Festín goleador en un atípico Camp Nou
Una nueva victoria para el Barcelona de Ernesto Valverde | Ernesto Aradilla - VAVEL

“No hay nada menos vacío que un estadio vacío”, rezaba Eduardo Galeano. Porque el Barcelona de Ernesto Valverde se dio un festín goleador en la segunda mitad, pero ninguno de los tres goles tuvo esa esencia tan característica, ese regusto que solo se consigue en un estadio lleno de gente. Tan solo los gritos de los jugadores y el cuerpo técnico maquillaron un escenario tan desolador como atípico.

Un Camp Nou completamente vacío 

Las horas previas al encuentro estuvieron marcadas por la desinformación y las contradicciones. Ninguno de los dos equipos se pronunció, lo que alimentó más aún el nerviosismo de una fecha tan señalada como la de este 1 de octubre para Barcelona y, sobre todo, Cataluña. Finalmente, el club catalán decidió que el partido iba a jugarse. Pero iba a jugarse sin público. Iba a jugarse sin la esencia del fútbol como fenómeno social y de masas.

Aleix Vidal, en el once de Ernesto Valverde | Ernesto Aradilla - VAVEL
Aleix Vidal, en el once de Ernesto Valverde | Ernesto Aradilla - VAVEL

Un partido más de Liga se convirtió en uno de los partidos más tristes de la historia reciente del club. Porque el Camp Nou cerró sus puertas en un tarde gris y apática. Tan solo las voces de los jugadores, como decíamos, difuminaban un contexto sorprendente. En los aledaños del estadio, los aficionados se agolpaban a las puertas con una mezcla entre el desconcierto y la decepción. Porque el ambiente, no obstante, era ensordecedor. Nadie se atrevía a articular palabra. Eran los grandes perjudicados.

 

Un primer tiempo desdibujado

Ya en sí mismo, el juego, quedaba relegado a un segundo plano en una jornada en la que el referéndum por la independencia marcaba la actualidad. Ernesto Valverde diseñó un asimétrico 4-4-2 para combatir la superpoblación del centro del campo de Las Palmas, que se ordenó en torno al 3-4-1-1. El Barça buscó llevar la iniciativa del partido ante un equipo canario que nunca renunció al balón. Ya en el inicio, los azulgranas poco a poco empezaron a hacerse con el control y se encomendaron a Messi y Sergi Roberto para generar peligro. El de Reus puso a prueba al meta Chichizola con un tímido remate desde el balcón del área cuando todavía no se habían cumplido los primeros cinco minutos. Fue el astro argentino quien, mediante un lanzamiento de falta muy próximo al vértice del área, obligó a estirarse a su compatriota un cuarto de hora más tarde. Luis Suárez, que andaba muy cerca de la jugada, no supo aprovechar el posterior rechace. Los de Pako Ayestarán, con el paso de los minutos, se fueron desperezando y asentándose en campo azulgrana. Oussama buscó sorprender a Ter Stegen con un remate desde dentro del área que finalmente salió mordido en el ecuador del primer tiempo. Porque el nuevo equipo del ex técnico del Valencia demostró de lo que es capaz en el primer tiempo.

Las Palmas, un equipo atrevido en el primer tiempo | Foto: Ernesto Aradilla - VAVEL
Las Palmas, un equipo atrevido en el primer tiempo | Foto: Ernesto Aradilla - VAVEL

Minutos más tarde, Paulinho estuvo muy cerca de estrenar el marcador llegando a rematar desde segunda línea un centro lateral de Sergi Roberto, pero finalmente no encontró portería. Ya en los compases finales, Calleri tendría la más clara de los primeros 45 minutos con un remate a la madera. Las Palmas, durante largos tramos de la primera mitad, fue superior, pero no supo adelantarse en el marcador. Y, al final, acabó pesando.

 

El Barcelona mejora tras el descanso

El técnico azulgrana agitó el banquillo al descanso para intentar sacudirse la presión que demostró el bando canario en la segunda mitad del primer tiempo. Para ello, regresó al 4-3-3 dando entrada a Iniesta y Rakitic en la sala de máquinas. Y es que el Barça salió del vestuario en tromba con el único objetivo de confirmar la séptima victoria liguera consecutiva, la novena del curso. Messi, nuevamente mediante un lanzamiento de falta, estuvo a punto de abrir el electrónico al inicio. También Rakitic, apenas unos segundos después, con un remate de volea que rechazó Chichizola por encima del arco. Pero entonces apareció un actor inesperado como Sergio Busquets a la salida del córner para anotar su primer tanto de la temporada. Un gol que no fue gol. Un gol falto de su esencia. La esencia del fútbol.

El Barcelona mejoró la imagen en el segundo tiempo y terminó goleando

Tras adelantarse el conjunto azulgrana, el partido entró en una dinámica con menos revoluciones, con un ritmo más pausado. El Barcelona poco a poco fue adormeciendo el partido. Por lo menos hasta que Messi decidió dejarlo visto para sentencia. Envió un avisó en forma de disparo que se marchó lamiendo el poste del marco defendido por su compatriota Chichizola pasada la hora de juego. Y entonces sacó su magia. Denis Suárez, que le ganó la partida a Gerard Deulofeu en el once, asistió al argentino dentro del área para deshacerse del meta con un gesto exquisito y rematar a placer. Y, de nuevo, un tanto frío, sin esa exuberancia del público cuando Leo hace aquello a lo que nos tiene acostumbrado. Porque no tardó en volver a batir a su compatriota. De nuevo Suárez, pero esta vez Luis, volvió a encontrar al argentino a la espalda de la zaga canaria para colar el balón en la red ante la salida del meta. 

Andrés Iniesta, el damnificado de la tarde | Foto: Ernesto Aradilla - VAVEL
Andrés Iniesta, el damnificado de la tarde | Foto: Ernesto Aradilla - VAVEL

La nota negativa fue, sin duda, Andrés Iniesta: el manchego, que había entrado el descanso, tuvo que retirarse con problemas físicos. En su lugar, entró André Gomes, con un papel testimonial en lo que era la séptima victoria ligera. Una victoria con un punto de insipidez, pues la ciudad y el estadio no sonrieron. Un partido que será recordado por su contexto y no por el juego, donde el Barça no necesitó su mejor versión para golear a un Las Palmas que no pudo completar la teoría que asegura una victoria para los entrenadores nuevos. Y los canarios no conocen la victoria contra los catalanes en este siglo XXI. O, por lo menos, de momento. 

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