Unai Simón, el nuevo heredero
Unai Simón durante un encuentro en San Mamés. Foto: Athletic Club

San Mamés, emblema de la ciudad de Bilbao, ha sido testigo de innumerables jugadores que han dejado una huella imborrable en su historia.

Sin embargo, una de sus piezas de mayor valor ha estado bajo palos y es que tanta trascendencia o más que marcar goles, tiene salvarlos. De eso sabe muy bien este campo, que ha disfrutado y reconocido las actuaciones de sus grandes metas.

Actualmente los rojiblancos son, junto al Atlético de Madrid, el equipo menos goleado de LaLiga. Gaizka Garitano ha conseguido armar un bloque sólido y compacto en cuya línea defensiva, un joven guardameta se está erigiendo como una de las claves del éxito.

Unai Simón, criado en Lezama desde cadetes, se ha adjudicado, este curso, la meta de San Mamés con total merecimiento. Con solvencia y sobriedad está sosteniendo una portería legendaria y a la que podríamos añadir más calificativos para describirla. Sin embargo, para comprender su valor debemos viajar hasta los entresijos del club.

  • Los orígenes

Nos tenemos que remontar a 1927 donde a las filas rojiblancas llegó un jovencísimo portero de grandes reflejos que se afianzaría en el equipo durante diez campañas. Gregorio “Goyo” Blasco Sánchez, el primer gran guardameta del Athletic Club con tres trofeos Zamora que se alzó con 4 ligas, 4 copas de España y 8 campeonatos regionales. Además, su buen hacer le permitió disputar 5 encuentros con España en la que coincidió con el legendario portero, Ricardo Zamora.

Años más tarde, en plena II Guerra Mundial y con las secuelas aún presentes de la Guerra Civil española, Raimundo Pérez Lezama fichó por el Athletic procedente del Arenas de Getxo. La huella de Blasco pronto se olvidó con la figura de Lezama, cuya gran colocación, agilidad y dominio del juego aéreo lo convirtieron en un arquero muy completo hasta ser uno de los ídolos de San Mamés. Alcanzó la cifra de 263 partidos durante 15 temporadas en las que ganó 2 Ligas y 6 Copas de España. 

Caprichoso fue el destino que unió al legendario portero vasco Lezama y a un novato, Camelo Cedrún, a principios de la década de los 50. Una lesión y la irrupción del joven Cedrún apartaron a Lezama de la titularidad. Fue entonces cuando comenzó el legado de Carmelo, pieza clave en aquel equipo conocido como los “once aldeanos”. En total disputó 402 partidos en los que logró el doblete en la temporada 1955/56 y dos Copas de España más en su cuenta. En su carrera internacional jugó 13 partidos con España en la que disputó, en 1962, el Mundial de Chile.

  • La llegada del mito

Ya en la temporada 1963, una curiosa situación se repitió. De nuevo una lesión del meta titular, Cedrún, abrió las posibilidades de un jovencísimo zarauztarra. Conocido por su gran condición física y su espigada figura, era un portero que dominaba a la perfección el juego aéreo y que tenía grandes reflejos. Apodado El “Txopo”, José Ángel Iribar, un mito único del Athletic Club y considerado como uno de los grandes porteros, es el jugador con más partidos (604) en toda la historia del club. Sus 18 años como jugador le convirtieron en un referente a nivel deportivo y social y le permitieron lograr 2 Copas de España y un trofeo Zamora. Sus extraordinarias condiciones le condujeron a un temprano debut con la selección española en la que disputó 49 partidos, entre ellos los de la Eurocopa de 1964 donde la selección salió campeona.

 

La portería en el “botxo” gozó de buena salud durante 48 campañas  cuando el destino junto, escalonadamente, a tres figuras como Lezama, Carmelo e Iribar. En total fueron 1269 encuentros en los que el arco de San Mamés estuvo a buen recaudo. Tal era la grandeza de José Ángel Iribar que llegó a disputar aproximadamente la mitad de los partidos entre los tres porteros.

  • El sucesor

Tras su retirada, su sombra era alargada y los socios aún seguían teniendo presentes sus estiradas y atajadas. En la temporada 1980/81 llegó al Athletic para jugar en el filial un chaval criado en el Alavés. A la temporada siguiente, Javier Clemente ascendió al joven portero para compartir plantilla con jugadores de la talla de Argote, Dani, Sarabia o Goikoetxea. En poco tiempo se fue forjando la figura de Andoni Zubizarreta y consiguió tapar en parte el gran hueco que había dejado el mito Iribar. El vitoriano se convirtió en parte fundamental del equipo que logró ganar la Liga en 1982/1983 y el doblete en la temporada siguiente, disputó 239 partidos con la disciplina rojiblanca hasta que en 1986 fichó por el FC Barcelona. Además, relevó a Arconada en la selección en la que jugó 126 partidos participando en cuatro Mundiales y en tres Eurocopas.

  • Tiempos de transición

Desde su salida, el Athletic vivió un permanente quebradero de cabeza en la portería, sin que ninguno de sus predecesores se ganase la total confianza de la parroquia bilbaína. Imanol Etxeberria, Vicente Biurrun, Iñaki Lafuente o Daniel Aranzubia custodiaron la retaguardia rojiblanca sin tanto éxito como sus antecesores.

Sin embargo, en 2007 desde Barcelona llegó Gorka Iraizoz, un meta que encajaba a la perfección en el estilo tradicional de porteros del club. Tanto Caparrós como Bielsa y Valverde apostaron por el navarro que dotó de una gran regularidad a la portería rojiblanca durante una década.

  • La última esperanza

Mientras, Lezama preparaba sus próximas joyas, dos jóvenes porteros, Kepa Arrizabalaga y Alex Remiro esperaban para dar el salto. El ondarrutarra partía con ventaja y tras varias cesiones a Ponferrada y Valladolid su ansiado debut se produjo en 2016. Tras sus primeras paradas, los elogios no tardaron en llegar y los aficionados apenas se inquietaban gracias a sus impecables blocajes y formidables reflejos.

No obstante, San Mamés apenas pudo disfrutar de un portero que estaba destinado a marcar una época. Primero, el Real Madrid avisó y finalmente, el Chelsea se hizo con sus servicios pagando 80 millones de euros.

Para más inri, Remiro no contemplaba ampliar su contrato con el club, por lo que no disputó ni un minuto oficial.  Momentos difíciles para los leones que veían como sus dos mayores potencias de Lezama se esfumaban en muy poco tiempo.

Tambaleada de tal manera la estructura rojiblanca, un nuevo horizonte se abría para un guardameta que, escasas semanas antes, había sido cedido al Elche CF.

Iago Herrerín, el único portero disponible de la plantilla sufrió una lesión a escasos días de comenzar la competición. Unai Simón entró en escena y, a pesar de su juventud, demostró una gran personalidad para hacer frente a la convulsa situación que el club atravesaba en ese momento.

Por lo que, la pasada campaña el meta gasteiztarra obtuvo un balance de ocho encuentros ligueros y cuatro partidos de la Copa del Rey.

Tal fue su rendimiento y el potencial mostrado que este curso se ha adueñado de la meta de San Mamés y con la disputa de un tercio de la liga, apenas han sobrepasado su muro en 7 ocasiones, lo que convierte en unos de los porteros menos goleados de la liga, junto con Oblak que ha recibido ocho goles.

El tiempo es sabio y dictará sentencia sobre el devenir de este joven arquero, no obstante, algo irrefutable es que con el paso de las jornadas se está forjando una sensación de tranquilidad y comodidad en la retaguardia de San Mamés. Y es que como bien decíamos, la sombra del “Txopo” es alargada, pero este muchacho está destinado a ocupar un nuevo trono en la saga de porteros inolvidables de San Mamés

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