Tolima continúa con su paternidad reciente ante Nacional

Los partidos de eliminación directa son extremadamente difíciles de jugar. Los planteamientos son conservadores y dan prioridad al trabajo defensivo. Atlético Nacional llegaba de la mano del técnico Alexandre Guimarães a su primer compromiso importante del año, con el peso de la expectativa de la hinchada verdolaga, que no da margen a la espera, y que teniendo en cuenta el palmarés del técnico brasilero, no esperaba algo distinto al triunfo sobre una institución que lo supera ampliamente en los últimos años. Guimarães es más convencional que su antecesor, Juan Carlos Osorio y planteó un partido más dispuesto para esta clase de instancia. Hizo lo correcto, proponiendo la disputa en el mediocampo, tratando de hacer un paso al ataque más rápido, sorprendiendo con velocidad y contundencia, pero sin descubrirse atrás. La calidad de sus jugadores le permite pensar en despliegues físicos, a la vez que se conservan el orden táctico y las florituras del talento del que hacen gala algunos de sus jugadores.

Sin embargo, el Deportes Tolima no solo es un hueso duro de roer, sino que es un equipo con jugadores jóvenes, pero experimentados; que presenta un esquema muy interesante, de aprovechar el campo de juego en todo su ancho, siempre aproximándose al arco contrario, como creando un embudo que poco a poco le va quitando al rival amplitud de movimiento y lo va sumiendo en el desconcierto. Esa es la idea de Hernán Torres. Por supuesto, no siempre va a ser así, pero es la esencia que prevalecerá. Es la idea de un equipo grande y eso lo corroboró el planteamiento del visitante que decidió no arriesgar y que como ya hemos comentado, era la mejor decisión.

La mayor diferencia del vinotinto y oro con respecto al partido contra el Once Caldas se dio con la reaparición de Campaz, jugador excelso, capaz de cambiar todo en un segundo, ya sea desde afuera del área con su golpe, o desde adentro de la misma con su talento, rompiendo entre las piernas rivales. Esa fórmula ya es conocida, al igual que las de los grandes jugadores, pero nunca es realmente descifrada en la acción. Lo mejor que le pudo suceder tanto al jugador como al equipo es que se haya frustrado temporalmente su paso al exterior, pues el esquema de este año, junto con la mayor experiencia, le van a dar un mayor alcance a su gracia con el balón y le permitirán trabajar sobre la intermitencia que a veces lo afecta y que más adelante podría poner en peligro su proyección internacional.

Dicho todo lo anterior, el partido fue muy bien jugado por parte de los dos oncenos. El Deportes Tolima, cumpliendo con lo suyo y con su condición de local, chocando en cada espacio del mediocampo, pero siempre abriendo para ir al arco contrario; con Anderson Plata más enfocado en la labor de equipo por la punta derecha, con Juan David Ríos como tapón casi inexpugnable y Daniel Cataño como enlace de salida. Nuevamente, Juan Fernando Caicedo, con su aporte de sacrificio da opciones para el ataque y Campaz por la izquierda suma todo lo que sabe hacer.

Pocas jugadas de peligro en el desarrollo del partido, a excepción de una jugada del minuto 5 con Cataño malogrando solo frente al arco, el disparo al palo del minuto 42 y la jugada polémica del minuto 40, cuando, como ya se está volviendo costumbre, Montero saliendo mal, sin firmeza; luego regala el balón, cayó simulando falta y logró engañar al árbitro, para evitar un castigo, que en vista de lo global era injusto, pero en aras de la verdad, era lo correcto.

El segundo tiempo fue más de lo mismo, mostrando disputas y mucha consistencia en la táctica. Y entonces volvió lo que ya todos sabemos, y se vio como un partido cerrado es resuelto por la rebeldía, por la picardía de un pequeño, que evadiendo piernas, como jugando con los amigos del barrio, sobrepasó la zona más densa y es derribado porque el rival ya no podía hacer más. Ayudaron los errores de Nacional al perder la pelota que generó la falta y al formar Aldair Quintana mal la barrera, pero también, hay que dar mérito al cobro de Campaz en el minuto 70, que dio al local la diferencia que necesitaba para que el partido se inclinara hacia algún lado.

Nacional quedo desconcertado cómo si no tuviera plan B. A pesar de las variantes hechas por Guimarães, no hubo respuesta; los visitantes perdieron el ímpetu que sí les dio el orden táctico, y cuando había que apelar a la casta y al empuje, simplemente se entregaron dóciles, tal vez cansados de tanto esfuerzo, conscientes de que se les iba de las manos una clasificación importante, pero que también quedan muchas luchas este año, y dieron la opción en el minuto 79 para que el Tolima diera término anticipado a través de un tiro de esquina bellamente cobrado por Quintana y definido con belleza por John Narváez.

El equipo de Ibagué deja muy importantes sensaciones. El futuro es promisorio, pero esto depende de la fuerza mental de los jugadores, del orden que le impriman a sus movimientos (Torres cuenta con eso), del talento de Campaz y de la capacidad del técnico para resolver alternativas que propongan los rivales a un juego que ya se ve claro. Por ahora todo va viento en popa.

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