de los Atlanta Hawks, han tenido que cumplir 25 partidos de suspensión fruto de la política antidrogas de la competición. 

En el otro lado del debate tenemos a Al Harrington, jugador ya retirado de la liga norteamericana, que hace varios días dejó una reflexión interesante sobre la situación deportiva que se vive en las canchas. “Creo que el 80% de jugadores consumen cannabis”. Dura declaración para los tiempos que está viviendo la NBA, viniendo de un jugador que la consumía en sus años en la élite, y que realiza de esta forma un manifiesto para que se pare de penalizar su consumo. Pero horas después, el celebérrimo jugador Kevin Durant, reivindicó lo mismo, ‘la marihuana debería dejar de ser un tema tabú’.  

Todas estas declaraciones se han dado en un ambiente de concienciación sobre la importancia de sanear la competición, celebrándose charlas y coloquios con este tema como núcleo de debate

Así que ahora queda estar al tanto de los movimientos de la liga, está por ver si endurecerá las medidas para prevenir el consumo de drogas, aumentará la concienciación entre los jugadores, o cederá ante las presiones de los jugadores.

El esquema de competición sana de David Stern se puede estar tambaleando desde dentro, y nadie duda en que el debate va a dar para nicho más juego en los próximos meses.

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