Crónica de una final anunciada
El Monumental, que esperaba una fiesta del fútbol, quedó en silencio (Foto: Conmebol).

Crónica de una final anunciada

La final del mundo terminó convirtiéndose en la final más larga del mundo. De un día para el otro se pasó de las ansiedades y el nerviosismo de lo que tenía que ser una fiesta, a la decepción (que se vuelve casi cotidiana) por sucesos que eran previsibles, pero no lo fueron así para las autoridades policiales. La crónica de una final anunciada sobre el partido que no fue.

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Thiago Carrero

El rayo de sol primaveral del mes de noviembre cae sobre mi cara y me despierta. Me levanto y en pocos segundos caigo: Hoy es el día, la espera terminó, hoy se juega la final de la Copa Libertadores entre los dos clubes más grandes de Argentina y, por qué no, de América.

Como un movimiento casi natural, agarro el celular y empiezo a ver las noticias: Gallardo no confirmó el equipo, en Boca también hay misterio, periodistas que cubren River insinúan la presencia de Nacho Scocco como titular, del otro lado que jugará Buffarini. Tranquilo, respiro, espero, mejor es esperar, nunca se sabe que puede pasar en estos partidos (deja vú).

En la televisión ex jugadores cuentan en primera persona sus sensaciones, sus ganas de poder jugar el partido, que es un acontecimiento único, que está parejo, que tanto River y Boca tienen lo suyo. En la radio, testimonios de hinchas que están llegando al Monumental, ansiosos, confían en Gallardo, su chapa ganadora en estos partidos difíciles y más ante su eterno rival; por el otro lado miles de hinchas de Boca esperan despedir a su equipo en el hotel, también con muestras de aliento, con ganas de ganar, dicen que esta copa es suya, por historia, por su mística copera.

Faltan poco menos de 3 horas para que el partido empiece, el estadio está casi completo, ambos micros de River y Boca emprenden su viaje hasta el Monumental, todo muy normal…Hasta que pasaron cosas que explican el por qué de la negativa al sueño del presidente Maurico Macri de jugar estas finales con visitantes: a metros de ingresar al Monumental, el micro de Boca fue recibido por botellazos y piedras ante un flojo operativo de seguridad para protegerlo.

Ahora bien, hagamos un análisis un poco más profundo de los hechos del micro, a cuando empezó todo. ¿Cuándo fue que se jodió la final? ¿Cuándo fue que se rompió todo? ¿Cuándo en San Miguel secuestraron bombos, paraguas y ropa de River en el marco de un allanamiento por reventa de entradas? ¿Cuándo le encontraron  300 entradas y siete millones de pesos a la barra de Los Borrachos del Tablón, Caverna Godoy?  ¿Cuándo el estadio estaba completo salvo la fracción de la tribuna Sivorí, donde habitualmente se ubica la barra, estaba vacía?¿Cuándo hinchas lograron atravesar las vallas y el operativo para entrar sin entrada? ¿Cuándo al momento de la llegada del micro de Boca al Monumental, este lo hace por Libertador y dobla en Lidoro Quinteros? ¿Cuándo la policía no realiza el vallado correspondiente para distanciar a los hinchas del micro visitante? ¿Cuándo estos violentos comienzan a tirar latas de cervezas y piedras al micro? ¿Cuándo uno de esos impactos perjudica al chofer al punto de casi perder el control del micro si no fuera porque toma el volante el vicepresidente de Boca? ¿Cuándo la policía, en su accionar tardío, comienza a reprimir al público y tirar gases afectando a su vez a los jugadores del micro?

¿O el problema es mucho más profundo? En la previa se difundió un vídeo de una mujer colocándole bengalas a una menor sobre su cuerpo. Desde los medios se vendió el partido cómo “La final del mundo”, de vida o muerte, la consagración para el vencedor y la humillación eterna para el perdedor. Fueron los mismos canales quienes se preguntaban, tras la agresión al micro de Boca, cómo es que vivimos en una sociedad tan violenta…

Pasaron ya 4 horas del incidente y la incertidumbre sigue a flor de piel, mientras el Twitter de CONMEBOL postergaba sin argumento sólido el partido. Se suceden reuniones entre los presidentes de los clubes y Alejandro Domínguez, el presidente de CONMEBOL, más las interrupciones  del presidente de AFA, ‘Chiqui’ Tapia y de la FIFA, Gianni Infantino. Boca no quería jugar, River acompañó su decisión, CONMEBOL y FIFA quieren que el partido se juegue sí o sí. Para ellos el show debe continuar a toda costa, sin importar que dos jugadores se encuentren en un hospital siendo atendidos. Tras tantas reuniones el sentido común (con cierto delay) primó: Partido suspendido, para mañana a las 17 horas en el Monumental con público.

Con la suspensión para mañana, quedó en duda como hubieran jugado los jugadores en la cancha ante esta situación. Pero los protagonistas jugaron su juego afuera y de diferente manera.  Marcelo Gallardo y Rodolfo D’Onofrio se solidarizaron con el rival en no jugar el partido por la lesión de Pablo Pérez y repudiando la violencia que manchó la fiesta. Daniel Angelici también lamenta lo ocurrido. En completa de-sintonía fueron las declaraciones de Darío Benedetto (“Denle la Copa a River si tiene tanto peso en CONMEBOL”) y Carlos Tévez (“Nos obligaron a jugar. No ví a ningún jugador de River  ver cómo estábamos”) echando más leña al fuego al debate de una sociedad tan polarizada, tan enfrentada como la nuestra, en la que lo que menos se necesitaba era jugar para la tribuna. Había que unir, no destruir.

Ya es domingo. Me despierto, desanimado, hasta decaído, sin la misma adrenalina de ayer. Me levanto y mi primera reflexión es: No se tiene que jugar el partido, es incomprensible, no tiene sentido, no habrá justos ganadores o justos perdedores, el partido ya no importa, todo cambió, todo se rompió.

Agarró el celular y la noticia con la que me fui a acostar toma más fuerza: Boca – a pesar de que Angelici firmó con Domínguez y D’onofrio la postergación del partido para el domingo – no quiere jugar la final por sentirse en inferioridad de condiciones por la lesión ocular de Pablo Pérez y hasta pediría los puntos. El rumor se hace oficial con la difusión, horas más tarde, de un comunicado.

En la televisión ya no se muestran los accesos con hinchas llegando al Monumental desde temprano, ahora la postal incluía a nuevos vallados que el día anterior no estuvieron, las calles casi vacías, ya sin alegría. Recién alrededor del mediodía empiezan a llegar algunos cientos de hinchas, expectantes, sin esa euforia con la que llegaron el día de ayer, pero esperando una decisión en medio del show que generaron los más altos dirigentes de nuestro fútbol. En el Hotel Xeneize, la situación es distinta: miles de hinchas se concentran para respaldar a su equipo por los daños psicológicos y físicos que sufrieron ayer y no dejan demostrar su apoyo ya que, a falta de confirmación, el partido todavía se juega a las 17hs.

Foto: AFP.
Foto: AFP.

La confusión generada a partir de qué pasará con el partido a causa de los incidentes contra el micro de Boca, se incrementaron el domingo al mediodía. El punto final lo puso Domínguez anunciando que el partido no se podía jugar debido a la tan mencionada igualdad de condiciones, la cual mucho no le importó cuando horas antes de anunciar la postergación, afirmaba que el partido se jugaba hoy: “No vamos a dejar que unos inadaptados arruinen todo” expresaba temprano el mandamás de la entidad sudamericana, sin entender que todo se rompió a partir de la inoperancia de la confederación para actuar ante este hecho de suma gravedad.

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Con la palabra de Domínguez y Rodríguez Larreta, jefe de gobierno porteño, quien asumió que su policía estaba a cargo del operativo, Guillermo Barros Schelotto y Angelici dieron una conferencia improvisada en el hotel. El DT reivindicó el hecho que Boca estaba en desventaja para jugar hoy, por su parte el presidente anunció que llevarán un informe al Tribunal de Disciplina (independiente de CONMEBOL) acerca de lo ocurrido el sábado, con los informes policiales y médicos correspondientes.

De común acuerdo entre los clubes y CONMEBOL se decidió que la fecha de la final se confirmará el próximo martes cuando se reúnan en Asunción. La confusión genera miles de dudas: se jugará en el Monumental o no, si será en Emiratos Árabes, si será con público o no, y, sobre todo, si Boca pedirá y/o le darán los puntos que lo consagre como campeón de la Copa.

No se sabe nada sobre lo que puede llegar a pasar a partir de ahora, pero sí  sabe lo que todos suponíamos pero nadie quería ver: No estábamos preparados para una final River-Boca. Sin visitantes, lo única que tenían que hacer era resguardar la integridad de los jugadores y cuerpo técnico cuando se movilicen en sus micros y la policía no sólo no lo hizo, sino que fallo de la manera más evidente y grosera posible mostrando “a los ojos del mundo entero” su ineficacia.

 Lo que se disponía a ser la “Final del mundo” terminó siendo “La final más larga del mundo”, que sufrió varias suspensiones espontaneas y tres postergaciones entre la ida y la revancha. El fútbol termina también siendo el reflejo de gran parte de la sociedad de nuestro país: inoperancia política, inseguridad, desorganización, violencia y comentarios de parte de los protagonistas que la acrecientan. Culpa del que arroja una botella o una piedra al micro, como de quien naturaliza el hecho diciendo “pasa en todas las canchas”. La naturalización, también es forma simbólica de violencia. Al fin y al cabo, lo ocurrido no es nada más ni nada menos que la crónica de una final anunciada.

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