El balón es para jugar
El balón es para jugar

Con el campeonato de Copa Postobón alcanzado por Tolima, Alberto Gamero demostró que con poco se puede hacer mucho. Una nómina corta y un presupuesto reducido son la contraparte de un equipo aguerrido, generoso, inteligente y lleno de amor propio. Pero, sobre todo, de un equipo que juega al fútbol.

Arriesgó, dio espectáculo y ganó: la fórmula de Gamero para ser campeón.

El fútbol (sobre todo el colombiano), como la vida, están llenos de paradigmas que parecen indestronables. Si voy ganando tengo que defender el resultado, las finales no se juegan, se ganan… y así, un montón de patrañas más. Hasta que aparece alguien sin miedo que desnuda la mentira.

Tolima ganó el primer partido en Ibagué dos goles por cero y, si el técnico Gamero hubiera llegado al Campín con un equipo mezquino y defensivo, los comentarios lo habrían justificado. “Va ganando la serie y tiene que defender el resultado”. Por suerte para el fútbol, el DT entendió que no había ganado nada y, por ende, salió a ganar.

Es irónico si se piensa que perdió el partido, pero Tolima fue un equipo equilibrado que atacó y permitió que lo atacaran como consecuencia de su búsqueda. Un medio campo bien repartido entre Maecha, Barrios, Palacios y Silva, supo generar y darle transito rápido y preciso a la pelota  a la hora de ser ofensivos, pero de igual manera coparon los espacios en el retroceso. 

Andrés Ibargüen y Wilfrido de la Rosa, embriagados de confianza y con la energía de su juventud, no se amilanaron en su primera final y ante un Campín llenó de hinchas cardenales. Cada que pudieron hicieron temblar la defensa del equipo de Gustavo Costas que, gracias a Robinson Zapata, los palos y algo de falta de puntería, se salvó de recibir una goleada. 

Alberto Gamero fue muy claro: “Tolima consiguió el título porque vino a proponer a Bogotá”. El técnico samario alcanzó su segundo título en el fútbol colombiano. Con Chicó, ya había vencido al América en la final del apertura 2008, ahora, consiguió superar a otro grande, Santa Fe, demostrando que los colores solo sirven para engalanar la camiseta, que defender solo sirve si se ataca y que el balón es para jugar. Una lección para los miedosos. 

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