Bélgica, dos regiones y una ilusión
Escudo de Flandes a la derecha, Valonia a la izquierda y Bélgica en el centro. (Fuente: Pablo Merino García | VAVEL.com).

Bélgica es una nación joven, fundada en 1830. Su raíz es muy profunda y, como todo estado europeo, se ha formado a base de guerras y más guerras. Las Diecisiete Provincias fue el rizoma que sustenta la flor que hoy llamamos Bélgica. La designación de Provincia suena a comarca, pero está muy lejos de serlo. Buena parte de la ahora Europa occidental y la totalidad de Europa Central formaban parte de esas Diecisiete Provincias. La zona estaba controlada por España, que en un pasado no tan lejano fue la cumbre del esplendor del viejo continente. Los españoles imponían su poder, sus ideas y sus tradiciones en las zonas que estaban bajo su influjo. El catolicismo acérrimo era una de sus consignas.

Entre lanzas y floretes

En los Países Bajos empezó a contar con muchos adeptos el luteranismo, posteriormente el calvinismo y, en último término, la iconoclasia. Carlos I se opuso totalmente a este levantamiento religioso e intentó erradicarlo de forma más pacifica que Felipe II. Éste último, su hijo, llevó a cabo una política de represión absoluta sobre el infiel, aunque el poderío holandés fue tal que El Prudente tuvo que ceder. El protestantismo era una realidad y la contrarreforma no ganó el peso suficiente para silenciar un sentimiento que traspasaba las barreras de lo religioso. Se estaba convirtiendo en un movimiento político-social. La Guerra de los 80 años acabó con la hegemonía española en los territorios del norte, sin embargo, los del sur continuaron existiendo de la mano de la casa de Habsburgo, creando un foco denominado Países Bajos españoles, diferenciado de las Provincias Unidas del norte. Ahí empezó a fraguarse la historia de un país.

Tras siglos de aparente paz, llegó la centuria del XIX y con ella, la influencia revolucionaria de la Francia más burguesa. Provincias Unidas y Países Bajos españoles quedaron aunados otra vez, bajo el mandato gabacho en esta ocasión. Holanda pasó a tener la batuta y creó el Reino Unido de los Países Bajos, allá por 1815, cuando el poder francés revolucionario decayó. El sentimiento nacionalista asomaba la cabeza por el sur. Allí tenían otras costumbres, otra lengua, ciudades estratégicas y de gran cultura. La revolución belga del 1830 sería el germen de un país dividido por los intereses de unos y de otros: Bélgica, el bastión político y económico de la nueva Europa.

El conflicto empieza aquí, en los primeros años de la década del 30, cuando las diferencias entre la región flamenca y la valona se vislumbraron con más fuerza. La unión primera con Francia había arraigado muy profundamente en la zona sur del territorio, Valonia, que conservó el idioma francés, mientras que durante la anexión a Holanda, la región flamenca se convirtió en una zona de gran importancia y sede de numerosas instituciones neerlandesas, imponiendo el idioma holandés en ciudades de suma relevancia como Amberes, Brujas, Malinas, Lovaina o Gante. Los vecinos sureños, por decirlo de alguna forma, eran los indeseados en un nuevo país de tendencias más cercanas a lo holandés que a lo francés. Aún así, Bélgica buscó la identidad propia para dejar de ser una ensalada de culturas que viraba según los caprichos de las potencias centroeuropeas.

Bélgica, nueva y sin identidad

El idioma fue el problema más atenazador de una nación balbuceante. Bélgica quedó dividida en tres departamentos para evitar confrontaciones culturales y lingüísticas: Flandes, Valonia y Bruselas. Flandes ocupa alrededor de un 40% del territorio total de Bélgica, Valonia el 56% y, alrededor del 4%, Bruselas, una isla bilingüe que actúa como juez conciliador entre ambos, situada al suroeste del Bravante Flamenco. Al este de Valonia existe una Comunidad Germanófona de 70.000 personas que no representa ningún problema, oriundos todos sus habitantes de las antiguas comarcas prusianas anexionadas a la Bélgica, véase Lorena.

De primeras puede pensarse que no hay más historia que un nacionalismo fuerte como el de País Vasco o Cataluña. El nacionalismo flamenco y valón es un tema mucho más sensible, que ahonda en la historia primitiva. Si el separatismo fuera aceptado y vascos y catalanes se emanciparan, España seguiría siendo un país con todas las letras, con capital en Madrid y una fuerza económica menor, pero todavía suficiente para ocupar altas cotas de importancia dentro de la comunidad europea. ¿Y si Flandes se independiza? Bélgica desaparece. Flandes es la región que entona la autonomía, mientras que los habitantes de Valonia son de corte unionista. Bruselas es la perdida en batalla, la que más fuerza tiene pero la que más calla. Es un tejemaneje flamenco-valón que, por una parte, toma la arquitectura y esencia flamenca, es decir, de tintura holandesa, pero que adopta el habla francófono valón. Una encrucijada de difícil solución. En el caso de la escisión definitiva del aparato armado en 1830, flamencos huirían con Países Bajos, valones con Francia, la pequeña Comunidad Germanófona con Alemania y Bruselas sería el único estado federal de Europa, independiente de cualquier nación y albergaría las instituciones político-administrativas más importantes de la Unión Europea y, en cierta manera, de todo el mundo.

En principio, cuando un turista visita Bélgica no nota la diferencia entre valones y flamencos, pero las hay, y muy profundas, aunque a día de hoy se considere que el conflicto está siendo desarrollado por los gobiernos para evitar entrar de lleno en los temas realmente importantes. Cada región tiene sus canales de televisión, colegios en los que se enseña en francés o en neerlandés, su economía, su industria y una forma de vivir radicalmente distinta, además de señales de tráfico en el idioma pertinente. Los valones se niegan a aprender holandés, mientras que los flamencos no aprenden el francés, por lo que se hace imposible la convivencia entre ambos. El factor clave de una estirpe belga pura, que no tenga características de otras naciones, es la inmigración, los foráneos establecidos en la nueva Bélgica, sobre todo los nietos de colonos del Congo belga que son tan belgas como el nacido en Gante, incluso más aún, porque no han sido influenciados por una u otra cultura europea.

Flamencos y valones, distintos por naturaleza. Flamencos

En 1898, con Leopoldo II, se acuerda que el francés sea la lengua oficial del Estado. Como no podía ser de otra forma, Flandes no estuvo de acuerdo y encaminó sus protestas a que su región hablara el neerlandés en exclusiva. En 1921 se aprueba la petición. Los flamencos representan y representaron en su día la facción más rebelde del país. Pero todo tiene su explicación. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, sobre todo en el período de Entreguerras, la Alemania nazi acuerda con los habitantes flamencos un crecimiento de su autonomía a cambio de hombres que se alistaran del lado de la esvástica. A partir de ese momento, su política siempre ha tenido aires derechistas, e incluso de ultraderecha y ha sido relacionada con grupos fascistas. Para conocer la anatomía del perfecto flamenco solo conviene bucear en su trama histórica y ver como su ansia por la independencia les hace ser dependientes de países terceros.

En sus inicios, Flandes era un territorio más de esas Diecisiete Provincias. Estaba dividido en dos: Henao, provincia actual de Valonia, y la segunda partición estaba subdividida a su vez en cuatro condados, controlados por Francia. A pesar de que ahora Flandes es un territorio conservador, católico y cerrado, en su día fue punto crítico para que las doctrinas protestantes de Lutero fueran cogiendo forma. Amberes fue la ciudad clave de la revolución religiosa y cultural, núcleo de la masonería y de las conspiraciones. La Pragmática Sanción delimitó las fronteras, las divisiones territoriales y la total independencia de Francia y del Sacro Imperio. La mano dura procedente de la contrarreforma, la Guerra de los 80 años, la anexión a Holanda y los escarceos con Francia sirvieron de perfecto maquillaje para decorar a una Flandes que es producto de un conglomerado de culturas clásicas.

Cuna de grandes pintores, del comercio del arte, de las fundaciones pictóricas más importantes, como la Escuela Flamenca, albergando en su seno a personajes de la talla de Van Eyck, Rubens o Brueghel. Flandes fue la madre que meció al arte europeo, comparando las obras que se allí se creaban (Países Bajos), con las mejores italianas. Escuelas que compartían información y técnicas, sobre todo la escuela veneciana, que siguió el legado de los manieristas Tiziano y Tintoretto. Y todo lo que en nuestros días se considera una maravilla del pincel fue patrocinado por un mecenas muy especial, Felipe II. Aunque la maestría con el lienzo era difícilmente superable, no granjeó dinero directo a las arcas flamencas, que siempre fueron más caninas que las valonas. Las cervezas abadengas, los quesos fuertes y el arte sustentaron una economía generalmente tambaleante.

Flamencos y valones, distintos por naturaleza. Valones

Valonia es otra historia, es la más progresista de las dos. La que siendo inferior siempre pudo vivir independiente, sin estar sujeta a otras naciones o a la propia Flandes. Valonia ocupa gran parte de Bélgica, comprende las provincias del Bravante Valón, Henao, Lieja, Luxemburgo y Namur, su capital, que, para que se hagan una idea, no es más grande que Orense. La cuenca del río Mosa baña toda la región y le confiere esa especial orografía escarpada de tierras fértiles que ha servido a los valones para vivir de la agricultura desde tiempos inmemoriales. Aunque es sobre todo en el Luxemburgo donde más cultivos se encuentran, en el resto de Valonia la economía se ha sustentado gracias a la minería. Las minas belgas son conocidas internacionalmente y han llegado a colocar a la región a la cabeza de las industrias mundiales.

Partiendo del unionismo, Valonia ha sido un territorio muy proteccionista, que apenas ha necesitado de otras fuentes para subsistir. El carbón y la hulla han representado siglos atrás la bonanza de aquellas tierras. Muchos emigraron a países nórdicos, concretamente a Suecia, donde crearon una pequeña comunidad de expertos mineros que enseñaron a la población sueca el arte de los terrils, como ellos los llamaban. Su apariencia de hombres duros, proletarios, pero de cierta cultura les hizo ser modelo de desarrollo para una sociedad agrícola-ganadera como la de Suecia. Hoy en día no queda vestigio de actividad minera en la que un día fue su capital mundial: Valonia.

Su carácter ha perdurado a lo largo de los siglos. Siguen siendo gente humilde, de clase media baja, trabajadores sin muchas pretensiones, pero con conocimientos amplios de quienes son, donde viven y que quieren. Son una cultura radicalmente diferente a la flamenca. De hecho, sería perfectamente entendible un cartel a la entrada que rezara: "Bienvenido al País de Valonia", porque su aspecto es totalmente opuesto al de sus congéneres del norte. Lieja, la ciudad del cómic y de los mejillones con patatas, es el municipio más importante, seguido de Charleroi, Mons y Namur. Los valones son abiertos, de clara tendencia socialista, anclados en una economía de subsistencia que contrasta con la magnificencia de sus ciudades, en donde se favorece la investigación, la ciencia y los estudios universitarios, como los de la Universidad de Lovaina. Ésta es ejemplo perfecto para describir la situación de un país de tres regiones en el que dos, más que enfrentadas, se dan la espalda.

La Universidad de Lovaina (1425) para hispanohablantes, Leuven para los flamencos y Louvain para valones, ha sido siempre una de las más prestigiosas de toda Europa. A finales de la década de los 60, que queda a tiro de piedra para una sociedad que se llama belga desde hace 184 años pero vive desde hace miles, los estudiantes flamencos se sublevaron, apoyados por parte de los docentes para el desmonte de la sección francófona en la institución. Al grito de: "¡los valones fuera!", miles de personas salieron a las calles para pedir una Lovaina exclusiva en neerlandés. Los valones, que son casi siempre los peor parados, tuvieron que abandonar el centro e instalarse en el Bravante valón, donde se creó una ciudad nueva, denominada Lovaina la Nueva que gira en torno a la actividad de la UCL (Universidad Católica de Lovaina), escindida de la KUL (Katholieke Universiteit Leuven), en Lovaina la Vieja.

Lieja
La ciudad valona de Lieja. Fuente: 10lugares.com

En la actualidad, Valonia está en declive. El carbón dejó de ser la materia prima principal hace siglos, desde la Primera Revolución Industrial y la agricultura no sirve para tirar del carro de la economía local. El turismo es el único motor que ayuda a la región a seguir teniendo marca de autor y firma única, sin ayudas exteriores. Cuando Valonia, antes y durante la formación de Bélgica, llevaba las riendas de una economía subsanada y sin tiranteces, los flamencos emigraron al sur en busca de puestos de trabajo. Sus rivales, que en realidad no lo son, pero es difícil encontrar un adjetivo para describirlos, les ocuparon en las minas. Ahora, cuando la situación se ha revertido y la que goza de cierta autonomía económica es Flandes, las ayudas que Valonia ha pedido no han obtenido respuesta.

¿El Mundial curará la herida?

En deporte, el fútbol es el rey. El Anderlecht de Bruselas y el Standard de Lieja son los Clubes enfrentados por antonomasia. Más crudamente hablando, se trata de un Flandes-Valonia en toda regla. La Jupiler Pro League, es decir, liga belga, es una de las más raras que existen. Otra muestra más de que Bélgica es un país diferente, para bien o para mal. Dieciséis equipos se disputan el título, juegan entre ellos a doble vuelta, como cualquier liga convencional. Los seis primeros juegan una liguilla en la que van arrastrando los puntos que consiguieron en la general. El que queda primero de ese play-off será el ganador de la Liga y disputará la Champions, el segundo la previa de Champions, el tercero la UEFA Europa League y el cuarto, la previa. El quinto y el sexto se van con las manos vacías. Se forma otras dos liguillas con los equipos que quedaron 7º-10º, y del 11º al 14º. Los puntos no son acumulables y se parte de cero, a doble vuelta, como si empezaran de nuevo la competición. Los ganadores de cada una disputarán la previa de Europa League. Por último se disputa una eliminatoria de descenso a doble encuentro entre el 15º y 16º y quien, en cómputo global, pierda, descenderá a la Segunda División. Un caos total que da visos de cómo es la administración belga.

Aunque la historia entre flamencos y valones ocupe la mayor parte del artículo, no ha sido más que un prolegómeno para contar la verdadera esencia de la duda: ¿El fútbol puede limar asperezas? Bélgica, como un todo, ha llegado a cuartos de final desplegando un fútbol bonito, y la pregunta que se plantea es: ¿Mejor juntos o separados?

Valonia es el territorio más grande. Ocupa aproximadamente el 60% de Bélgica. Flandes el 40%, algo menos si excluímos a ese islote llamado Bruselas. Los datos de población son opuestos, la gente se concentra en Flandes, además ganan por goleada. Algo así ocurre en la selección de Los Diablos Rojos. Si analizamos por filas nos encontramos esto:

PORTEROS

Nombre Equipo Lugar de nacimiento Flamenco/Valón/Bruselas
Courtois Atlético de Madrid Bree Flamenco
Mignolet Liverpool Sant-Truden Flamenco
Bossut SV Zulte Waregem Tielt Flamenco

DEFENSAS

Nombre Equipo Lugar de nacimiento Flamenco/Valón/Bruselas
Kompany Manchester City Uccle Bruselas
Vertonghen Tottenham Hotspur Sint-Niklaas Flamenco
Alderwireld Atlético de Madrid Wilrijk Flamenco
Van Buyten Bayern de Münich Chimay Valón
Lombaerts Zenit San Petesburgo Brujas Flamenco
Vermaelen Arsenal Kapellen Flamenco
Ciman Standard Lieja Farciennes Valón

CENTROCAMPISTAS

Nombre Equipo Lugar de nacimiento Flamenco/Valón/Bruselas
Witsel Zenit San Petesburgo Lieja Valón
Fellaini Manchester United Etterbeek Bruselas
Dembélé Tottenham Hotspur Amberes Flamenco
Defour Oporto Malinas Flamenco
De Bruyne Wolfsburgo Dongen Flamenco
Hazard Chelsea La Louvière Valón
Chadli Tottenham Hotspur Lieja Valón
Mertens Nápoles Lovaina Flamenco
Mirallas Everton Lieja Valón
Januzaj Manchester United Bruselas Bruselas

DELANTEROS

Nombre Equipo Lugar de nacimiento Flamenco/Valón/Bruselas
Lukaku Chelsea Amberes Flamenco
Origi Lille Oostende Flamenco

ENTRENADOR

Nombre Equipo Lugar de nacimiento Flamenco/Valón/Bruselas
Marc Wilmots Bélgica Jodeigne Valón

El resultado es de 13 flamencos, siete valones, tres nacidos en la ciudad de Bruselas y cero en la Comunidad Germanófona. Son datos, y no hace falta ser muy listo o hacer un gran análisis para darse cuenta de la realidad. Todos los engranajes; unos flamencos, otros valones y otros bilingües suman para crear una selección coaligada, de grandes compañeros, de buenos futbolistas, de próspero futuro. Porque Hazard nació en La Louvière y es valón, mientras que Lukaku en Amberes y es flamenco. El primero pone el pase y el segundo, el gol. Seguramente Hazard desconozca que una guerra fue desuniendo y forzando fronteras y por eso lleva la etiqueta de valón. Dudo también que Lukaku sepa el porqué es flamenco, aunque seguramente parte de su familia proceda de África y él tenga sangre y sentimiento belga. Ni francés, ni holandés, ni alemán, solo belga. Porque las rencillas del pasado, quedaron en el pasado, y la nueva generación, excluyendo a algún energúmeno que aboga por un nacionalismo flamenco absurdo, va dejando atrás vestigios podridos que hoy en día deberían estar obsoletos, perdidos en la memoria de unos cuantos ancianos tozudos.

La selección belga no deja de ser espejo de su sociedad actual. En la que todos pueden convivir y colaborar para alcanzar grandes objetivos, aunque la Copa Mundial quede lejos. El patriotismo valón y el flamenco no tienen cabida en la actualidad. Hay que dejar paso a que la razón aflore en las mentes de los belgas y, aunque el que nazca en Bree siga siendo flamenco y el de Lieja, valón, la cooperación tiene que ser consigna, símbolo de socialización y, en último término, de seres humanos. Algo que a veces nos arrebatan, nuestro sentido de humanidad. Llámenlo guerras, diferencias sociales, costumbres… nada debería desunir lo que un día se unió para que todos ganaran. La prosperidad de un pueblo que vive feliz a pesar de estar dividido por un muro imaginario que, aunque no es el de la vergüenza, parece serlo. Aún no sé responder a la pregunta del principio. No sé quién es el padre de los belgas, pero sí sé quién es la madre. Bélgica, dos regiones y una ilusión.

Plantel
Fuente: Extralucha.com
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