Un centenario con muy poco que celebrar
Phillip Cocu no está pudiendo disfrutar del siglo de existencia su PSV Eindhoven, un club grande por derecho. Foto: Beinsport.tv

El 25 de mayo de 1988 la historia del PSV cambió para siempre. Ese día, en el Neckarstadion de Stuttgart, los de Eindhoven se convertían en el tercer equipo holandés que ganaba la Copa de Europa. El conjunto de la Philips había tenido su gran período a finales de los 70’ cuando conquistaron tres ligas y la Copa de la UEFA. Pero este título era el que les situaba a la altura de los otros dos grandes de los Países Bajos.

La Copa de Europa no fue más que el reflejo del gran trabajo realizado en Eindhoven. Aquella temporada 87/88 además sirvió para que el club se hiciera con su tercera Eredivisie consecutiva y para proclamarse, también, campeón de la KNVB Beker. Fue el curso perfecto. Y el triunfo en la máxima competición continental no hizo más que refrendarlo. Pero esta victoria supuso algo más. Un cambio intangible, pero decisivo. La diferencia entre los que ya han sido campeones y los que no. La naturaleza que separa a los triunfadores de los perdedores. Desde ese instante el PSV pudo quitarse de encima cualquier complejo y pudo mirar al Feyenoord y, sobre todo, al Ajax a los ojos. Hasta aquel momento en el palmarés de los de la Philips aparecían diez ligas. Desde entonces han festejado once más.

Ese fue el punto de inflexión que permitió al PSV ser considerado por derecho propio un grande de Holanda. La confianza otorgada por el máximo título europeo permitió comenzar una pequeña dictadura a nivel doméstico. Y eso a pesar de los cambios que poco a poco se producían en el equipo. Aunque hubo algunos que, sin duda, fueron positivos. Como el fichaje de Romario tan sólo un año después de la victoria en la Copa de Europa.

Los cinco empates cosechados en los últimos cinco partidos de aquel torneo hacen tener la falsa creencia que aquel conjunto era defensivo. Pero es falaz. El curso del triplete, el PSV finalizó  la Eredivisie con la friolera de 117 goles a su favor. Tercera mejor marca histórica. Así el fichaje del enorme delantero brasileño solo hizo reforzar aún más la posición de los de Eindhoven entre la aristocracia del fútbol holandés

La herencia de aquella copa

Así, entre 1985 y 1992 el club estuvo a punto de enlazar un total de siete títulos ligueros consecutivos. Únicamente el Feyenoord y el gran Ajax, que ganó la Copa de Europa a mediados de los 90, discutieron tímidamente su soberanía. Aunque para entonces, ya se habían convertido, por palmarés, en el segundo mejor equipo en la clasificación histórica superando a los de Róterdam.  

El resto de la década no les fue tan provechoso. Sin embargo en el Philips Stadion pudieron disfrutar de otro brasileño de escándalo como fue Ronaldo. Lo uno por lo otro. A lo largo de este periodo de transición sólo se ganó una Eredivisie. Pero con el nuevo siglo iba llegar una  nueva gran época. Aquel PSV del cambio de milenio, disparó, de nuevo, el número de ligas que comenzaron a llegar hasta Eindhoven. Entre 1999 y 2007 el PSV fue dueño y señor del fútbol holandés. En total cayeron de su lado siete ligas más. Durante toda esa etapa coincidieron, solapándose más o menos, auténticas leyendas del club como Ruud Van Nistelrooy, Jan Vennegoor of HesselinkArjen Robben o Ibrahim Afellay. Todos ellos participaron decisivamente al éxito de aquella mítica época. Pero de la noche a la mañana todo terminó.

Desde hace cinco temporadas la única alegría que han recibido los hinchas del Philips Stadion ha llegado en forma del torneo del K.O. de hace dos campañas. Todo un lustro que finaliza a día de hoy. Un curso en el que el club cumple cien años y que, hasta la fecha, tiene muy poco que celebrar.

Primero la de cal, después la de arena

Y todo ello a pesar de lo ilusionante que parecía todo a comienzos de esta misma temporada. Hace escasos cuatro meses. Un hombre de la casa como Phillip Cocu cogía los mandos de la nave definitivamente. El técnico ya había tenido una breve experiencia en el cargo cuando tuvo que ejercer de apagafuegos hace dos campañas. A pesar de conseguir la ya citada KNVB, el último trofeo alzado por los de Eindhoven, el puesto de primer técnico lo ocupó el año pasado Dick Advocaat.  Tras la falsa retirada del actual entrenador del AZ Alkmaar este verano, y tras varios años de espera, por fin, Cocu consiguió ser el titular del banquillo del PSV.

Las salidas habían sido muy importantes. Rumbo a Italia partieron Dries Mertens y Kevin Strootman. Además Mark van Bommel sí que cumplió con su palabra y colgó las botas. Sin embargo hasta el Philips Stadion habían llegado dos jóvenes de brillante porvenir y gran presente como son Adam Maher y Florian Jozefzoon. Además se esperaba la explosión definitiva de Luciano Narsingh y Jurgen Locadia. Y por supuesto se seguía contando con Georginio Wijnaldum, si no el mejor jugador del campeonato, desde luego sí en el top tres. Por último hay que mencionar el regreso a casa sobre la bocina de Park Ji-Sung, que aunque lejos de su mejor versión, era una razón más para volver a creer en los éxitos del pasado reciente.

Puestos los pros y los contras en una balanza, la ilusión, por completar una gran temporada del centenario, parecía razonablemente justificada. Y más con el prometedor comienzo de la Eredivisie realizado que supuso, además, la aparición de otras dos perlas, Zakaria Bakkali y Memphis Depay. Sus goles fueron decisivos para alcanzar el liderato en la segunda jornada. Pero a partir de ahí, todo comenzó a marchar mal. La eliminatoria de previa de la Liga de Campeones perdida ante el Milan pasó demasiada factura. La primera posición de la tabla se perdió. Además, tras caer ante los rossoneri la Europa League pareció la un mal menor, pero desde su inicio se mostró más como un problema que como algo beneficioso.

Desde octubre sin ganar

El PSV pareció recobrar el rumbo después de golear al Ajax en la séptima jornada. Otra victoria en la novena dejaba al equipo colíder. Sin embargo el proyecto se derrumbó de buenas a primeras. El triunfo cosechado ese día ante el RKC Waalwijk ha supuesto la última ocasión en la que los de Cocu han sumado los tres puntos. Hablamos de primeros del mes de octubre. Desde entonces, hasta día de hoy, dos pírricos empates y cinco derrotas. Un lamentable registro que les ha situado más cerca de los puestos de promoción que de los que dan acceso a competición europea.

A esto hay que unir la eliminación en la KNVB Beker a manos del Roda. En dieciseisavos. Y la bochornosa imagen ofrecida en la Europa League. En un grupo conformado por el Dinamo de Zagreb, el Ludogorets de Razgrad y el Chornomorets de Odessa se ha caido a las primeras de cambio. Siete puntos se han antojado insuficientes para superar al actual líder de Croacia, que también se ha llevado un costalazo en la competición, al segundo clasificado de la de Bulgaria y al quinto de la de Ucrania. Vamos como para haberse lucido. Pero no.

Y es que muchos factores han convergido para que se diese esta situación. Las ausencias de Strootman y van Bommel se han notado muchísimo en la medular respecto a la campaña pasada. Ambos han demostrado que eran básicos para el equipo. El primero por su juego. Y el segundo por su carácter y compromiso. Parte de culpa recae, por este motivo, sobre Maher que no termina de convertirse en ese jugador que era el cerebro del AZ Alkmaar y de las categorías inferiores holandesas. Por su parte Jozefzoon está lejos del rendimiento que proyectó la pasada curso en el RKC. Y la lesión de Wijnaldum ha dejado durante muchas jornadas al equipo sin su mejor futbolista.

Problemas y más problemas

Además los que prometían tanto, se han quedado en eso. En gaseosa. Bakkali se convirtió en la segunda jornada liguera en el jugador más joven de todos los tiempos en hacer un gol en la Eredivisie. Y también en el más precoz en obtener un hat-trick. Desde entonces, ni un tanto más. Pobrísima cifra a pesar de haber estado algún tiempo lesionado.  Además Depay lo sigue intentando pero el sólo no puede. Narsingh apenas ha contado para Cocu. Y lo mismo le pasa a Locadia. Por si todo esto fuera poco, y como muestra de que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, Ola Toivonen anda más centrado en buscar salida del club en enero que en pensar en los de Eindhoven.

Por todos estos motivos el futuro se prevé negro en el Philips Stadion. Y lo hace además porque lo dice la estadística. En el lustro que ha pasado desde que no ganan la Eredivisie han llegado, a excepción de la temporada 08/09, a estas alturas del campeonato, la jornada 16, en primera o segunda posición en la tabla. El tiempo hizo que en todas esas ocasiones perdieran la ventaja obtenida para terminar viendo ganar la liga a AZ, Twente y Ajax. Las segundas vueltas, está claro, no son su fuerte.

Ahora el parón invernal se ve próximo y como otro posible punto de inflexión. Utrecht y ADO serán los últimos rivales del año antes de unas vacaciones en las que se deberá reflexionar. Y mucho. Justo a la vuelta espera un Ajax, que en 2014 intentará comenzar un año en el que vencer a su historia.

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