Remontadas históricas: Real Madrid - Derby County 1975/76, Santillana certificó la primera gran gesta
La euforia estalló tras la remontada | Foto: realmadrid.com

El Ying y el Yang son un concepto filosófico basado en la dualidad de todo lo existente. Según este principio chino, todo tiene su opuesto pero al mismo tiempo, todo es interdependiente, todo puede subdividirse y transformarse; el uno existe porque existe el otro y finalmente, todo se genera mutuamente. Trasladado al terreno de lo futbolístico, la teoría del Ying y el Yang sería una excelente base para el tipo de proeza que al Real Madrid se le exige esta noche. La remontada. En base a lo que establecen los principios básicos de esta filosofía, la victoria y la derrota dejan clara su oposición pero una necesita de la otra para existir. Al mismo tiempo, la remontada exige de una previa derrota para que un posterior triunfo pueda calificarse de gesta y, extrapoladas a una eliminatoria, lo que empezó siendo una severa caída puede acabar transformándose en una noche histórica de la que se enorgullezcan los más acérrimos y agradecidos aficionados al fútbol, en especial, el madridismo. Así, la eliminatoria que dio lugar a la más amplia decepción, contendría dentro de ella el más grande sentimiento de euforia, coexistiendo ambas sensaciones en un mismo todo, subdividiéndose.

La esencia de las noches mágicas del Bernabéu empezó a fraguarse en la 75/76
El Real Madrid tiene 90 minutos por delante -como mínimo- para dar caza a su particular 'yang', toda vez que el viaje a Dortmund rubricó el inicio de esta posibilidad con el varapalo asestado por el Borussia. La tarea de los blancos no es, en absoluto sencilla y al mismo tiempo es algo tan 'fácil' como seguir el camino que otros le marcaron. La esencia de las noches mágicas en el Santiago Bernabéu empezó a fraguarse allá por la temporada 75/76.

Por aquel entonces las cosas se les complicaron a los blancos mucho antes, concretamente en los octavos de final de la Copa de Europa. El 22 de octubre de 1975, los hombres que entrenaba Miljanic viajaban a Derby (Inglaterra) para disputar el choque de ida en la que iba a ser una de las noches más catastróficas para el conjunto blanco y a la vez, el inicio de una leyenda. El papel que hace escasamente una semana tomaba Robert Lewandowski ante el Madrid, lo ejecutaba por aquel entonces el delantero del Derbi County, George, que inauguraba el marcador en el minuto 10 y lo aumentaba en el 15. El madridismo respiraba cuando poco antes de la media hora Pirri recortaba distancias con un tanto que facilitaba mucho las cosas para los suyos.

Cuando todo parecía abocado a llevar aquel marcador al descanso, aparecería Nish (minuto 43) para asestarle a los blancos su particular jarro de agua fría en uno de esos momentos pscológicamente dolorosos. Sin embargo, la decepción no parecía comparable con aquella que, otra vez George, rubicando su hat-trick, asestarían los ingleses a poco más de 10 minutos para la finalización de un partido que los blancos nunca supieron controlar.

Creando el mito de las remontadas

Pese a las dificultades que se hacían más que evidentes a tenor del resultado a remontar, el técnico madridista lo tenía claro: la hazaña era posible pero existían unas sólidas premisas que debían cumplirse: “Quiero que el equipo juegue a tope, que no se entregue nunca; y quiero también que el ambiente sea el necesario para animar a los jugadores” declaraba el serbio. No falló el coliseo blanco a la llamada del entrenador ni tampoco la actitud de los jugadores, que se volcaron desde el primer minuto encontrando una rápida recompensa en el segundo, cuando Roberto Marínez perforaba la meta del guardameta Boulton aupando al viejo Chamartín en volandas de un lema claro: la remontada era posible.

Avasallaron los delanteros madridistas la meta del Derby County guiados por los continuos remates del propio Roberto Marínez y también de Santillana; no obstante, la fortuna, que también debía aliarse con los locales, se hacía esquiva y la puntería, así como las soberbias actuaciones del portero inglés y la defensa del Derby privaban a los blancos de dar forma a la proeza. El sentimiento de rabia se apoderaba, también, de la platea, que asistía a la no señalización de dos penaltis que hubieran podido facilitar la tarea, ardua ya de por sí, a los jugadores del Real Madrid, que se iban al descanso con un solitario gol, demasiado alejado de la meta establecida.

El inicio del segundo tiempo, sin embargo, no pudo ser más esperanzador. Otra vez Roberto batía al habilidoso guardameta del Derby County para comerle terreno a la gesta de la remontada, un anhelo que se veía respaldado y que empezaba a cobrar tangibilidad con el siguiente tanto de Santillana tan sólo 4 minutos más tarde. El estadio madridista se venía arriba, llevando en volandas a su equipo, claro dominador de un partido en el que nunca dieron oportunidades al rival, pese a lo cual este supo generárselas solo. El gol de George -otra vez él- en el 60 amenazaba con destruir las esperanzas blancas y la ilusión de una grada que había llegado a creer en lo increíble. Pero lejos de amedrentarse, el conjunto local apeló a la casta y la garra, personificada en la figura de Pirri para establecer, a sólo 5 minutos del final, el 4-1 que llamaba a la prórroga y que, cuanto menos, igualaba de nuevo la eliminatoria.

Santillana marcaba en el minuto 100 el gol de la victoria
Exhaustos por el esfuerzo realizado, el tiempo complementario se presumía complicado y largo. Pero el Madrid era plenamente consciente de que lo más difícil estaba hecho y nadar para morir en la orilla era una posibilidad que no pasaba por la mente de ninguno de los jugadores ni tampoco de los aficionados que abarrotaban el viejo Chamartín. La tensión generada en el estadio estallaba en un júbilo contenido en el minuto 100, el mismo en el que de nuevo Santillana batía a Boulton con un soberbio golazo que daría la vuelta al mundo y que permitiría a los de Miljanic continuar vivos en la por aquel entonces todavía llamaban “la competición del Real Madrid”.

Aquella noche, el Santiago Bernabéu empezó a construir un mito que, de forma inconsciente, se convertiría en el gran asidero de un equipo que acabó por convertir la magia de las remontadas en un símbolo de identidad asociado al club. Aquella noche, el Real Madrid demostró al mundo que existía otra manera de grandeza más allá de las victorias aplastantes ante rivales incapaces de oponer resistencia. A través del sufrimiento, de la lucha sin cuartel, de la fe ciega y la confianza sin límites, los blancos asentaron las bases de una existencia que hoy reclama de nuevo su protagonismo.

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