Yo jugué en el Real Betis: Tomás Olías
'Monseñor' permaneció en la disciplina verdiblanca hasta el verano de 1999. | (Foto: Betisweb.com).

Yo jugué en el Real Betis: Tomás Olías

El centrocampista madrileño llegó a Heliópolis en 1993 sin hacer ruido, desconociendo por completo que formaría parte de una escuadra de las trece barras que maravilló al mundo pocos años después y en cuyas filas marcaría un tanto que le haría pasar a la posteridad en el derbi que se disputó en Nervión en diciembre de 1996.

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J. Julián Fernández S.

Hay goles que hacen que sus autores terminen pasando a la historia de un club. En muchas ocasiones, estos tienen que ver con la consecución de títulos o ascensos, pero también los hay que llegan en encuentros importantes y acaban por pasar a ocupar un lugar preferencial en el imaginario colectivo de la afición. Eso es, precisamente, lo que ocurre con aquel tanto que logró Tomás Olías en Nervión durante el derbi de la 96/97; un ‘chicharro’ que no sólo significó el 0-3 definitivo a favor del Betis, sino que todavía, y pese a que han transcurrido ya 16 años y medio de aquello, continúa despertando la sonrisa entre los miembros de la fiel infantería verdiblanca.

Pero, más allá de aquel tanto y de su innegable contribución a aquella escuadra de las trece barras que brilló con luz propia a mediados de los noventa, la hoja de servicios de este madrileño nacido el 4 de febrero de 1969 contiene muchas líneas más. La primera de ella, en el Moscardó, club en el que se fue formando como futbolista desde muy joven, llegando a jugar en Tercera en la 88/89. Entonces, el Málaga se cruzó en su camino, fichándole, pero sin llegar a darle la oportunidad de debutar en Primera.

Kresic y el Marbella le dieron la oportunidad de crecer como futbolista

Porque pese a que comenzó a hacer la pretemporada con los blanquiazules, acabó jugando cedido en el Estepona durante la 89/90. Y lo cierto es que no lo hizo nada mal, porque en junio llamó a su puerta el Atlético Marbella, que no tardó en llegar un acuerdo con él para hacerse con sus servicios. En sus filas, Olías experimentó dos ascensos consecutivos, pasando de Tercera a Segunda B al final de la 90/91 y a Segunda cuando concluyo la 91/92.

Así, a las órdenes de un Sergio Kresic que había apostado por él desde el primer momento, llegó a debutar en la ‘Categoría de Plata’, donde su rendimiento siguió creciendo. No en vano, fue prácticamente intocable, disputando 35 encuentros y firmando hasta siete dianas. Ni siquiera la destitución del técnico balcánico tras la jornada 26 le hizo salir de un once que, jornada tras jornada, fue llevando al cuadro costasoleño a una más que meritoria séptima plaza.

Llegó de la mano del balcánico al Villamarín, junto a Txirri y Comas

Por todo ello, no era de extrañar que de cara a la 93/94 pudiese cambiar de aires y recalar en alguno de los ‘gallitos’ de Segunda. Sobre todo, después de su mentor firmase por el Betis y pidiese los fichajes de sus compañeros Txirri y Comas. De este modo, se convirtió en verdiblanco, iniciando la que, sin duda alguna, sería la mejor etapa de su carrera deportiva. Empezando por esa misma campaña, en la que alcanzó los 28 partidos, logró cuatro goles, llegó a las ‘semis’ de Copa (eliminación del Barcelona del 'Dream Team' incluida) y consiguió ascender a Primera división.

El único pero estuvo que Kresic tuvo que dejar el banquillo a falta de doce partidos, aunque ese detalle tampoco importó demasiado. Porque su sucesor en el cargo, Serra Ferrer siguió contando con él, aunque fuese de un modo algo más intermitente. De hecho, en la 94/95 jugó 16 envites y anotó una diana, al Valencia. Con ello, pudo cumplir su sueño de debutar en la máxima categoría (lo hizo el 18 de septiembre en San Mamés, sustituyendo a Alexis en el 55’), donde la escuadra de las trece barras dejó atrás cualquier complejo logrando un tercer puesto que le abrió de par en par las puertas de Europa.

Se ganó el cariño de la grada por su entrega y polivalencia

En consecuencia, Olías seguía creciendo y sus números así se encargaron de demostrarlo. Durante la 95/96 estuvo sobre el césped en 32 ocasiones, pese a que no tuvo puntería de cara al marco contrario en ninguna de ellas. No obstante, su polivalencia, que le permitían jugar tanto como mediocentro defensivo o central, y su capacidad de lucha y briega ya le habían facilitado tener un hueco en el corazoncito de la afición, que le puso el apodo de ‘Monseñor’, por su incipiente calvicie en la coronilla.

Y haciendo gala de ella, vivió una 96/97 que fue histórica. Primero, en la Liga, donde el equipo acabó cuarto y, entre otros logros, protagonizó la mayor goleada a su favor que se recuerda en el Sánchez Pizjuán, donde un tanto suyo desde 30 metros, el que significó el 0-3, le llevó al ‘Olimpo’ heliopolitano. Pero, además de ese logró cuatro dianas más repartidas entre un total de 28 choques.

Vivió sobre el césped el desenlace de la final de Copa de 1997

Además de eso, el conjunto del Villamarín fue finalista de Copa, cayendo en los últimos instantes de la prórroga frente al Barcelona (3-2). Olías vivió ‘in situ’ aquel desenlace, ya que sustituyó en el 85’ a Nadj, viendo cómo un tanto de Figo, cuando todo el mundo pensaba ya en los penaltis, hizo que se escapase rumbo a la Ciudad Condal lo único que le faltó a aquel Betis de ensueño: un trofeo.

Sea como fuere, en la 97/98, y ya con Luis Aragonés en el banquillo, siguió siendo más o menos habitual en las alineaciones, alcanzando los 29 partidos y un gol (el Mallorca fue su ‘víctima’). Igualmente, con Cantatore y Clemente, en la 98/99, prácticamente calcó esos guarismos, si bien es cierto que se quedó sin ‘mojar’. Pese a todo, cuando llegó el mes de junio y se confirmó la llegada de Griguol, hizo las maletas, buscando un nuevo destino.

En Las Palmas vio los debuts de Ángel y Rubén Castro

Entonces, apareció de nuevo Sergio Kresic, que lo enroló en las filas de Las Palmas. Le acompañaría en aquel viaje su compañero Jaime Quesada, al tiempo que se reencontraría con Robert Jarni. Los tres, aportaron su granito de arena para hacer que los insulares subiesen a Primera como campeones de Segunda. En este sentido, la aportación de Olías fue importantísima, con 37 encuentros y cinco goles.

Aunque las cosas comenzaron a torcerse en la 00/01. Entonces, las lesiones y las molestias físicas hicieron que su rendimiento bajase muchísimo, quedándose en trece duelos y un gol (al Zaragoza). Curiosamente, en aquella campaña vio cómo debutaban en la primera plantilla amarilla dos jugadores que actualmente defienden la elástica de las trece barras: Ángel y Rubén Castro. No obstante, en la 01/02, pareció volver por sus fueros bajo la atenta mirada de Fernando Vázquez. Llegó a las 25 actuaciones, pero ni marcó ni pudo evitar el descenso a Segunda. Aquel desenlace de la temporada motivó que decidiese cambiar de aires, marchándose al Levante.

En el Ciutat de Valencia finiquitó su hoja de servicios

Como granota se sintió tremendamente importante. Fue uno de los pilares del equipo durante toda la Liga, disputando 35 choques. Compartió vestuario con otro ex bético como Amato e, incluso, con un Rivera que jugaría en Heliópolis años después. Y, pese a todo, no pudo celebrar el ascenso, ya que los del Ciutat de Valencia acabaron cuartos.

Sí pudo hacerlo, en cambio, en la 03/04, aunque con un sabor agridulce. Las lesiones le impidieron jugar durante el curso, pese a tener ficha y dorsal asignado, el ‘2’. Al menos, y más allá de aquel éxito, le quedó el consuelo de haberse reencontrado con Ángel Cuéllar, con quien ya compartió vivencias en sus primeras temporadas como verdiblanco.

Tras su retirada, ha sido empresario y columnista en varias webs deportivas

Con todo, Olías decidió colgar las botas en junio, a los 35 años y, a diferencia de otros muchos, sin tener demasiados deseos de seguir vinculado al fútbol. Se pasó al mundo empresarial, llevando hasta hace relativamente poco las riendas de una cafetería llamada ‘Primer Express’ en Marbella. Al margen de eso, colabora con columnas de opinión en webs como ‘Manquepierda.com’ o ‘Elgoldigital.com’, al tiempo que también se ha adentrado en el mundo de las apuestas con su blog ‘Oliasbet.blogabet.com’.

Aunque para el beticismo siempre será aquel ‘Monseñor’ que no dudó en ponerse su traje de faena verdiblanco a mediados de los noventa y que fue para siempre elevado a los altares gracias a un gol en Nervión que, por más que pasen los años, será recordado eternamente como uno de los que más felicidad provocó en el seno de la fiel infantería de la escuadra de las trece barras.

 

(Fotos del texto: 1, Bdfutbol.com; 2 y 4, Todocoleccion.net; 3, @tomasolias; 5, Tintaamarilla.es, y, 6, Diariodeleon.es).

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