Las hienas de Juan Carlos Osorio
(Foto: FIFA)

Las hienas de Juan Carlos Osorio

OPINIÓN | En las manos de la Federación está convencer a Osorio de su renovación o, como suele suceder en nuestro país, darle gusto a las hienas, y firmar a los entrenadores que sí saben: los que con muchos gritos y comerciales saben cómo pasar al quinto partido.

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Alan Núñez

Cuatro años atrás, un fatídico gol desde los once pasos dejó fuera a México del ya tan repetido quinto partido. Fast forward: Brasil deja, nuevamente, a esta generación dorada lamentándose en el césped de Samara.

Para el grueso de la afición, este proceso que acaba de terminar es la misma gata revolcada. Equivocados no están si se mira desde el espejo del resultadismo. Sin embargo, habría que ser extremadamente simplistas para resumir la gestión de Juan Carlos Osorio en un  "fracaso" porque "no se pasó al quinto partido".

La Selección evolucionó en distintos aspectos, guste o no. Créanme que pasar de un entrenador como Miguel Herrera, tan voluble como limitado, a un tipo del calibre humano y futbolístico de Juan Carlos Osorio se agradece infinitamente.

No se confundan. El colombiano durante su proceso se equivocó en varias ocasiones como ante Chile, Alemania en Confederaciones, entre otras. Como cualquier proceso de un seleccionador nacional. Eso es indudable, pero el futbol de un país no evoluciona porque un día se llega al quinto partido. Es una transformación integral, lenta y gradual que comienza, guste o no, desde la cadena más débil. Porque en los momentos de presión es donde suele romperse la maquinaria.

Su estilo no gustó ni gustará en un medio como el mexicano, donde lo que importa es ser amigo de la prensa para contestar el teléfono a cada hora. O jugar favoritismos comerciales y mediáticos. Osorio jamás se prestó a esos juegos y eso "¿Cómo va a ser posible? Seguramente se cree superior a todos porque habla más de futbol que de otras cosas". No obstante, el entrenador sudamericano comió mierda a más no poder y puso el pecho a las balas de los medios de comunicación, las cuales hace mucho tiempo dejaron de ser críticas deportivas sino personales, sin ningún sustento o argumento.

El problema es que por filias y fobias, los medios masivos de comunicación transmitieron por casi tres años un mensaje erróneo a los millones de aficionados del equipo nacional. Si no, es imposible entender el por qué ocurrió esto en la despedida del Tri en el Azteca.

"México no juega a nada y no tiene un estilo definido", era la clásica frase previa al Mundial. Bajo ese argumento se pidió su salida días antes de viajar a Rusia, después de haber calificado caminando y rompiendo récords de CONCACAF, a diestra y siniestra.

Qué curioso que una selección que "no jugaba a nada" logró vencer a la actual campeona del mundo, Alemania. Y más curioso aun resulta que las hienas postradas en las mesas de análisis se quedaron sin argumentos ante tal demostración. Ah, la ironía. De un día a otro, los aficionados se dieron cuenta que México sí jugaba a algo y después de ganarle a Corea, hasta una canción le compusieron a Osorio.

Llegó el cuarto partido contra el gigante sudamericano. Solamente hay que leer la mitad de la alineación para entender la dimensión de esta selección brasileña: Willian, extremo del Chelsea; Gabriel Jesus, diamante ofensivo de Guardiola en el Manchester City; Thiago Silva, el central por excelencia del PSG; Coutinho, la revelación del Barcelona al igual que Paulinho; y por delante, Neymar, el próximo dominante del futbol mundial. Una señora selección a la cual México superó en los primeros 30 minutos y, posteriormente, terminó perdiendo. Con ese mismo espejo simplista: Brasil debía ganar y así lo hizo.

Hoy, el estratega del Tricolor pasó de 'Eeeeel Profe Osooooorio' a convertirse en ese demagógo que no sirve para nada más que hablar de fútbol.

Su balance: 33 triunfos, 9 empates y 10 derrotas; es decir, un 69% de efectividad. Calificar caminando a esta Copa del Mundo. Confiar en las incorporaciones de jugadores como Jesús Gallardo, Edson Álvarez y Omar Govea; consolidar a futbolistas como Néstor Araujo, antes en Santos y ahora en Europa; al igual que Oswaldo Alanis, antes en Chivas y ahora en el Viejo Continente; o qué decir de Carlos Salcedo, de Chivas a campeón de la Copa alemana y titular en el Eintracht Frankfurt. Y por supuesto, apuntalar la proyección de un habilidoso Hirving Lozano, antes en Pachuca y ahora como una de las cartas fuertes en el mercado de Europa.

En las manos de la Federación Mexicana de Futbol está convencer a Osorio de su renovación o, como suele suceder en nuestro país, darle gusto a las hienas, y firmar a los entrenadores que sí saben: los que con muchos gritos y comerciales saben cómo pasar al quinto partido.

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