El auto de Rubén Rovelo ruge en la selva chiapaneca
Foto: Nascar México

El auto de Rubén Rovelo ruge en la selva chiapaneca

El piloto del auto número 28 se adjudica la cuarta y penúltima fecha del Desafío 2014 y se incrusta en la tercera posición general.

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Martín Avilés

La lluvia amenazó durante 13 fechas a la Nascar Toyota Series, y fue hasta la penúltima carrera que cumplió su promesa. A falta de 18 vueltas cayó la tormenta y Rubén Rovelo aprovechó para llevarse la victoria en la selva chiapaneca.

La sensación de impotencia se apoderó así de los participantes del Desafío 2014, que vieron cómo un chubasco arrasaba con todo anhelo en la recta final de la competencia, donde dos banderas en el aire, una roja y otra a cuadros, sepultaron sus esperanzas, excepto las de Rovelo.

“Ha sido un año complicado de mi parte, no corrí la primera fecha por parte de patrocinadores, tuve cuatro cambios de equipo al principio, éramos el lugar 25 en la quinta fecha y saber que ahora estamos en los primeros lugares, puedo decir que valió la pena arriesgarme a cambiar de equipo, el haber ganado sólo da más ganas de trabajar”, comentó el volante del auto 28.

La Nascar México salió de su hábitat natural, en una carrera en una biósfera envidiable; tan salvaje y secreta, como remota. Pero como el toda jungla, el diluvio apareció desde temprano y la humedad no hizo más que cancelar la calificación y abrumar la tarde.

La selva chiapaneca alberga una de las pistas más recónditas del serial, donde los pilotos emularon ayer una tropa de exploradores para preservar su especie. A Rovelo, Abraham Calderón y Rubén García Jr., sólo les faltó una cantimplora y un par de binoculares para terminar de decorar la excursión.

Apenas ondeó la bandera verde y un trompo del auto de Rafael Vallina y el 98 de Erik Mondragón provocó la primera bandera amarilla de la nublada tarde.

Tan pronto la carrera se reanudó, Pardo perdió dos posiciones debido a un intento de rebase fallido por la parte externa, caso contrario al de Rovelo, que dejó atrás a Daniel Suárez y Rubén García Jr., gracias a un rebase excepcional.

No pasaron ni 10 vueltas, cuando un contacto entre el auto 87 de Luis Felipe Montaño y el 20 de Homero Richards, género la segunda preventiva del día y el inminente abandono de Richards, además de un castigo para el de Aéropostale.

Cuando ondeó nuevamente la banderilla verde, la cosa cambió y comenzó así un intercambio en la puta entre Rubén Pardo y el volante del auto 88.

Pardo tomó el liderato, todo era perfecto para la máquina 15, hasta que el texano Jim Nides se trompeó y paró la carrera. A partir de allí, el de Citizen quedó corto y fueron Rovelo y García Jr., quienes protagonizaron la competencia.

A 18 giros del final, la tempestad invadió el Súper Óvalo de Chiapas. La inclemencia del tiempo no permitió un desenlace con la euforia que se esperaba, la adrenalina se contuvo y los pilotos quedaron impotentes, con la sensación de haber podido pelear por más.

“Se nos poncha una llanta en la última bandera amarilla por la parte sucia de la pista y lo único que pensé fue que si Dios quería que ganara, iba a hacer que lloviera y afortunadamente así fue. No hay campeón sin suerte”, reconoció el piloto de G3C Racing.

Así, en contraste con un cielo negro que imperó justo encima de la pista, Rubén Rovelo vio la luz. El volante del auto 28 se adjudicó su segundo triunfo de la temporada en el mejor momento, fungiendo como local y a una fecha del desenlace del campeonato.

Con este resultado, Abraham Calderón se mantiene firme en el liderato al finalizar en la séptima posición con 1163; mientras que ahora, la segunda plaza en el Desafío 2014 es ocupada por Rubén García Jr. con 1159, quien nuevamente se quedó en la raya. 

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